Para nuestras atletas femeninas puertorriqueñas, la lucha por la equidad y el reconocimiento en el ámbito deportivo es una batalla que se viene librando desde hace más de 80 años.

Basta recordar el tiempo en el que pioneras como Rebekah Colberg e Iris Zengotita tuvieron que cabildear ante la legislatura local para que ellas y otras siete féminas pudieran viajar en barco a Panamá para unirse a sus contrapartes varones durante los IV Juegos Centroamericanos y del Caribe en Panamá en 1938, donde Colberg resultó ser doble medallista de oro en esa edición (en tiro de disco y de jabalina) y Zengotita fue parte de la escuadra de voleibol femenino que trajo medalla de plata para así silenciar las voces machistas que no las querían a ellas allí.

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Afortunadamente, los tiempos han ido cambiando y el deporte femenino hoy día no solo se reseña con gran amplitud, sino que la participación y desarrollo de niñas desde temprana edad en diversas disciplinas ya es algo común en la Isla, logrando algunas de ellas alcanzar éxito a nivel internacional en los pasados 25 años y esto, a su vez, ha permitido que Primera Hora haya sido testigo y propulsor de muchos de esos acontecimientos históricos durante su vida en el periodismo local.

A través de nuestras páginas, hemos tenido el privilegio de destacar el ascenso figuras como la voleibolista Aury Cruz y la selección nacional femenina desde fines de la década de los 90′s, así como los triunfos de la campeona mundial de boxeo profesional en siete divisiones Amanda Serrano y las emblemáticas medallas de oro olímpicas de la tenista Mónica Puig (Rio de Janeiro 2016) y la vallista Jasmine Camacho Quinn (Tokio 2020 en el verano del 2021).

La tenista boricua Mónica Puig escucha La Borinqueña, entre lágrimas, tras su gesta en los Juegos Olímpicos Río 2016. Ese día se convirtió en la primera atleta del Comité Olímpico de Puerto Rico en ganar una medalla de oro a nivel olímpico.
La tenista boricua Mónica Puig escucha La Borinqueña, entre lágrimas, tras su gesta en los Juegos Olímpicos Río 2016. Ese día se convirtió en la primera atleta del Comité Olímpico de Puerto Rico en ganar una medalla de oro a nivel olímpico. (Archivo)

La lista de féminas boricuas sobresalientes durante este trayecto ha sido impresionante, mencionando también a otras como las judocas olímpicas Melissa Mojica y María Pérez, las hermanas tenismesistas Melanie y Adriana Díaz, la voleibolista playera Yarleen Santiago, la medallista panamericana en boxeo Kiria Tapia, la maratonista Beverly Ramos, la primera baloncelista puertorriqueña en llegar a la WNBA Carla Cortijo y la nadadora Vanessa García, así como los éxitos colectivos de nuestra selección nacional de baloncesto femenino, que recién clasificó por primera vez entre las mejores 10 del mundo en el ranking de FIBA.

Y esta es una lista injusta porque se quedan muchas con mérito sin mencionar, pero denota que las semillas sembradas por Colberg y Zengotita, la esgrimista Gloria Colón (primera boricua olímpica en 1960), la velocista Angelita Lind, la softbolista Ivelisse Echevarría, la canastera María ‘Cusa’ Rivera, las judocas Lisa Boscarino, Nilmarie Santini y muchas otras ha germinado con excelentes frutos.

Esto sin mencionar féminas que también comienzan a incursionar como entrenadoras o como administradoras de entes deportivos importantes, como ha sido el caso de Adriana Sánchez Parés en el Departamento de Recreación y Deportes (2016-2020) y de Sara Rosario al mando del Comité Olímpico (2012 al presente).

Adriana Díaz, en la foto, ha abierto camino para el tenis de mesa de Puerto Rico junto a su hermana Melanie Díaz y ambas bajo la dirección de su padre y entrenador, Bladimir Díaz.
Adriana Díaz, en la foto, ha abierto camino para el tenis de mesa de Puerto Rico junto a su hermana Melanie Díaz y ambas bajo la dirección de su padre y entrenador, Bladimir Díaz. (Carlos Giusti/Staff)

Romper los prejuicios ha sido importante

“En estos últimos 25 años se han abierto las puertas a las féminas en el deporte a un nivel sin precedentes. Por ejemplo, ahora mismo tenemos más mujeres que hombres practicando atletismo. Las ligas infantiles y juveniles están llenas de niñas. De 24 atletas boricuas posicionados en el mundo del atletismo, prácticamente la mitad son féminas. Eso no existía antes de este siglo”, sostuvo Luis Dieppa, presidente de la Federación de Atletismo.

