Enfrentar críticas y desconfianza por la juventud que proyecta fue una de las dificultades mayores para el cineasta puertorriqueño Eduardo José Villanueva en su camino por encontrar apoyo para la realización del filme “El amor que nunca llega”. Pero los comentarios y el rechazo no lograron desviarlo de su afán por producirla y dirigirla.

Cuando mira atrás, siente el orgullo de apoyarse en su determinación para insistir en su proyecto. No quitarse le permite celebrar la fecha de estreno para este jueves, 5 de noviembre en diferentes salas de Caribbean Cinemas.

“Me decían siempre de antemano ‘tú como que eres muy joven’, y yo como que ‘¿pero por qué eso es un problema? Yo estoy haciendo un trabajo, estamos discutiendo unos negocios’. Pensaría que eso no debe ser un ‘issue’, pero sí, lo fue”, repasó dentro de los desafíos de crear su película.

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“Es bien lamentable, porque empiezas con las puertas cerradas y tienes que buscar la manera de que te abran una ventana para que después te abran la puerta. Pero no dejé que me desmotivara”, enfatizó sobre la experiencia que, incluso, lo llevó a dejarse crecer la barba en su intento de proyectar una imagen de una persona mayor de 24 años.

A través de “El amor que nunca llega” presenta desde el humor la historia de “Farah Huertas” (Cristina Sesto) y su intento de encontrar el amor a través de plataformas digitales de citas. El elenco de la comedia romántica, inspirada en la novela del poeta puertorriqueño Carlos Quiles, y adaptada por Villanueva para el filme, incluye a Luis Enrique Romero (“El Viejo”), Rubén Pazo (“Pedro”) y Paola Tirado (“Marta”).

“Es esta contextualización de lo que muchas personas viven en esta época digital, puesta a través de los ojos de una mujer de 40 años, quien decide aceptar esta propuesta, esta invitación de este viaje amoroso poético, y resulta que de ahí transcurren unas circunstancias que van más allá de la preparación o el conocimiento de ella”.

La película, que realizó bajo Villanueva Motion Pictures, se filmó por completo en Cayey en enero, en solo seis días.

“Eso fue posible gracias a meses de preparación, ocho meses preparando constantemente reuniones diarias, ensayos y también la planificación de la logística que desde el día uno hasta el día de filmación, se seguía actualizando a diario”, repasó.

Parte del elenco de "El amor que nunca llega", filmada en Cayey.
Parte del elenco de "El amor que nunca llega", filmada en Cayey. (LIDIA ORTIZ)

“También íbamos a los negocios en Cayey donde íbamos a grabar y me llevaba uno que otro actor y discutíamos todas las escenas ahí”.

La dinámica con el reparto es otro aspecto que recuerda con agrado.

“Trabajar con el elenco fue bello y fue un buen reto trabajar con personas que llevan tantos años de carrera en Puerto Rico como Luis y Cristina tanto en el teatro como cine”, afirmó.

“Por contraparte, teniendo a Paola Tirado, el único personaje joven, que ya es alguien que ha colaborado conmigo, y a Rubén Pazo, que es su primer largometraje y primer trabajo en magnitud grande, me obligó a ponerlos todo en la misma página y fue un proceso fascinante porque conllevó ensayos, debates y discusiones semanales y mensuales”, añadió.

“El amor que nunca llega” contó con la colaboración de la Compañía de Turismo de Puerto Rico.

“Confió en nosotros y nos brindó el respaldo a mi propuesta para hacer ese evento posible, de esta película”.

Firme en su anhelo

Insistir en hacer realidad su proyecto le ha derivado numerosos aprendizajes al estudiante de comunicaciones de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. El cineasta ha colaborado en proyectos como “De vuelta a la realidad” y “De la muerte, hasta la vida”, además de videos musicales.

“Hacer lo que le gusta a uno con todo lo que conllevan esas responsabilidades y tomar ese brinco, fue tan lindo y creo que fue tan enriquecedor ver cómo todo el mundo fue parte de ese proceso. Para mí es un orgullo. En otros momentos eran colaboraciones y este es como que ‘no, este es mi semillita, mi bebé’”, sostuvo el productor natural de Comerío, quien en la adolescencia confirmó su interés por el séptimo arte.

“Hay evidencia fotográfica y videográfica de mí, de un año, usando una cámara, y no sabía. Da la casualidad que estoy siguiendo una raíz que heredé de mi mamá, que era la que le gustaba documentar todo, así que te podría decir que me conquista a los 16, pero en realidad, posiblemente, desde mi primer año”, compartió.

La vena del arte le llega también a través de su padre, el trovador Eduardo Villanueva.

“Yo tengo un papá, un abuelo que se han dedicado a las artes y han hecho un impacto, y para mí eso es un orgullo. Pero también es un lujo porque, debido a de dónde vienen, no me juzgan por yo tirarme al mar también y hacer mis propios trabajos artísticos y confiar en eso”, confesó complacido. “Y yo vivo en agradecimiento de eso que ellos han hecho, y todos mis trabajos se los dedico a ellos porque en cierta medida, aunque ellos lo hacen en otra rama artística, yo me siento en deuda con ellos”.

El director repasó el giro de las reacciones sobre su aspecto juvenil tras presentar el filme, en contraste con el inicio.

“A mí me gusta tener barba y todo, pero me la tuve que dejar obligado, que se note, porque me percibían cada vez más joven si no la tenía, y me cerraban más las puertas”, manifestó dentro de sus anécdotas.

“Irónicamente, ahora como que se ha dado la vuelta desde el evento del 29 de agosto en Cayey, con la Compañía de Turismo. Lo que más destacaban (los presentes) era eso, me decían, ‘yo no me esperaba que tú fueras tan joven haciendo todo esto, pero qué bueno, felicidades’. De momento cambiaron, los muñequitos ahí y no era como despectivo, era como que ‘ah, qué chévere’”, observó Villanueva, quien se une a quienes anhelan más apoyo para los proyectos de cine locales. Mientras, se mantiene firme en impulsar nuevas propuestas y concretar ideas.

“Esto es simplemente uno de los muchos pasos que seguirán, pero estoy más que agradecido que ese brinco que primero empieza a ciegas se transforma poco a poco en un jardín, y el jardín va creciendo. Mi trabajo va creciendo, y da esta satisfacción certera de que todo lo que tú trabajas confiando en ti… porque tú no sabes el resultado hasta meses, un año después, pero si haces las cosas bien, el resultado usualmente va a estar bien”.

Es posible que los rechazos formen parte de nuevos intentos, pero Villanueva aprendió que renunciar no es una opción.

“Si yo permito que me desmotiven, si esto me tumba, pues entonces yo no estoy hecho para esto”, expresó con determinación. “Yo tengo que tener una disciplina. Tengo que decir ‘yo creo en mí, y el cielo es el límite’”.