El 10 de mayo de 2023, un hombre se desplomó en una calle de Ámsterdam, en Países Bajos. Fue trasladado de urgencia a un centro médico y, desde entonces, su identidad se convirtió en un enigma que aún no ha podido resolverse.

El hombre habría sufrido una hemorragia cerebral o un accidente cerebrovascular que le dejó una afasia severa, una condición que puede afectar tanto la capacidad para hablar como la comprensión del lenguaje. Por eso, no ha podido decir su nombre, su edad ni explicar de dónde viene.

Una identidad escondida entre apodos

Cuando fue atendido, tampoco llevaba documentos, tarjetas bancarias u otros elementos que permitieran establecer quién era. La falta de información obligó a las autoridades de Ámsterdam a intentar reconstruir su historia a partir de los lugares que frecuentaba y de las personas que alguna vez tuvieron contacto con él.

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El caso fue asumido, aunque no se trata de una investigación criminal, por dos policías retirados, Ruud y Nel, quienes trabajan como voluntarios en un equipo dedicado a casos sin resolver en Países Bajos. Su objetivo ha sido encontrar alguna pista que permita devolverle al hombre algo tan básico como su identidad.

Una de las primeras pistas apareció en una comunidad budista de Middenweg, en el este de Ámsterdam. Allí algunas personas aseguraron conocerlo como “Lucky”, aunque tampoco tenían información suficiente para establecer su nombre real.

La investigación llevó a los voluntarios hasta una plaza pública donde el hombre solía comprar productos en tiendas y puestos del mercado. Allí tampoco existía una única forma de llamarlo, algunas personas lo conocían como “Lucky”, “Louis”, “Lee”, “John”, “Ponytail” o “Sonny”.

“Chris el canadiense”: una de las pistas

La reconstrucción de su pasado también dejó relatos difíciles de conciliar. Algunas personas aseguraron que era un hombre con mucho dinero, mientras otras lo recordaban caminando por las calles de Ámsterdam en condiciones aparentemente precarias. Las versiones aumentaron el misterio alrededor de alguien que, durante años, logró permanecer prácticamente en el anonimato.

Una pista considerada especialmente llamativa apareció en el café Soupenzo, ubicado en Waterlooplein. Allí, según los investigadores, varias personas lo identificaban como “Chris el canadiense”. Un trabajador del establecimiento contó que el hombre acudía con frecuencia, siempre acompañado de una maleta y con pedidos particulares de sopa que el personal procuraba adaptar.

Aunque su aspecto podía hacer pensar que atravesaba dificultades, los empleados recuerdan que solía llevar dinero consigo. También llamó la atención su forma de hablar, quienes tuvieron contacto con él señalaron que se comunicaba en inglés y que su acento parecía norteamericano, posiblemente canadiense o estadounidense.

Los investigadores creen que el hombre pudo haber pasado parte de su vida en América del Norte y también en Nepal. Además, las indagaciones apuntan a que pudo haber vivido de manera anónima en Países Bajos durante aproximadamente dos décadas, aunque todavía no se ha podido establecer con certeza cuánto tiempo llevaba en Ámsterdam antes de sufrir el accidente.

Hasta ahora, tampoco han funcionado los intentos tecnológicos para encontrar su identidad. Las autoridades recurrieron a bases de datos de ADN y a sistemas de reconocimiento facial, pero las restricciones relacionadas con la privacidad han limitado el acceso a fuentes de información más amplias que podrían permitir una coincidencia.

Actualmente, el hombre permanece en un centro de atención. Los especialistas que participan en su cuidado consideran que no tiene capacidad para tomar decisiones por sí mismo y, según las autoridades, pasa buena parte de sus días acostado en una cama.

Mientras tanto, los investigadores mantienen abierta la búsqueda de sus familiares. La preocupación es que pueda existir alguien que lo esté buscando sin saber qué ocurrió con él después de aquel día de mayo de 2023.

“Simplemente no puedo creer que nadie sepa quién es realmente este hombre”, afirmó Nel. Ruud, por su parte, resumió el propósito de la investigación con una frase: “Toda persona tiene derecho a una identidad, y eso incluye a este hombre”.

Las autoridades de Ámsterdam mantienen el llamado para que cualquier persona que crea reconocerlo o tenga información sobre su posible origen se comunique con la Policía. Por ahora, después de más de tres años, “Lucky” o “Chris el canadiense” continúa siendo un hombre sin nombre conocido.