Es una terapia.

Así define el intérprete urbano Gringo el tiempo que pasa con sus gallinas en un solar que compró hace un tiempo para su crianza.

Entre la brisa en medio de los árboles circundantes y una silla de plástico que luce desgastada por el paso del tiempo, el artista se sumerge en el entusiasmo al hablar de lo especial que es cada una de ellas y el gallo que las cuida.

“Vente mami, vente”, expresa cariñosamente a una de ellas mientras intenta agarrarla entre sus manos sin gran esfuerzo.

La particularidad de que varias dentro de su especie ponen huevos de color verde, rosado y azul se suma a la emoción de la conversación. Si bien le complace el beneficio de los huevos que proveen, el compromiso de cuidarlas lo adopta con un agrado marcado.

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“Estamos con esta fiebre y nos beneficia, nos da terapia, nos da tranquilidad, nos relajamos, pero nos da de comer”, expuso Samuel Gerena, nombre real del también empresario, al revelar que su hermana comparte un interés similar. “Yo creo que eso viene de parte de mi abuela, que le gustaban mucho los animales”, aseveró pensativo el integrante del veterano dúo Baby Rasta y Gringo.

“Yo siempre he sido como que ‘animal lover’ ”, reiteró al confesar que ha tenido cotorras, periquitos, guacamayos, conejos, gatos, peces, perros y tortugas de mascota.

El grupo de gallinas, entre las que incluye Silkie y Black Star, se compone de poco más de 20.

“Las tengo desde pollitas. Tengo que esperar seis meses y ellas empiezan a poner”, prosiguió dentro de lo que se ha convertido en un pasatiempo.

Varias producen huevos con cáscaras diferentes al usual blanco y marrón. “Llevo como un año que descubrí esto. Un amigo me dice ‘mira, ¿tú has visto la fiebre que hay con huevos de colores?’ ”, relató sobre lo que despertó su curiosidad.

“Cuando empezamos a buscar la información, resulta que hay diferentes razas a través del planeta Tierra. Chile tiene una que pone huevos azules. Hay otras que ponen huevos, en otro país, rosita. Hay otras que ponen huevos verdes, otras que ponen huevos color chocolate”, describió en detalle sobre un resultado que se da natural por la deposición del pigmento en la cáscara. “Eso es genética”.

Al indagar, se interesó en adquirir varias para su terreno. “Encuentro un lugar que venden ese tipo de razas y compré dos pollitos, gallinas, para tener entonces mi comidita pero con diferentes huevitos de colores, aparte de que es una terapia para mí, porque a veces uno está con tanto trabajo, tanto estrés, y tú sentarte y verlas como ellas caminan y como juegan es una terapia, te relaja”.

El terreno cuenta con una estructura que sirve de gallinero. “Tengo como un área donde ellas ponen sus huevitos y ahí se acomodan, ahí duermen”, mencionó el exponente urbano, quien en diciembre lanzó el álbum “El final”, junto con Baby Rasta.

“También tiene un techito para que no les dé sol o para cuando llueve. Tengo un terrenito y eso está abierto y ellas pastorean, que no las tengo encerradas. Hay gente que las crían en jaulas. Yo las tengo sueltas y ellas pasean todo el terreno y se lo disfrutan porque ellas, aparte de la comida que tú les des, después que les tengas agua fresca y la comida, ellas también comen gusanitos, comen sus cositas y los animalitos, y ellas mantienen, como quien dice, el pasto bajito”.

Tenerlas mezcladas por el terreno le dificulta que identifique qué gallina produjo qué huevo, ya que a pesar de ser de diferentes razas, algunas muestran plumajes parecidos.

“Empecé con tres y de momento cambiaron de color, y compré dos de otras dos y tres de otra, y cuando vine a ver, cambiaron de color y no sabía cuál era cuál. ¡Ya las tenía identificadas! ¿Pero en qué momento cambió el plumaje? No me di cuenta y como están todas a la vez así perdí el identificarlas”, confesó.

“La más que me acuerdo es la de color azul porque esa es bien rara”, dijo sobre la Araucana, de Chile. “También hay otra que es una mezcla de Chile y americana, Ameraucana. Esa es otra que también pone huevo azul. Esa es gris. Es bien bonita. Y los otros colores, rosita y el verde, realmente no sé cuál es la que los está poniendo”.

La dinámica que surge con las gallinas es otro aspecto que disfruta. “Me persiguen. Hay una que se me trepa aquí (en el hombro)”, confesó sobre la que poco tiempo después de esta entrevista le dio la sorpresa con cinco pollitos.

Contar con un gallo lo vio necesario en la intención de contribuir a su cuidado. “Por estos edificios hay unos pájaros que yo no sabía, no estaba pendiente, y se llegaron a llevar par de gallinas”, lamentó. “El gallo le está tirando a mi esposa y me tira a mí también, entonces tenemos que tener cuidado con él. Lo que pasa es que ellos son protectores. Protegen a las gallinas y cuando me pongo a buscar información, no me puedo molestar con los gallos”, expuso sobre la reacción que ve natural en el animal. “El gallo las protege de los depredadores”.

¿Comérselas? La respuesta es “no”

En las redes sociales, no han faltado usuarios que le han propuesto a Gringo disfrutar a las gallinas como almuerzo o cena. Pero el artista es enfático sobre rechazar esta sugerencia.

“Yo no me atrevo… No me atrevo a comerme una gallina que uno ya le cogió cariño”, confesó. “Mientras yo pueda comprar la comida, la compro”.

Por otro lado, el terreno donde cuida a sus gallinas también ha despertado en el intérprete el interés de sembrar.

“Tengo matas de plátano y de guineo”, celebró mientras señalaba una esquina donde asimismo se desarrolla un limonero. “Las sembré allí porque me dijeron que necesitan sol para que crezcan. Ahí es donde da más sol”.

Además de una palmera que crece en el lado contrario, la sombra de un árbol colindante abona al encanto que genera su solar dentro de un entorno urbano.

“Los árboles te dan fresco, te dan oxígeno”, reflexionó con una amplia sonrisa. “A mí me encantan”.