Los niños que crecen leyendo desarrollan una enorme ventaja cognitiva en la adultez
Así es que los libros fortalecen el desarrollo infantil.

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La recomendación de leerles a los niños desde pequeños es frecuente entre especialistas en desarrollo infantil y educación.
Sin embargo, sus beneficios no se limitan al aprendizaje de la lectura: la práctica también influye en el desarrollo del lenguaje, la regulación emocional y la relación entre padres e hijos.
De acuerdo con Laura Phillips, directora sénior del Centro para el Aprendizaje y el Desarrollo del Child Mind Institute, la exposición constante al lenguaje desde los primeros meses de vida ayuda a los niños a desarrollar conexiones neuronales relacionadas con la comunicación y el pensamiento.
Según explicó la especialista, escuchar palabras, frases y diferentes patrones de lenguaje favorece tanto el desarrollo lingüístico como el cognitivo.
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La lectura temprana permite además que los niños entren en contacto con vocabulario y estructuras gramaticales que no suelen aparecer en las conversaciones cotidianas.
Phillips señaló que los libros amplían la capacidad de comprensión y uso del lenguaje, incluso antes de que los menores puedan comunicarse verbalmente.
Investigaciones citadas por el Child Mind Institute indican que, al llegar al kínder, los niños cuyos padres les leen todos los días han escuchado cientos de miles de palabras más que aquellos que no tienen esa práctica de forma regular.
Esa exposición, según especialistas, facilita posteriormente la comprensión lectora y el aprendizaje escolar.
Lectura y desarrollo emocional
La lectura compartida también ha sido relacionada con el fortalecimiento de la empatía y la conciencia emocional.
Los libros permiten que los niños conozcan personajes y experiencias distintas a las propias, lo que puede ayudarlos a comprender otras perspectivas y reconocer emociones como el enojo, la tristeza o el miedo.
Especialistas recomiendan aprovechar el tiempo de lectura para conversar sobre las emociones que aparecen en las historias y relacionarlas con experiencias cotidianas de los menores.
Este tipo de diálogo contribuye al desarrollo de herramientas para la regulación emocional.
El vínculo entre padres e hijos
Más allá del contenido de los libros, la lectura compartida representa un momento de interacción entre adultos y niños.
El hecho de sentarse juntos, escuchar una voz familiar y sostener un libro forma parte de experiencias sensoriales que, según Phillips, tienen impacto en el desarrollo cerebral de los menores.
La especialista indicó que escuchar una historia a través de dispositivos electrónicos no ofrece exactamente el mismo beneficio que la interacción directa con un cuidador, debido a la ausencia de contacto físico y de intercambio emocional.
Qué leer y en qué idioma
Los expertos señalan que no existe una única fórmula sobre qué tipo de libros deben leer los padres a sus hijos.
En los primeros meses de vida, cualquier texto puede servir para exponer al bebé al lenguaje. Con el crecimiento, los contenidos relacionados con situaciones cercanas a la vida de los niños pueden facilitar conversaciones importantes.
Phillips también destacó que los beneficios de la lectura se mantienen sin importar el idioma utilizado en casa. Según explicó, el desarrollo cognitivo y lingüístico adquirido en una lengua puede trasladarse al aprendizaje de otros idiomas.
Libros impresos y electrónicos
Aunque algunos estudios sugieren que los libros impresos favorecen una interacción más profunda entre padres e hijos, los especialistas consideran que los libros electrónicos también pueden ser útiles, especialmente cuando facilitan el acceso a la lectura en situaciones de viaje o falta de materiales físicos.
Los expertos coinciden en que lo más importante es dedicar tiempo a la lectura compartida y mantener la conversación alrededor de las historias, independientemente del formato utilizado.
Además de sus efectos en la infancia, especialistas en psicología destacan que la lectura también puede contribuir al mantenimiento de la función cognitiva en la adultez y la vejez.
La psicóloga Emma Navarro de Palencia explicó que leer estimula la actividad cerebral, fortalece la memoria y favorece la atención y la concentración.
Navarro señaló que la lectura está relacionada con el concepto de reserva cognitiva, entendido como la capacidad del cerebro para resistir el deterioro asociado al envejecimiento o a enfermedades neurodegenerativas.
Según indicó, distintos estudios han mostrado que este hábito puede ayudar a preservar funciones mentales en personas mayores.
Entre otros beneficios asociados a la lectura, la especialista mencionó la reducción del estrés, el fortalecimiento de la empatía y la mejora de la calidad del sueño cuando la lectura se incorpora como parte de la rutina nocturna.

