La película biográfica de Michael Jackson “Michael” es todo un éxito en taquillas y una de las historias que podemos ver en la pantalla es la grabación del video de la canción “Beat it”, una historia sobre violencia, orgullo y supervivencia que, detrás de cámaras, implicó decisiones tan arriesgadas como inéditas.

Además de lo que podemos ver en la cinta, aquí te contamos todos los detalles detrás de una de sus canciones más populares.

Pandillas reales en el set

A inicios de los años 80, “el Rey del pop” buscaba llevar sus canciones más allá del formato musical. Para “Beat it”, recurrió al director Bob Giraldi, a quien pidió construir una historia sin mostrarle previamente la canción.

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La propuesta fue retratar un enfrentamiento entre pandillas. Mientras la letra hablaba de evitar la violencia, la idea visual se centraba en un conflicto directo.

La decisión que convirtió a “Beat it” en un caso único fue la inclusión de integrantes reales de los Bloods y los Crips, dos de las agrupaciones más conocidas y enfrentadas en Los Ángeles desde los años 70.

Reunir a miembros de bandas rivales en un mismo espacio implicaba la posibilidad de un conflicto real. Aun así, el proyecto avanzó. De acuerdo con testimonios posteriores del equipo, se establecieron medidas de seguridad e incluso presencia policial para evitar enfrentamientos durante los días de grabación.

Un roce entre los grupos obligó a acelerar el rodaje y tomar decisiones sobre la marcha. La escena final, hoy considerada icónica, se grabó en ese contexto.

De la confrontación al baile

Lo que comenzó como una recreación de violencia callejera, terminó en una coreografía que cambió la historia del videoclip. Muchos de los participantes no eran bailarines profesionales, por lo que el proceso implicó observar, ensayar y adaptarse en tiempo real.

La coreografía, liderada por Jackson y apoyada por el bailarín Michael Peters, transformó la narrativa, la pelea nunca ocurre. En su lugar, el conflicto se canaliza en movimiento, ritmo y sincronía.

En pantalla, dos grupos históricamente enfrentados comparten espacio, energía y tiempo sin recurrir a la violencia. La imagen, más que simbólica, se volvió una declaración.

El video, financiado en gran parte por el propio artista, tuvo un costo cercano a los 150 mil dólares, una cifra significativa para la época.