Nota del editor: La serie Boricuas en la Luna destaca las historias de los puertorriqueños que han extendido las fronteras de la Isla al establecerse por el mundo, cargando con nuestra bandera, cultura y tradiciones.

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Desde pequeño, Daniel Sepúlveda confió en su intuición. Esa voz interna lo llevó primero a experimentar con la cocina y a descubrir en ella una pasión. Con el tiempo, esa misma guía lo impulsó a salir de Puerto Rico y a conocer el mundo desde la mirada de un viajero, no de un turista.

Daniel, el menor de cinco hermanos, nació en San Juan, pero creció entre distintos pueblos de la Isla durante sus 25 años de vida. Desde alrededor de los 7 años recuerda haberse “metido a experimentar” en la cocina y descubrir que, además de preparar platos sabrosos, podía retribuir con comida el afecto que sentía por sus seres queridos.

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Sí sabía algo es que me gustaba cómo se sentía cocinarle a alguien y que esa persona estuviera contenta o satisfecha”, recordó en entrevista con Primera Hora.

Al momento de ingresar a la escuela superior, Sepúlveda optó por estudiar en el Centro Residencial de Oportunidades Educativas de Mayagüez (CROEM), una etapa que recuerda como una experiencia “excesivamente enriquecedora”.

“Me construyó mucho en independencia, en carácter personal, tener un poco más de criterio propio a la hora de tomar decisiones en mi vida”, expresó.

Luego, Sepúlveda ingresó al Recinto de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico (RUM) para estudiar biología con la intención de convertirse en médico. Sin embargo, el llamado de la cocina volvió a hacerse presente y decidió cambiar su rumbo académico hacia la gerencia, una disciplina que entendía le brindaría las herramientas necesarias para, eventualmente, administrar su propio restaurante.

Durante su época universitaria, Sepúlveda se centró inicialmente en acumular experiencias en el mundo culinario y comenzó a trabajar en el restaurante Stella, en Rincón, un espacio que describe como el lugar donde dio sus “primeros pasos” en una cocina profesional.

Posteriormente, continuó creciendo dentro de la industria gastronómica e incluso realizó trabajos como chef privado a través de la plataforma Take a Chef. Sin embargo, los vínculos y la experiencia adquirida en Stella siguieron abriéndole puertas. Fue gracias a la recomendación de un sous chef del restaurante que recibió la oportunidad de trabajar durante un corto periodo en Ariete, un restaurante con estrella Michelin ubicado en Miami.

“La experiencia de trabajar en un restaurante de estrella Michelin, para mí fue un sueño hecho realidad. Es decir, para ese niño chiquito que se la pasaba viendo Food Network y se visualizaba en esta industria, estar en una cocina Michelin es muchísimo más inmersivo en aprender y educarse sobre lo que es la gastronomía que cualquier escuela culinaria”, recordó.

“Es un lugar donde todas las personas que están al lado tuyo son igual o más apasionadas que tú con lo que están haciendo, que es el arte de crear alimento para alguien más”, recordó.

Sin embargo, cumplir aquel sueño de infancia también le permitió conocer la otra cara de la industria gastronómica de alto nivel. Detrás del prestigio de una cocina Michelin estaban los sacrificios: jornadas que en ocasiones podían extenderse hasta 16 horas de pie y un ritmo de vida que, con el tiempo, comenzó a cuestionar. Se preguntó si esa era la vida que quería llevar para siempre y la respuesta fue no. Poco después, un video que encontró casualmente en las redes sociales despertó una nueva inquietud: salir de Puerto Rico y explorar el mundo.

Aquel video mostraba a un joven que había decidido mudarse a Tailandia sin un plan definido, simplemente con el objetivo de explorar una etapa de su vida más conectada consigo mismo.

“Va a sonar un poquito surreal, pero realmente fue así. Vi un video de este joven que se fue a vivir a Tailandia. Sin ningún plan, simplemente a explorar un capítulo de su vida más conectado con sí mismo y ese video me inspiró tanto que yo desde ese momento decidí: ‘Yo, cuando me gradué, me voy a ir a vivir a Tailandia’”.

Y, siguiendo su intuición, como siempre lo ha hecho, así fue. Tras completar su carrera en el RUM en diciembre de 2024, utilizó sus ahorros, vendió sus pertenencias y en abril de 2025 partió de Puerto Rico. Primero visitó Japón y luego vivió durante unos meses en Tailandia. Hoy su vida transcurre en Vietnam, donde ha desarrollado una plataforma en redes sociales desde la que comparte su día a día con sus seguidores desde la perspectiva de un viajero y no de un turista.

“Ser un viajero es ser alguien que busca entender, asimilar y empatizar con el local, por encima de quizá ir en vacaciones lujosas y desasociarse de su vida, que es lo que usualmente algunas personas asocian al término de vacaciones”, explicó.

Aunque admite que extraña a su familia, la cultura y la música puertorriqueña, y que adaptarse a países donde no domina el idioma ha representado un reto, asegura que ha aprendido lo suficiente como para “maniobrar que no me falte nada”. Y con la misma mentalidad con la que llegó a Asia —“yo voy a hacer que esto funcione”— hoy recomienda a otros que se permitan viajar como viajeros, sumergirse en la cotidianidad de los países que visitan y atreverse a descubrir lugares que, en un principio, puedan parecerles “extraños”.

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