Los  sombríos augurios de los “profetas” que presagian el cierre inminente de la Universidad de Puerto Rico y la pérdida de la acreditación, los préstamos y las becas, como consecuencia de la huelga de los estudiantes, pudieran surtir el efecto de intimidarlos y contagiarlos de conformismo, si no fuera por la convicción fuertemente arraigada de que los recortes propuestos llevarán a la clausura de la institución con cadena, candado y olvido.

Los estudiantes son conscientes de los riesgos que se corren. Se pierde o se gana, pero se lucha para vencer. Día a día crece más el apoyo a estos jóvenes valerosos. Les asiste la razón.

“La economía del Siglo 21 debe tener base en el aprendizaje. Si cortas la educación amenazas tu crecimiento. Si no tienes gente bien educada no podrás crecer”, fue la sentencia lapidaria del economista y premio nobel, Joseph Stiglitz, durante su visita a la Isla. 

La huelga es el recurso del que echaron mano para impedir los recortes presupuestarios y los planes fiscales macabros, que como ocurre siempre, cortan por lo más finito, por los pobres y los trabajadores.

El plan propuesto por el Gobernador atenta contra lo más noble: la alma mater o madre nutricia que provee a sus hijos, los estudiantes, con el alimento de los conocimientos universales para su crecimiento y ejercicio de una profesión.

Los estudiantes intentan proteger a su “nodriza” de la política, de los políticos manipuladores y los empresarios quincalleros que quieren hacer de la institución un negocio para su lucro. A los estudiantes no los atan intereses económicos, ni posiciones, ni cargos, ni bonos, ni inversiones. 

Los presagios tenebrosos de algunos, que pudieran estar atados a sus propios miedos y apegos, los decantan por el filtro, los colocan en la laminilla y los escudriñan por el microscopio, los disecan como sapo en la clase de biología. Al final, obtienen una vacuna que ataca el virus del conformismo.

 ¿Quién les asegura a los estudiantes, que el quedarse quietos, tranquilos,  pasivos y conformes, garantiza que no van a destruir la Universidad? ¿Por qué tienen que aceptar que le recorten $450 millones de su presupuesto sin rechistar, sin protestar?

 Ya está bien de pasividad. Menos mal que hay quien saca la cara por este pueblo. Ya es hora de ponerse las pilas y perderle el miedo a la Junta de Control Fiscal.

Si la metrópolis está mal, pues está mal y hay que protestar y dejarles saber a los Estados Unidos y al mundo que hay gran malestar y disgusto. Es una cuestión de justicia y derechos humanos, no de si eres estadista, independentista o estadolibrista.

Si la junta está equivocada, si la ley PROMESA atenta contra nuestra propia existencia, si en vez de ayudar a salvar a este País de la crisis nos hunden más en la infelicidad y la pobreza, se cae de la mata que tenemos que protestar y luchar.

En vez, insisten en desalentarlos y repetirle que no van a lograr nada. El imperio es poderoso. Pero no hay que rendirse. Hay que luchar, a pesar de las cadenas y los latigazos.

Stiglitz, quien no cobran ni un chavo por ofrecer sus sabios consejos, le dice al Gobierno, a la junta y al Congreso que las medidas draconianas son equivocadas. Remacha que las políticas de austeridad propuestas para Puerto Rico no funcionan. Dice que hay que persuadir a la junta y al Gobierno para que reestructuren su pensamiento. Advirtió que el cacareado plan fiscal lo que va a provocar es un desastre.

 “Cualquier cosa puede ser mejor que eso”, dijo.  

“La Junta de Control Fiscal solo piensa en exprimirle más dinero a la gente de Puerto Rico y eso moralmente está mal. La prioridad debe ser el crecimiento y luego pagas la deuda”, sentenció. 

En esa misma línea, el economista José Alameda expuso que la economía empeorará más, causando gran sufrimiento, si se opta por las medidas de extrema austeridad para pagar la deuda.

“Ellos podrán cerrar la brecha fiscal, pero se va a cerrar la brecha fiscal causando más dolor en la gente, cuando el camino es promover el crecimiento económico”, dijo.

Los estudiantes saben esto, entienden esto y no han permitido que se les infunda miedo, ni se les contagie el virus del conformismo. Están dispuestos a luchar no solo por la Universidad, sino contra la estocada que le quieren infligir al pueblo, del que son parte. Es necesario que otros valientes salgan de la zona cómoda del conformismo. 

Conformismo, según el diccionario, “es la actitud de aquellas personas que aceptan sumisamente y con resignación cualquier circunstancia injusta o adversa. El conformismo es una actitud negativa de aceptación de los acontecimientos… sin ánimo de lucha”.

“Su conformismo es totalmente opuesto a mi rebeldía”, se cita.