En Bayamón, “se cocinan” muchas cosas, y ahora también cervezas.

Para los jóvenes emprendedores Enrique “Kike” Fernández Vega y Alexandra “Ale” Mercado Correa, al frente de La Esquinita Jardín Cervecero, producir la bebida desde sus instalaciones es algo que todavía tratan de asimilar.

A nueve años del lanzamiento del negocio, la pareja explica cómo ha sido el largo camino hasta llegar a confeccionar La Esquinita IPA y, de esta manera, convertirse en la primera cervecería vaquera.

De venderlas, a hacerlas…

Nunca estuvo en planes el lanzamiento de su propia cerveza, a pesar de que Kike sí las hacía en su casa.

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“Siempre pensamos que La Esquinita iba dirigido al concepto de barra. Pero cuando se presentó la oportunidad, gracias al municipio, nos lanzamos”, explicó.

Y es que, justamente al lado de donde están ubicados, en la calle Manuel Rossi, había un predio de terreno con una casa identificada como estorbo público. El alcalde de Bayamón, Ramón Luis Rivera Cruz, les ofreció expandir con la condición de que se convirtieran en la primera cervecería de la Ciudad del Chicharrón.

Una vez estuvo lista la nueva estructura, la pareja adquirió el equipo de producción no sin antes documentarse y aprender más de la industria cervecera que le ha mostrado su apoyo.

“Nosotros viajamos mucho para educarnos sobre las cervezas, pero también contamos con amistades en la industria que nos han dado la mano para echar esto hacia adelante”, reitera Ale, quien es artista gráfica de profesión y se encarga de mantener todo anotado en su agenda “para estar organizados”.

Y así llegó La Esquinita IPA, pero en dos versiones: Hora Dorada y Jardín Sauvin.

Kike y Ale explican que la elección no fue difícil, pues cuentan con mucha clientela que pregunta por las cervezas de gran lupulado.

La receta combinó el conocimiento que absorbieron en sus viajes y gustos personales. “Yo siempre decía que, si algún día tengo una IPA, como de la casa, quisiera que sea algo así, más o menos. Y, pues, dejándome llevar por recetas de diferentes cervezas que me gustaban, llegamos a estas. Soy fanático de las ‘beers’ bien amarillo clarito, sin mucha malta, prefiero dejar que los lúpulos resalten…”, confesó el empresario.

En camino ya vienen otras: una american wheat y otra estilo pilsner.

“Hemos estado cocinando y haciendo ‘tweaks’ menores. Lo bueno de que sean ‘batches’ pequeños es que nos deja ajustar rápidamente”, reconoció Ale.

Si no conoces de cervezas artesanales ni estilos, no es problema, pues tanto la pareja como sus empleados -Yesi, Nicole, Gaby, Isa, Sama y Raúl- te orientarán y hasta te darán a probar algunas para que puedas elegir.

¿Cómo inició?

La Esquinita Jardín Cervecero es un negocio de la familia Fernández Vega que arrancó en marzo de 2017, unos meses antes de recibir el azote del huracán María.

“Cogimos un cantazo bien rápido empezando que, en parte, nos dejó saber lo sólida que era esta idea de negocio y el respaldo de la clientela, porque en ese poco tiempo, la gente nos trató como familia. Recuerdo cuando íbamos a cerrar antes del paso del huracán, nosotros intentando proteger esto y la gente nos ayudó”, rememoró Kike.

Pero para él, que su familia apostara a la idea cervecera lo cambió todo, pues venían de la industria de postres.

“Se llamaba BTS Foods. Hacíamos postres para hoteles, restaurantes, ‘food service’ comercial y también hacíamos algo de ‘retail’”, contó el joven empresario, quien estudió aviación y negocios.

Más adelante, a través de su gusto por el llamado “pan líquido”, comenzó a darle forma a su emprendimiento, que aterrizó como La Esquinita.

La familia le apoyó de inmediato, pero llegó un punto en que corrían a la vez ambos negocios: postres y cervezas.

“El negocio de los dulces era muy sacrificado, así que lo cerramos y luego del huracán María decidimos que todos los esfuerzos vinieran para acá.

El espacio

En cuanto a cómo luce actualmente, sepa que el “beer garden” ha evolucionado. Aunque mantiene gran parte de su estructura original, creció con la incorporación del “brewhouse”. La expansión también benefició la cocina, donde preparan al momento varios antojos para los clientes.

“El lugar siempre ha tenido un concepto abierto, con su piso en piedras y plantas. Hemos seguido pintando, moviendo cosas y ahora tiene un ‘look’ más industrial, con cemento pulido… Ahora tenemos más espacios para el público”, recuerda la entusiasta Ale.

El lugar es “friendly” para disfrutar con tu familia, tus panas y tus mascotas, ya sean todos juntos o por separado.

Hay espacio para refrescarse con las cervezas en unos banquitos, mesas con sombrillas, de pie en unas barritas y hasta sillas bajitas frente a televisores.

Enrique “Kike” Fernández Vega y Alexandra “Ale” Mercado Correa le han puesto alma, vida y corazón al proyecto.
Enrique “Kike” Fernández Vega y Alexandra “Ale” Mercado Correa le han puesto alma, vida y corazón al proyecto. (Suministrada)

Más que cervezas

El jardín cervecero, que cuenta con una decena de empleados, se ha convertido, además, en el “stage” principal de grupos musicales que encuentran en la audiencia el apoyo necesario para continuar su camino artístico.

Desde la tarima auspiciada por la cervecería Ocean Lab puede que una tarde disfrutes de un tributo a Nirvana, éxitos de los 80s, música instrumental, kareoke o nuevos talentos con temas originales.

Pero no marcarás el ritmo solo con cervezas locales e importadas, de lata, botella o “draft”, pues cuentan con un menú de picadera que incluye “smash burgers”, “pork belly”, “spicy crab”, tostones, papitas fritas, “nuggets” (veganos), ensalada de granos, “mozzarella sticks” y, si estás de suerte, alcapurrias.

La cocina está a cargo de Myrta, Herman y Raphy. Y cuando Herman se pone creativo, lanza alguna sopa, que puede ser desde ramen hasta asopao.

Para más información sobre las bandas que se presentan y la variedad de cervezas a disfrutar, puedes acceder a las redes sociales de La Esquinita Jardín Cervecero en Facebook e Instagram.