Nota del editor: La serie Boricuas en la Luna destaca las historias de los puertorriqueños que han extendido las fronteras de la Isla al establecerse por el mundo, cargando con nuestra bandera, cultura y tradiciones.

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Cuando Jaime Lamboy abre la puerta de su hogar en Suiza, Puerto Rico aparece por todas partes.

Hay una bandera en la mesa de la sala, otra en cuadros decorativos, una gigantesca en la habitación de su hija, un delantal con la Monoestrellada en la cocina y hasta un pequeño peluche que reproduce el canto del coquí.

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“Cuando vienes a ver, hay 25 o 30 cosas con la bandera de Puerto Rico sin que uno se dé cuenta”, contó Lamboy entre risas en una conversación vía telefónica con Primera Hora.

A casi seis años de haberse mudado al país europeo para convertirse en el jefe legal y principal asesor jurídico de la Federación Internacional de Baloncesto (FIBA), Lamboy sigue encontrando formas de mantener cerca la isla que lo formó.

Desde septiembre de 2020, el abogado puertorriqueño dirige todos los asuntos jurídicos del organismo rector del baloncesto mundial, que supervisa las operaciones que abarcan 212 federaciones nacionales y entidades entre América, África, Europa, Asia y Oceanía.

Sin embargo, detrás de una carrera que lo ha llevado a participar en reuniones con la Comisión Europea, asistir a los Juegos Olímpicos París 2024 y trabajar en el centro de importantes decisiones deportivas internacionales, permanece el mismo boricua que estudió en la Universidad de Puerto Rico de Río Piedras (UPRRP), entrenó baloncesto y desarrolló durante dos décadas una práctica legal en la isla.

“El profesional que soy yo se lo debo a Puerto Rico, a más nadie”, afirmó el abogado de 52 años.

Una aventura que nunca estuvo en los planes

Mudarse a Suiza no formaba parte de los proyectos familiares.

El cagüeño había construido una sólida carrera en Puerto Rico como abogado litigante. Fue director de la Liga de Voleibol Superior Masculina (LVSM), asesor del Departamento de Recreación y Deportes (DRD), director de operaciones de la Federación de Baloncesto de Puerto Rico (FBPUR), presidente de la Comisión Legal de la Federación Internacional de Voleibol (FIBV, por sus siglas en francés), abogado externo de la FIBA para las Américas, director del Departamento de Alto Rendimiento (DAR) del Comité Olímpico de Puerto Rico (Copur), entre otros roles.

Jaime Lamboy, director del Departamento de Alto Rendimiento del Copur se reunió esta semana con funcionarios de la Federación Puertorriqueña de Voleibol.
Jaime Lamboy cuando fue el director del Departamento de Alto Rendimiento del Copur. (José L. Cruz Candelaria)

Pero, todo cambió cuando FIBA le presentó una oferta para dirigir su departamento legal.

“Si tú me hubieras preguntado en 2019 si algún día iba a vivir fuera de Puerto Rico, yo te hubiera dicho que no”, recordó.

Luego de discutir el movimiento junto a su esposa, Omayra Díaz, y sus dos hijos, Jorge y Alina, apostaron por una experiencia que describe como enriquecedora tanto profesional como personal. Lamboy llegó solo a Suiza, y nueve meses después de evaluar si el país sería adecuado para su familia, arribaron los demás.

Por suerte, su esposa logró mudar su plaza de trabajo a Suiza. Eventualmente, su hijo, de 24 años, completó un bachillerato en psicología en el país y actualmente cursa una maestría en España. De otro lado, después de terminar la intermedia y escuela superior, Alina, de 19 años, cursa sus estudios universitarios en el país de los famosos chocolates.

Choque cultural

Aunque reconoció que Suiza ofrece una extraordinaria calidad de vida, seguridad y organización, la adaptación no estuvo exenta de retos, principalmente en términos sociales.

“El suizo es muy cordial, muy amable, muy respetuoso, pero a la misma vez es muy privado, hacer amistad con la velocidad y con la informalidad que nosotros en Puerto Rico lo hacemos, aquí en Suiza es muy distinto, toma más tiempo, más esfuerzo”, sostuvo.

“Y eso es pues algo que tanto a mi familia, como a mis hijos, particularmente, fue un choque importante”, agregó.

  Carlos Beltrán y Jaime Lamboy, presidente y tesorero de la Federación de Baloncesto, respectivamente, ofrecieron detalles sobre la nueva reorganización.&nbsp;<font color="yellow">(Primera Hora / Juan Luis Martínez)</font>
Carlos Beltrán y Jaime Lamboy, entonces presidente y tesorero de la Federación de Baloncesto de Puerto Rico.

