Celebran boda en medio de la guerra en Ucrania
“Ya por fin merecíamos un poco de alegría”, dijeron entre suspiros los asistentes del evento.

Nota de archivo: esta historia fue publicada hace más de 4 años.
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Slavutich, Ucrania. En Slavutich, una pequeña localidad en la frontera con Bielorrusia que fue aislada por las tropas rusas durante la invasión del centro de Ucrania, se puede respirar un poco de alegría después de casi dos meses de angustia y desesperación: Kiryl y Xenia celebran su boda a pesar de la amenaza de bombardeos y ataques rusos porque, aseguran, “la vida continúa”.
Delante del ayuntamiento de esta localidad, apodada “la ciudad gris” por su arquitectura soviética, unas pocas decenas de vecinos se reúnen con ramos de flores y unas botellas de champagne para recibir a los novios, que han ido a inscribir su matrimonio en el registro civil.
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“Ya por fin merecíamos un poco de alegría”, dicen entre suspiros los asistentes a este reducido evento, que aseguran que ya han llorado y sufrido el asedio ruso durante “demasiado tiempo”, además de las consecuencias de quedar completamente aislados, sin electricidad, gasolina o suministros durante días.
EL DÍA MÁS FELIZ
Kyril sale del ayuntamiento de Slavutich con su ya mujer Xenia en brazos. Aplausos, risas, besos y abrazos completan una secuencia de imágenes difíciles de captar en tiempos de guerra.
“Sin ninguna duda es el día más feliz de nuestras vidas (...) estamos en el séptimo cielo”, asegura a Efe Xenia, de 24 años, entre los cánticos de los familiares que les estaban esperando a las puertas del edificio municipal.
Su marido, Kiryl, relata que le pidió la mano durante el asedio ruso, en medio de los bombardeos que hicieron temblar la tierra y los corazones de Slavutich.
“Era una situación muy angustiosa, pero decidí pedirle la mano entonces porque nunca se sabe lo que puede ocurrir”, asegura este joven de 27 años, visiblemente emocionado porque sus familiares “tienen un momento de felicidad” con esta celebración.
Para ellos, celebrar su boda en medio de este sangriento conflicto es “una bendición”, porque es una señal de que, pese a los muertos, los desplazados y la destrucción, se puede seguir adelante.
“Tenemos que mostrar ejemplo de que la vida continúa, que cosas tan normales y sencillas como casarse todavía son posibles durante la guerra”, aseguran Xenia y Kiryl, que se funden en un abrazo.
“No queremos bajar los brazos, queremos seguir viviendo”, sentencian.
VOLVER A LA NORMALIDAD
Slavutich fue fundada tras la catástrofe de la central atómica de Chernóbil, donde en 1986 se produjo el mayor desastre nuclear de la historia, y para sustituir a la antigua localidad de Prípiat, ahora una ciudad fantasma en la zona de exclusión.

