Asoma con una voluntad rota y adolorida, pero aferrado a la fe.

Diversos desafíos han ido trazando un panorama de oscuridad en el rapero puertorriqueño Kendo Kaponi a lo largo de su vida. Una niñez en hogares de crianza tras el abandono de su familia a sus 5 años. El anhelo por reencontrarse con su madre y tener que asimilar su partida temprano en su juventud. Problemas con la ley. Días en prisión. Tras cada revés, arrima el anhelo por levantarse.

Dentro de ese largo proceso, en octubre de 2023 enfrentó uno de los momentos más amargos y con el que se derrumbó en medio de su esfuerzo por mirar cada día con esperanzas: la muerte de su hijo Cheniel Capone Rivera Torres tras un accidente automovilístico en Florida, a sus 19 años.

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El álbum “Apocalipto” le sirvió de desahogo para plasmar en sus relatos parte de su duelo, de sus frustraciones y el desgano por vivir. Pero también, las fuerzas para recoger sus pedazos y recomponerse en la medida posible.

“Esto fue un disco que yo construí en medio de las adversidades, de todos los problemas que estaba teniendo, que realmente no eran problemas, realmente eran como desgracias. Estaba perdiendo personas importantes de mi vida y precisamente estaba construyendo el disco. Plasmé todo lo que sentía en el disco”, expuso a Primera Hora José Fernando Rivera Morales, su nombre verdadero.

“Le puse ese título al disco porque realmente era como me sentía, o sea, mi vida se sentía como un apocalipsis, en el momento donde pierdes tu hijo, en el momento donde pierdes tu mejor amigo de toda la vida, donde pierdes tu hermano mayor, que es el ancla de lo que puede quedar de tu familia. Entonces, yo dije, ‘yo necesito de verdad cruzar este apocalipsis para poder hacer un génesis y continuar, si no, no podré continuar’, y lo llamé ‘Apocalipto’”, expuso sobre la producción de 15 temas que llega luego de ocho años.

Las emociones resurgen por momentos durante la entrevista con Primera Hora. Entre lágrimas, prosigue sin temor a exponerlas. “Todo pasó el mismo año. Primero matan a Pacho, mi amigo. Luego de eso muere mi hijo. Mi hermano mayor baja a darme comfort con el nene... a ayudarme a escoger la caja”, reveló sobre las gestiones fúnebres. “Inclusive, te cuento una pequeña anécdota. Mi hermano quería una caja que era como roja para el nene. Pero después, yo encontré una caja que me gustaba más y cogí la otra. Enterramos al nene. Tres semanas después, a mi hermano le dio un dolorcito, fue al hospital. Hicieron un ‘malpractice’ y lo mataron, y la caja que mi hermano quería para mi hijo, se la compré a él”, afirmó en detalles.

“Me partí en pedazos”, confesó con la voz quebrada. “Me partí en pedazos… Literalmente, yo estaba brincando en mi cuarto gritándole a mi esposa: ‘Me duele... me duele, no sé qué hacer… me duele’”.

¿De dónde sacas fortaleza para levantarte?

“Yo realmente no pudiera decirte si precisamente se puede llamar levantarme. Yo lo siento más bien como arrastrarme, porque todas estas cosas no se superan, así como decir ‘mira, las superé y continué’, porque sería una mentira. Realmente, yo me las echo a la espalda y las arrastro por ahí para abajo. Me escondo para llorar. Me deprimo y me escondo de nuevo, y trato de lavarme la cara y volver a reírme para que me vean riendo. Pero así funciona en mi vida, y me imagino que en la vida de muchas personas más con diversos problemas que tienen. Yo realmente lo pongo como que continúo de la forma que sea. Y realmente continúo gracias a Dios, porque es que si yo no pongo las cosas en las manos de Dios, no hubiera forma...”.

Además de su familia inmediata, los mensajes de apoyo de colegas y del público se sumaron como bálsamo para centrarse en un panorama alentador por encima de la idea de rendirse. “Logré continuar, sea roto, sea arrastrándome, sea en pedazos, logré continuar y estoy aquí. Y lo más especial de todo es que los fanáticos me estén dando una oportunidad más de volverlo a intentar, de dar buena música. Y que el público me reciba con los brazos abiertos yo creo que es algo demasiado de especial”.

Los quebrantos de salud se sumaron a los desafíos de sobrellevar el proceso de duelo. “Después de eso yo me puse mal de salud... Me fallaron los riñones y yo ni siquiera tenía ánimo de luchar. Mi esposa me decía, ‘José, hay que ir al médico para verificarte, a ver si hay un tratamiento, no sé. Mira, José, estás orinando sangre’. Y yo le decía, ‘ma, no tengo ánimos de luchar, quiero quedarme aquí, yo me acuesto a dormir y que Dios diga lo que pase’. Me dice, ‘José, Dios ayuda, pero tú tienes que hacer tu parte, papi, levántate. Estoy yo aquí. Todavía te quedan las nenas. José, no nos puedes dejar solas’… (suspira). Y ahí fuimos de nuevo, mano. Yo le dije ‘papá Dios, me voy a quedar aquí esperando por ti, pero que no sea tan largo porque duele demasiado’”.

¿Estás cansado…?

