En el mundo de los restaurantes hay de todo: los que se adhieren a las técnicas francesas, los que apuestan a las fusiones culturales, los que se especializan en salsas o postres. Entonces está SODA Estudio de Cocina, que además de jugar con todo eso, le añade magia al placer de comer. Solo así puede explicarse unos eggrolls de bistec encebollao con mamposteao.

Si quieres probar, visita SODA los martes y miércoles, y obtén un 20% de descuento al pagar con la tarjeta Visa (más restaurantes en visa.com/sal).

Los hermanos y el estudio

SODA inició operaciones hace ocho años, la idea siendo de dos hermanos –Amanda y Héctor Rosa– que les interesaba menos lo convencional y más lo experimental. Ella es la propietaria; él, el chef con más de 14 años de experiencia.

“Queríamos trabajar un proyecto pequeño, en el que se pudieran hacer menús cambiantes con productos locales. La idea era experimentar, alejarnos del concepto de restaurante para turistas con platos estándar”, explicó Amanda.

De ahí que SODA sea, primero que cualquier otra cosa, un estudio de cocina. Lo segundo es pensar en el público local; lo tercero, en comida de confort; y lo cuarto, no tener platos fijos.

Los clásicos y los favoritos

Si bien lo único permanente en SODA es el cambio, sucedió lo previsible: platos tan y tan buenos que, bueno, tuvieron que dejarse en el menú.

¿Y cuáles son los platos rebeldes, empecinados en quedarse en el menú, que ya son icónicos de Soda?

El primero de ellos es el mac and cheese con aceite de trufas –definitivamente el plato insigne del establecimiento. El segundo ya lo adelantamos: los eggrolls de bistec encebollao y mamposteao. El tercero, y a modo de postre: budín de dona, que sale con mantecado de vainilla.

El mac and cheese lo puedes probar los martes con un mojito, en una oferta especial de la casa, por $10. Algunos jueves, por temporada –y ahora mismo están en ella– hacen ramen. Dentro de la semana se cuelan especiales que anuncian en sus redes sociales en Facebook e Instagram.

SODA ubica en el segundo piso del restaurante Latidos, en el 909 de la avenida Fernández Juncos, esquina con la calle Hoare.