En la temporada invernal, las enfermedades virales suelen incrementarse entre la población. Por ello, una correcta higiene representa una de las herramientas más eficaces contra los contagios, especialmente en los grupos más vulnerables.

Conocer la técnica adecuada de lavado de manos puede marcar la diferencia a la hora de prevenir el contacto con gérmenes —desde virus y bacterias hasta parásitos y hongos—, lo que ayuda a evitar padecimientos respiratorios, gastrointestinales y dermatológicos.

De acuerdo con el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), el lavado de manos debe realizarse con agua y jabón, y debe tener una duración de entre 40 y 60 segundos.

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Pasos para un lavado de manos correcto

Antes de comenzar, es fundamental retirar anillos, pulseras, relojes y cualquier otro accesorio. Una vez humedecidas las manos con agua, sigue estos pasos:

  1. Deposita en la palma una cantidad de jabón suficiente para cubrir todas las superficies de las manos (de preferencia jabón líquido).
  2. Frota las palmas entre sí hasta generar espuma.
  3. Frota la palma de la mano derecha contra el dorso de la mano izquierda, entrelazando los dedos, y repite el proceso a la inversa.
  4. Frota las palmas entre sí con los dedos entrelazados.
  5. Frota el dorso de los dedos contra la palma de la mano opuesta, sujetándote los dedos.
  6. Rodea el pulgar izquierdo con la palma de la mano derecha y frótalo con un movimiento de rotación; haz lo mismo con la otra mano.
  7. Frota la punta de los dedos de la mano derecha contra la palma de la izquierda en círculos, y viceversa.
  8. Enjuágate las manos con abundante agua.
  9. Sécate con una toalla desechable de papel.
  10. Usa la misma toalla para cerrar el grifo y abrir la puerta antes de desecharla en el zafacón.

¿Cuándo debes lavarte las manos?

Según la institución médica Mayo Clinic, la higiene de manos debe realizarse principalmente en los siguientes momentos:

  • Antes y después de preparar o consumir alimentos.
  • Antes y después de curar heridas o atender a una persona enferma.
  • Antes y después de ir al baño o cambiar un pañal.
  • Antes de colocarse o retirarse lentes de contacto.
  • Antes de tocarse la cara, ojos, nariz o boca.
  • Después de sonarse la nariz, toser o estornudar.
  • Al tocar superficies de uso común, como barandillas del transporte público, manijas de puertas o carritos de compras.
  • Al entrar o salir de lugares públicos.