“Recuerdo que no fue hasta 1972 que la Liga Atlética Interuniversitaria permitió a féminas competir en las Justas y eso para mi fue los otros días. Ha habido muchos prejuicios visibles o solapados que han tenido que ser superados para llegar a los éxitos que se disfrutan hoy en el deporte femenino”.

Según Dieppa, los cambios sociales que exigen una mayor equidad e inclusión han sido vitales para que haya más oportunidades para las féminas en todas las esferas, incluyendo la deportiva.

Claro, también ha habido sus sacrificios personales. Expectativas sociales como casarte o tener hijos pasan a un segundo plano. Es algo que, en cierta manera, debes posponer si aspiras a tener éxito y una carrera prolongada”

-Aury Cruz / Voleibolista

“Se circunscribe a que antes tenían muchas menos oportunidades y ahora las tienen. El deporte femenino se ha masificado en diversas disciplinas y se han creado más espacios para ellas hacer deportes desde su base de formación. Lo que antes era visto con cierto prejuicio, incluyendo llamarles ‘machúas’ a las que practicaban algún deporte, hoy es visto con total normalidad y hasta se fomenta su participación en el deporte. Afortunadamente, hay unos cambios de mentalidad que se han dado a través de varias generaciones que ha hecho esto posible. Aún falta por hacer, pero hemos mejorado bastante”, dijo Dieppa.

Una de las que se benefició de esas nuevas visiones y oportunidades lo ha sido Aury Cruz, quien a través del deporte pudo sacar una beca universitaria y sobre dos décadas de competencia profesional y de participación con la selección nacional de voleibol adulta.

Aury Cruz celebra uno de los puntos de Puerto Rico.
Aury Cruz, aquí en uno de sus muchos juegos de Selección Nacional, es la bandera del voleibol boricua. (Xavier J. Araújo Berríos)

“Para fines de los 90′s había un gran movimiento para renovar el voleibol femenino y fui parte de ese proceso cuando me reclutaron a mis 13 años de edad, viajando con la selección adulta desde 1997 y ya para 2001 el grupo con el que crecí logró la primera clasificación mundialista, algo que comenzó a colocarnos en la misma conversación con la selección masculina. De ahí en adelante todo fue cambiando”, recordó Cruz, cuya participación ahí y con las Llaneras de Toa Baja en la liga local propició que fuese reclutada por la Universidad de Florida en la NCAA, de la que se graduó de recreación comercial, así como ganar cuatro campeonatos de la conferencia SEC y llegar a la final de la NCAA en el 2003.

“Recuerdo que con toda esa exposición empezaron a entrar auspiciadores y mejor mercadeo de mi imagen a nivel personal, pero también de nuestra liga y nuestra selección. Otras muchachas también empezaron a tener éxito similar. Para mi tiempo en NCAA solo habían pocas, como Aurimar Rodríguez y Yarleen Santiago. Hoy día hay casi un centenar de jugadoras de voleibol puertorriqueñas entre División I y División II de NCAA”.

En el caso particular de Cruz, su éxito no se dio por osmosis, sino a base de mucha práctica, sacrificios personales y perseverancia.

El seguimiento de Primera Hora a los atletas ha sido grandioso. Por mi parte, siempre he vivido en Estados Unidos con algunos viajes que he hecho a la Isla, y siempre me han mantenido relevante en el País. Y han mantenido actualizado lo que ocurre en mi carrera. Es grandemente apreciado”

-Jasmine Camacho Quinn / Medallista olímpica

El éxito tiene un costo

“Mi juventud se acortó a los 13 años. Estaba en prejuvenil y ya todos los veranos eran de torneos NORCECA. Fue bien sacrificado. No había tiempo ni para jugar en el vecindario. Pero gracias a eso tuve una beca universitaria y una carrera profesional que ha incluido jugar en varias ligas alrededor del mundo, incluyendo Italia, Turquía, Italia Corea y Azerbaiyán”, sostuvo Cruz, quien ha amasado dos copas en la liga de Italia (2010-2011) y tres campeonatos corridos en la súper liga de Azerbaiyán (2013-2015) como parte de una ilustre carrera que posiblemente le han convertido en la atleta femenina mejor pagada del deporte puertorriqueño.

“Claro, también ha habido sus sacrificios personales. Expectativas sociales como casarte o tener hijos pasan a un segundo plano. Es algo que, en cierta manera, debes posponer si aspiras a tener éxito y una carrera prolongada. El atleta masculino no tiene que recuperarse de un embarazo o preocuparse de quién va a cuidar a sus hijos, especialmente si compites en deportes colectivos donde viajas en grupo. Si no me hubiese dedicado de lleno al deporte, no hubiese logrado lo que he logrado. Cuando tienes pareja, tienes que pensar en los dos y uno de los dos tiene que ceder. Va a ser una división de 60-40 y no hay muchos varones que están dispuestos a eso”.