Sin embargo, la naturaleza internacional de ciudades como Ginebra, Lausana y Zúrich ayudó a suavizar esa transición.

A las diferencias culturales se sumó otro desafío importante: el idioma. Suiza tiene cuatro idiomas nacionales y oficiales; alemán, francés, italiano y romanche. El uso de cada uno depende de la región del país.

Aunque había estudiado francés de forma básica durante sus años de escuela en Puerto Rico, Lamboy llegó a Suiza consciente de que necesitaba perfeccionarlo para desenvolverse en su vida profesional y personal. El francés es el idioma que se utiliza en la ciudad de Nyon, donde reside la familia Lamboy-Díaz.

“Cuando empecé a viajar a Suiza por asuntos deportivos, comencé a desempolvar ese francés básico que tenía y empecé a estudiarlo por mi cuenta”, recordó.

Más adelante tomó cursos intensivos en Puerto Rico y, una vez se mudó definitivamente, aprovechó las clases que ofrece FIBA a sus empleados. Lamboy indicó que puede leerlo sin dificultad, mantener conversaciones y trabajar con federaciones francófonas.

“Todavía me falta mucho, pero puedo comprenderlo sin problemas y darme a entender bastante bien”, comentó.

El esfuerzo, de hecho, rindió frutos porque recientemente aprobó el examen requerido para obtener la residencia permanente en Suiza, y fue en francés.

El refugio de los boricuas

La nostalgia de extrañar la isla encontró un suspiro en una comunidad de puertorriqueños dispersos por distintas ciudades suizas.

Lamboy explicó que todo comenzó gracias a una cadena de contactos entre amigos de Puerto Rico hasta llegar a un grupo ya organizado de compatriotas.

A la fecha mantienen un chat activo de WhatsApp y suelen reunirse para celebrar ocasiones especiales.

“Ahora mismo estamos medio apagados, así que hay que revivir los encuentros, pero tenemos muy buena relación. Agradezco mucho que pude hacer contacto con ellos porque, cuando nos vemos, es como estar de vuelta en casa”, manifestó.

En esos encuentros, dijo nunca faltan los elementos indispensables de cualquier celebración boricua como arroz con gandules, plátanos maduros y sándwiches de mezcla. Incluso una vez lograron conseguir cervezas Medalla en una tienda de bebidas de distintos países.

Asimismo, para preparar los tradicionales sándwiches de mezcla cruzaron a Francia -viven cerca de la frontera- para conseguir la famosa jamonilla Tulip.

La maleta del “contrabando”

No obstante, si hay algo que Lamboy continúa extrañando profundamente es la comida puertorriqueña.

“Extraño no poder comerme un mofongo relleno cuando me dé la gana”, confesó.

Pero la familia ha aprendido a improvisar, pues cada vez que viajan a Puerto Rico -lo hacen dos veces al año, durante el verano y las Navidades- regresan con una maleta especial.

“Yo le llamo la maleta del contrabando. Me la traigo y la lleno de los productos que le dan ese sabor particular a la comida nuestra, y en la medida que podemos tratamos de mantener ese sazón en nuestra cocina”, dijo entre risas.

Allí viajan sofrito, recao, sazón, adobo, habichuelas y otros ingredientes indispensables. Con el tiempo también identificaron mercados donde consiguen plátanos verdes, amarillos, aguacates similares a los del Caribe y frutas tropicales.

Aunque Lamboy explicó que uno de los platos tradicionales del país es el fondue, elaborado con queso derretido acompañado de pan y papas, en la mesa familiar siguen predominando los sabores más cercanos a la isla.

Luego de descubrir, que la carne roja suele ser costosa debido al libre pastoreo que existe en Suiza, consumen más el cerdo, que resulta ser mucho más económica porque no es tan consumida por la población local. “Comemos mucha chuleta. Es de muy buena calidad, muy rica y a muy buen precio”, relató Lamboy.

Un futuro abierto

Lamboy aseguró sentirse agradecido por la oportunidad que vive actualmente. Además, de una posición de prestigio internacional en FIBA, en familia disfrutan de una alta calidad de vida.

Aun así, evita decir que no regresará a la isla. “No sé lo que el futuro me depara”, dijo.

“Estoy en un trabajo donde me tratan bien y en el que siento que me guardan respeto. No puedo negar que la calidad de vida en Suiza es de muy alto nivel, que estoy feliz, que estoy contento, y esas cosas pesan“, añadió.

Por ahora, la familia continuará entre los Alpes suizos, los viajes de regreso a la isla y las reuniones con compatriotas donde nunca faltan el arroz con gandules y el sazón.

¿Eres o conoces de algún boricua que vive fuera de la isla y quiere contar su historia? Escribe a historiasph@gfrmedia.com.