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¿Cmóo es etso psobile? ¿Es mgaia?

No.

Es probable que te hayas encontrado con retos como estos en las redes sociales. En algunos casos, te dicen que solo una de cada diez personas es capaz de leer estas ‘sopas de letras’, y que el que lo hace es, pues, un genio.

Mentira.

Todos nosotros podemos leerlo sin dificultad.

Cuando leemos, no estamos pendientes de la secuencia de cada letra en particular, ya que esto nos tomaría demasiado tiempo. En cambio, lo que hacemos es identificar las palabras por su forma y el cerebro reconoce las letras que las componen, aunque estén en desorden. Reconocemos las palabras como si fuesen imágenes, en que lo importante es la presencia de las letras que las componen, más que el orden de ellas. Nuestro cerebro es capaz de ver las palabras como un todo.

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Además, ayuda mucho el contexto. Los humanos somos capaces de rellenar los espacios en blanco, ya que el cerebro puede predecir las palabras que, por lógica, vienen. La cosa se complica cuando no hay contexto. Por ejemplo, trata de leer esta palabra:

Ptcóniuuan

Difícil, ¿verdad?

Pero intentemos ahora incluirla dentro de una oración:

“Hay que saber uasr los sgions de ptcóniuuan”.

Ahora sí pudiste leerla, ¿cierto? ¿Qué te ayudó?

El contexto.

Utilizaste la lógica para adivinar cuál era la palabra, y te ayudó el hecho de que tu cerebro reconoció la forma y las letras de la palabra ‘puntuación’.

Incluso podemos ir a un nivel de complejidad más elevado sin sacrificar la legibilidad del texto. ¿Qué pasaría si sustituimos algunas letras por números?

Veamos:

35745 l3y3ndo un 73x7o que m3zcl4 l37r45 con núm3ro5. 51n 3mb4argo, lo pu3d35 l33r s1n probl3m45. 3n l4 m3d1d4 3n qu3 el 73x7o 4v4nz4, s3 t3 h4c3 c4d4 v3z m4s f4c1l 3nt3nderlo. ¿C13r7o?

Estoy seguro de que, con un poco de concentración, pudiste leer estas oraciones. Si siguiéramos con el mismo ejercicio durante varios párrafos adicionales, la lectura se haría cada vez más fácil porque tu mente se acostumbraría a sustituir las letras por números.

El secreto está en el parecido gráfico entre ellos. El número 3 se parece a la letra E, el 5 a la S, el 7 a la T, el 4 a la A y el 1 a la I.

La mente no distingue entre una letra y un número. Le toma un poco de tiempo entender el nuevo código, pero rápidamente lo capta y no requiere ningún esfuerzo adicional para comprender el mensaje.

Algo parecido ocurre cuando leemos un texto escrito a mano por una persona con muy mala caligrafía. Al principio nos cuesta entender lo que dice, pero luego que la mente logra identificar la manera en que esa persona escribe las letras, la lectura se vuelve cada vez más ágil y fácil.

Nuestro cerebro es capaz de captar algunas variaciones en la forma en que se escriben las letras. Si no fuera así, ¿cómo entenderíamos las palabras en computadora con diversas tipografías?

Nosotros, los humanos, con nuestra inteligencia y capacidad de comunicación, somos entes extraordinarios. Los ejercicios que hicimos hoy lo comprueban.

¡Hsata la pxorima, aimogs!