Canóvanas. El destacado entrenador del hipódromo Camarero, José Dan Vélez, tiene una rutina particular en tributo a su padre, quien le dio el nombre y la profesión, el fenecido José ‘Junior’ Vélez.

Cada vez que Vélez gana un clásico en Camarero, desde el fallecimiento de su padre en el 2017, el entrenador lleva la guirnalda de flores del caballo ganador a la tumba de su padre y la estira allí como una alfombra roja para quien le dio la vida y le enseñó todo sobre entrenar caballos y administrar establos.

Es una forma de dar gracias, de devolver a su padre póstumamente al círculo de ganadores.

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“Mi papá significó todo para mí”, dijo Vélez, de 45 años y quien tiene licencia a entrenador desde los 24 años de edad. “Fue todo para mis hermanos. Fue un buen padre, que estuvo con nosotros en las buenas y en las malas. Fue quien me llevó al hipismo. Me enseñó lo que sé. Gracias a él soy entrenador y estoy en el hipismo”.

El más reciente acto de tributo fue con el importado Golden Grant en el clásico Roberto Clemente este mes, que se ganó una guirnalda de flores blancas y azul celeste con la monta de estelar Juan Carlos Díaz para el establo Sonata.

Fue la victoria clásica 70 para Vélez, quien se inauguró en esa categoría en el 2006 con Airplay Lady en el clásico Vuelve Candy B para establo Villa Real, informó el compilador de estadísticas de Camarero, Héctor Cotto. También fue la victoria más recientes de los 1,120 triunfos que ha conseguido en su carrera como entrenador, que inició en el 1996 bajo la bandera del establo Bam Bam que fundó su querido padre, agregó Cotto.

Velez tiene sobre 1,000 victorias, entre esas 70 triunfos clásicos, en su carrera como entrenador desde el 1996.
Velez tiene sobre 1,000 victorias, entre esas 70 triunfos clásicos, en su carrera como entrenador desde el 1996. (David Villafane/Staff)

Emancipado del establo Bam Bam desde antes de la muerte de su parte, Vélez fue ganador de la estadística de Camarero en el 2019 y 2020 y ha estado entre los mejores 10 en triunfos desde el 2008. Sus caballos han producido $10,732,598 millones en ganancias, incluyendo el clásico Confraternidad en la Serie Hípica del Caribe del 2016 con el brioso Arquitecto bajo las bridas del estelar jinete Irad Ortiz, hijo, informó Cotto.

Vélez se habrá emancipado del establo Bam Bam, pero fue en Bam Bam en donde aprendió todo, en donde su padre logró lo que deseaba de su hijo: que fuera una mejor versión hípica.

“Aprendí la base. Como él tenía tantos empleados, uno aprende a correr una cuadra grande. Ya lo demás uno lo modifica y va aprendiendo con el tiempo. Empecé con él. Desde pequeño estoy en el hipismo y fui con él jaulero, groom, paseador desde cero hasta que logré convertirme en entrenador. Me ponían de niño hasta a limpiar aperos. Poco a poco por todas las funciones de un establo hasta ser entrenador”, dijo.

Ahora Vélez tiene 18 empleados y 30 ejemplares bajo su cuadra, que se llama Vélez Stable, la que fundó antes de la muerte de su padre en el 2017. Sus victorias cuadruplican las que consiguió el Bam Bam Stable, que fue fundado en el 1984 y que desapareció en el 2017.

Bam Bam Stable sumó 226 victorias, dos de esas clásicas, las que José Dan recuerda con alegría al imaginarse la foto en el círculo de ganadores a los 14 años y la posterior celebración familiar.

“Recuerdo Black Pebbles, que fue el primer clásico de él en el 1993. También recuerdo She’s a Breeze, que fue su segundo clásico. Fueron buenas experiencias y nunca nos olvidamos de esas carreras”, dijo al mencionar a los ganadores del clásico Eduardo Cautiño Insua y el Wiso G.

Aquí están los restos de José 'Junior' Vélez, a donde regresa su hijo y también entrenador a rendir honores luego de cada victoria clásica.
Aquí están los restos de José 'Junior' Vélez, a donde regresa su hijo y también entrenador a rendir honores luego de cada victoria clásica. (David Villafane/Staff)

Todos esos recuerdos están con Vélez y se reviven cuando está en el camposanto, a los pies de la tumba de su padre que, de hecho, está localizada tan cerca de Camarero como a las distancias largas de los clásicos: de una milla para arriba.

Allí José Dan recuerda y da tributo.

“Nos enseño respeto hacia las persona, a ser responsable, a tratar de hacer las cosas siempre bien y a ir con la verdad siempre, a ser unidos como familia. Nos inculcó mucho como padre”, dijo.