La armadora egresada de la Universidad de Texas promedia 14.5 minutos, 8.2 puntos, 2.1 rebotes y 2.3 asistencias por desafío. (Archivo / GFR Media)
Carla Cortijo fue la primera jugadora boricua desarrollada en Puerto Rico en jugar en la WNBA. Hoy en día es precursora como entrenadora asistente de los Cangrejeros de Santurce en el BSN.

Sacrificios como esos, que muchas veces no son tomados en cuenta, son los que atraviesan muchas atletas que se retiran aún estando en sus mejores años productivos o que, en otros, casos, pausan sus carreras por varios años. Ese es un proceso que, por el momento, también han pospuesto las hermanas Melanie y Adriana Díaz, quienes se encuentran aún en pleno ascenso en su deporte con 25 y 22 años respectivamente.

“En todos estos años lo más difícil ha sido separarme de mi familia. He estado lejos de casa en muchos momentos que han sido significativos. Unos de mucha alegría, otros de tristeza. Pero también ese sacrificio, no solo mío, sino de ellos también, nos ha hecho más fuerte y no ha enseñado a valorar mucho el tiempo que estamos juntos. No me queda duda que cada decisión que hemos tomado como familia ha sido la que nos ha permitido llegar donde estamos hoy”, expresa Adriana Díaz.

Su padre y entrenador, Bladimir Díaz, por su parte, apunto a que el sitial que ocupa la mujer hoy en el deporte puertorriqueño es un producto total de las capacidades de las atletas.

Amanda Serrano es la única puertorriqueña, hombre o mujer, en haber logrado ser campeona de boxeo en siete divisiones diferentes. Además persigue  el sueño de ser la primera en la rica historia del boxeo boricua en poder unificar títulos en una división.
Amanda Serrano es la única puertorriqueña, hombre o mujer, en haber logrado ser campeona de boxeo en siete divisiones diferentes. Además persigue el sueño de ser la primera en la rica historia del boxeo boricua en poder unificar títulos en una división. (Stephen Dunkley)

“La mujer está ocupando hoy día un sitial importante en deporte puertorriqueño. Lo atribuyo a la propia capacidad de la mujer de ir ganando terreno y hacerse respetar en el deporte. También ha sido factor importante que muchas han decidido posponer algunas aspiraciones personales pues antes solían retirarse muy temprano. Si tenían un hijo o dos muchas se quitaban pues implicaba unas decisiones muy complicadas y tienen mi respeto por eso”, sostuvo Bladimir Díaz.

“En el caso de Adriana y Melanie, lo que ellas han logrado y van a lograr es porque ambas decidieron desde temprano hacer una carrera de atleta. Uno puede sembrar la semilla, pero la decisión es de ellas y su vida gira en torno a eso. Se resume en dedicación, esfuerzo y compromiso. Eso va a determinar los resultados. Van a haber muchas emociones en el camino, como ha sido nuestro caso”.

Según Díaz, el tenis de mesa es el desayuno, almuerzo y cena de sus hijas.

Jasmine Camacho Quinn, aunque desarrollada en Estados Unidos, es parte de la camada de atletas boricuas que dan gloria al país.
Jasmine Camacho Quinn, aunque desarrollada en Estados Unidos, es parte de la camada de atletas boricuas que dan gloria al país. (Ramón "Tonito" Zayas)

“Recuerdo que Adriana de niña me dijo ‘quiero ser grande en el mundo’. Eso surgió de ella. Le gusta soñar. Me encanta cuando la gente sueña. Ahí puedo ser el carpintero de esos sueños. Uno lo que puede es colaborar a que se dé. Pero la pasión de ambas es inmensa. Viven esto. No quiere más nada. Ese es su norte. La vida cotidiana de un viernes de vacilón no existe. Quizás una que otra salida al cine. No es algo que extrañan o sufren. Aman lo que hacen”, sostuvo Díaz sobre quienes se han combinado para 10 medallas de oro a nivel panamericano y recientemente se clasificaron como la quinta mejor pareja femenina del mundo.

“El deporte ha sido un vehículo de gran crecimiento para ambas. En el caso de Adriana, ella habla inglés y mandarín con bastante fluidez y las dos han viajado el mundo, desde Suecia hasta Japón. Su crecimiento emocional y su disciplina mental es otra cosa. Tienen una perspectiva de mundo que les permite alcanzar felicidad y paz mental. Eso es parte de los beneficios que le ha dado el deporte y que aspiro que muchas otras mujeres puedan tener en Puerto Rico”.