“Ay sí… Vivir esto y sentirlo todos los días. Tener que vivir con este dolor. Yo sé que no puedo quitarme la vida porque eso no es del agrado de Dios. Sé que tengo que luchar porque yo soy un campeón y no puedo dejar lo que me queda de mi familia en vergüenza. Pero le digo a Dios ‘dentro de tu voluntad, no me alargues la vida tanto, que cargar tanto duele’. Es como cuando alguien tiene una enfermedad terminal y tú dices, ‘que me perdone Dios, pero que se lo lleve, porque ya mira cómo está esa persona’. Precisamente así me he estado sintiendo”.

Dentro de todo, ¿has tenido momentos felices?

“Sí, claro, todos los días, porque yo vivo con mi familia. Y tengo a mi esposa, a las nenas. Tengo un nene que crié yo de mi esposa, que lo amo y lo adoro muchísimo con toda mi alma. Lo cogí de bebé, es más mío que de su mamá. Y ese es mi pequeño hogar. Lo construí con mucho mucho esfuerzo, con mucha dedicación, con mucho amor. No es muy grande, pero es todo lo que tengo”.

¿Qué papel ha jugado la fe en tu proceso?

“Yo creo que el mayor orgullo es aún tener fe en Dios y saber que continúo con vida, porque la batalla continúa y seguimos en altas y bajas, y sé que quizás no serán las únicas bajas que lleguen. Yo me conformo con saber que estoy vivo y que todavía Dios me da la oportunidad de agarrarlo de la mano”.

Le rinde homenaje

La música como medio de expresión ha sido uno de los aciertos en su camino. “Apocalipto” se añade a ese catálogo de desahogo creativo. El tema promocional es “Maniquí”, con Izaak y Jay Wheeler. Farruko, Yandel, Mora, Omar Courtz y Luar La L se sumaron como cómplices de ese hijo narrativo.

“En momentos de muchas adversidades, la música es lo que me resta. Se me hace difícil ocultarme. Se me hace difícil tapar que estoy herido. Se me hace difícil no dejarme ver en momentos que estoy así, vulnerable. Es un poco delicado, pero es una bendición que hay que manejarla”, afirmó sobre el ejercicio de componer.

En el proceso de producción, “Apocalipto” atravesó una evolución. “Este álbum primero lo construí bien oscuro porque lo construí directamente desde el sentimiento, de lo que estaba viviendo. Después, se lo enseñé al equipo y me dijo ‘hay que alivianarlo, Kendo, porque yo sé que lo que estás sintiendo es feo, pero no se puede poner tan crudo en la música’. Entonces, nos sentamos y metimos uno que otro tema comercial”.

El álbum cuenta con una introducción que expone su flaqueo emocional. “Mi hijo iba a cantar, ya él estaba listo, teníamos todo preparado, los planes, todo, hasta el momento que, pues, llegó la desgracia”, repasó.

Háblame de cómo te proyectas en la introducción del álbum.

“Yo hice el intro hablando de todas estas pérdidas y todas las cosas que estaba pasando yo en ese momento, tal cual como pasaron, la frustración de buscar una culpa, de buscar a alguien… porque es que no podía entender qué era lo que estaba sucediendo. Eso mismo lo plasmé en el intro. Por eso es que empieza tan fuerte diciendo que ‘entierro a mi hijo y debajo de mi hijo entierro a Dios’, pero al final del tema explico cómo de nuevo tengo que tener un desenlace con Dios y volver a confiar en Él y poner todo mi propósito en Él porque es que sin Él no hay una continuidad, no hay una existencia. Ese vacío existencial lo llena Él nada más. Yo creo que fue algo bien espiritual”.

El disco presenta un sencillo con la voz de Cheniel Capone, que sirve como tema póstumo y tributo. Se trata de “Bubalú”, que también cuenta con la colaboración de Yandel. “Yo tengo muchísimos temas del nene porque él próximamente iba a cantar”, recordó. “Lo más alegría que me provoca en este álbum es poder cumplir con la disquera y poder cumplir con el nene de hacerle el tema”.

Sin tiraera

Kendo Kaponi reveló que en este álbum se aleja de crear controversias con colegas del género urbano, lo que forma parte de su evolución artística.

“Yo siempre he sido un artista controversial. Yo era de rap, de tiraera. Pero en esta ocasión yo lo he dicho hasta públicamente: ‘Mira, mano, estoy demasiado vulnerable. No quiero faltarle el respeto a nadie. No quiero que nadie me falte el respeto. No quiero hacer tiraera. No quiero jugar a ver quién se falta el respeto más’. No hay cabida para intentar ver si alguien puede herirme de alguna forma”.

¿Has considerado compartir tus memorias a través de un libro u otro proyecto?

“Definitivamente. Yo le estaba hablando al equipo que me gustaría hacer una serie de dos o tres capítulos en Netflix o en cualquier lado. Demostrarle al mundo qué tanto la vida puede romper a un ser humano y cómo lucha un ser humano roto, caminando. Y mostrarle al mundo que hay un Dios vivo, que existe. Mostrarles que realmente si no estás con Él, no se va a poder, y que es real”.

Si usted o alguien que conoce necesita ayuda en un momento de crisis, no ignore la situación. Llame a la Línea PAS, que está disponible las 24 horas del día, los 365 días del año y ofrece una sesión de desahogo, consejería en crisis y apoyo emocional, responde a personas de comportamiento suicida, seguidos de otros problemas de salud mental como la depresión, violencia doméstica y trastornos de ansiedad, entre otros. Para acceso rápido, llame al teléfono 9-8-8 o al 1-800-981-0023. La comunidad sorda tiene accesible el servicio de videollamada marcando el (787) 615-4112. También hay un chat en líneapas.assmca.pr.gov.