Una joven pareja emprendió camino por los campos del Morovis de los años 40 para el nacimiento de su primogénito, pero no llegaron a su destino. Al marcar la hora, el matrimonio se refugió en un antiguo rancho de tabaco ante el inminente alumbramiento y allí, en medio de una estampa boricua en las montañas de ese pueblo de la Isla nació el redentor del mundo.

La exhibición se ha convertido en un símbolo de la Navidad en ese pueblo.

Este relato que tiene como punto de origen el “Milagro en la Montaña” del pionero del cine puertorriqueño Amílcar Tirado, sirve como base para el ‘Nacimiento de Morovis’, la exhibición que desde hace varias décadas expone durante toda la temporada navideña el doctor Francisco del Río Ferrer, en el estacionamiento de su consultorio frente a la plaza de recreo de Morovis y que busca rescatar la costumbre de los belenes o nacimientos, legada a los puertorriqueños de la tradición católica española.

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El pintoresco nacimiento lo pueblan figuras del folclor moroveño como el cuatrista Iluminado Dávila, doña Justa –una famosa comadrona que recibió a casi todos los niños nacidos en esa época en la parte norte de ese municipio-, él padre franciscano Tomás Soroya, Pepe del Río, exalcalde de Morovis y abuelo del doctor Del Río, y muchos otros personajes de ese municipio, que tras la aparición del ángel de la anunciación y el lucero que marcaba el lugar donde ocurrió el milagro de la Natividad, acudieron junto a los Magos de Oriente a adorar al niño.

El estacionamiento de la oficina del doctor Del Río se ha convertido en un museo donde se exhiben estas estampas.
El estacionamiento de la oficina del doctor Del Río se ha convertido en un museo donde se exhiben estas estampas. (Suministrada)

Muchas de las piezas que componen la instalación protagónica de esta exhibición, han sido confeccionadas por artistas como la española Cristina Cisneros, el hatillano Emanuel Nieves y otros. Incluso, el nacimiento cuenta con reproducciones fieles de edificios de la época, hechas utilizando imágenes de la colección fotográfica de Jack Delano y año tras año se le unen nuevos personajes, entre los que incluso se encuentran miembros de la familia Del Río.

Pero este nacimiento no es el único que forma parte de la exhibición que ya se ha convertido en sinónimo de la Navidad en Morovis. Nacimientos hebreos, napolitanos, nacimientos en movimiento, piezas confeccionadas por artesanos boricuas dedicados a la talla de santos y hasta piezas de artistas cuyas obras han llegado al Vaticano, conforman las estampas instaladas para el deleite del público.

El Nacimiento de Morovis comenzó en el 2007, cuando el doctor Del Río mudó a su actual oficina a las esquinas de las calles del Carmen y Progreso, y fue en una vitrina de una ferretería que había cerrado sus puertas en el casco urbano, donde se exhibió por primera vez. El doctor Del Río recordó que en el pueblo de Valdemoro en España, donde vivió hasta los ocho, las familias acostumbraban a decorar en la época navideña con estampas del nacimiento.

Las piezas han sido confeccionadas por artesanos, gozan de un gran realismo.
Las piezas han sido confeccionadas por artesanos, gozan de un gran realismo. (Suministrada)

Cuando llegó a la Isla, su tío Rafael “Fady” del Río acostumbraba a decorar en la calle Buena Vista, donde residía, con un nacimiento. “Yo te diría que es prácticamente una tradición familiar que siempre uno ponía sus nacimientos pero cuando yo tuve mi primera oficina, junto con un tío mío que en los 70 ponía nacimiento en Morovis, pudimos poner un nacimiento en un cuarto de la oficina durante tres años. Después yo seguí haciéndolo en el garaje de mi casa para unas amistades, hasta que en el 2007 yo me mudo a mi nueva oficina y consigo que me prestaran una vitrina en una tienda que estaba desocupada aquí, y durante dos años pude hacer el nacimiento ahí. Ya cuando mi oficina toma forma y se establece el estacionamiento en la parte de atrás, yo empiezo a cogerle pedazos al estacionamiento”, relató el galeno.

Añadió que una vez se hizo médico e inició su práctica privada, decidió retomar la tradición de los belenes como una manera de “dar un poco de lo mucho que se me ha dado aquí en Morovis. Es una forma de agradecer al pueblo de Morovis tantas cosas que uno ha recibido aquí”.

Desde ese momento, el Nacimiento de Morovis ha ido evolucionando hasta llegar a un nivel donde son cientos los que visitan el lugar desde la noche del viernes después de Acción de Gracias, cuando abre la exhibición, hasta las postrimerías del mes de enero. De la mano con esa evolución, también ha incrementado el trabajo y el tiempo que el doctor Del Río le dedica a su proyecto al punto que tras inaugurar la exhibición, comienza a darle forma al proyecto para el año siguiente.

Esto incluye el elegir escenarios y costumbres puertorriqueñas e ir y fotografíar los escenarios de manera que los artesanos que tendrán que elaborar los dioramas y las piezas puedan lograr una reproducción fidedigna de esos escenarios.

También en ocasiones, como ocurrió este año, el doctor viaja a España o a otros países para asistir a ferias de belenismo, donde los maestros de arte religioso exhiben y venden sus obras. Esto para adquirir nuevas piezas o incluso hacer pedidos especiales. Aunque se le hace imposible exhibir todas las piezas debido a la falta de espacio, la exhibición crece y se renueva constantemente año tras año. Y siempre Del Río incluye piezas nuevas inspiradas en la cultura puertorriqueña y en rendirle homenaje a paladines anónimos que atesoran y preservan nuestras mejores costumbres, consiguiendo que los visitantes logren una conexión con la muestra.

El estacionamiento de la oficina donde se exhibe el nacimiento de Morovis está abierto al público todo el día, los siete días de la semana, pero en opinión de Del Río, es mejor visitar el lugar en las noches, de 6:00 p.m. a 10:00 p.m., cuando la iluminación permite apreciar mejor los detalles de los dioramas y las distintas instalaciones. En fechas especiales o para grupos, el horario de exhibición puede extenderse mediante solicitud previa.

La presión por lograr tener todos los aspectos de esta exhibición listos a tiempo, provocan tensión en Del Río. Sin embargo, esa tensión desaparece en las noches cuando el galeno sale de su trabajo y encuentra los visitantes del Nacimiento de Morovis, remontándose a otras épocas y recordando la Navidad de sus infancias e incluso, algunos de los que llegaron a conocer a los personajes inmortalizados en el Nacimiento de Morovis trayéndolos al presente en su anecdotario.