Cada vez son más los hogares que consideran a sus mascotas parte de la familia y el cuidado de estas ya no se limita a cubrir sus necesidades básicas. En una época en la que la tecnología forma parte de nuestra vida cotidiana, sus avances también han comenzado a transformar la manera en que protegemos y atendemos a nuestros peludos.

Hoy existen dispositivos capaces de localizarlos si se pierden, registrar cuánto duermen o se mueven, controlar su alimentación, alertar cuando salen de una zona determinada e incluso permitirnos interactuar con ellos cuando estamos fuera de casa.

La tecnología aplicada al cuidado de los animales de compañía ha ido mucho más allá de una simple placa de identificación.

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El microchip, los códigos QR y los dispositivos GPS cumplen funciones diferentes y, en lugar de competir entre sí, pueden complementarse para garantizar la seguridad, así como aumentar las posibilidades de que una mascota extraviada regrese a casa.

¿Cómo funcionan?

Como explicó Antonio Cóndor, jefe de Innovación de Hunter Perú y Hunter Pet, el microchip funciona como una cédula que se inserta debajo de la piel de la mascota.

“Contiene un número único que vincula al animal con los datos de su dueño, pero no cuenta con batería ni GPS, por lo que no permite rastrearlo. De hecho, para acceder a su información, alguien debe encontrar a la mascota y usar un lector compatible para ver los datos”, comenta.

Por su parte, las placas con códigos QR facilitan el contacto cuando alguien encuentra al animal, ya que con solo escanearlo pueden consultarse los datos de la mascota y de su tutor.

El GPS, en cambio, sí permite conocer la ubicación y seguir los desplazamientos de la mascota.

A diferencia de alternativas basadas en Bluetooth, como los AirTag, su funcionamiento está pensado para ofrecer información de ubicación mediante GPS y transmisión de datos. Para cumplir con esa labor de rastreo, el dispositivo recibe señales de satélites que le permiten calcular su posición y después utiliza una red móvil para transmitir esa información a una plataforma que el dueño de la mascota puede consultar desde su celular. Pero hay un detalle importante.

“No garantiza una localización continua ni una actualización segundo a segundo”, aclaró Cóndor.

En su lugar, el sistema trabaja mediante reportes periódicos que permiten al tutor consultar la última ubicación registrada y seguir los movimientos conforme se generan nuevas actualizaciones, lo cual resulta clave para orientar la búsqueda y reaccionar con rapidez.

Además, esta tecnología ofrece un enfoque preventivo mediante las geocercas o perímetros virtuales de seguridad. Es decir, si el animal cruza la frontera establecida en el mapa, el sistema envía una alerta automática.

Sin embargo, este tipo de dispositivos de rastreo por GPS tiene algunas limitaciones. La primera ocurre cuando los obstáculos físicos —como techos, túneles o edificios altos— bloquean la señal de los satélites, impidiendo que el dispositivo calcule dónde está la mascota.

La segunda pasa cuando el aparato sí conoce la ubicación, pero no puede enviársela al tutor porque no hay señal de celular en la zona. Por otro lado, hay que tener en cuenta la autonomía del aparato.

Como la duración de la batería varía según el equipo y el uso que se le dé, el especialista aconsejó “revisar el dispositivo periódicamente y conocer sus condiciones de funcionamiento antes de enfrentar una emergencia”. Respecto a la seguridad de los equipos externos, precisó que no generan contraindicaciones generales por ondas electromagnéticas, pero en casos muy particulares, como un animal con marcapasos, es recomendable consultar con el cardiólogo para descartar cualquier posible interferencia.

Por eso conviene recordar que, si bien son herramientas útiles, no son necesarias para todas las mascotas. Tienen mayor sentido en casos de animales con antecedentes de escape, acceso al exterior, perros exploradores o mascotas que viajan.

En esos escenarios, la clave es combinar los métodos: el microchip como identificación permanente, la placa o código QR como identificación visible y, según el estilo de vida, el sistema de localización.