Parece una historia increíble, tal vez sacada de una película de horror, pero es totalmente real.

Con tan solo 45 días de nacido, un niño desapareció del Hospital Pediátrico Universitario, en el Centro Médico de Río Piedras.

Arcilia Rosario de León nunca olvidará aquel 30 de octubre de 1972, cuando fue a recoger a su hijo, Ricardo Rolón, quien había sido dado de alta tras 16 días recluido debido a una bronconeumonía.

“Para ese tiempo mi hermana era enfermera graduada en el Centro Médico y me decía ‘vete a descansar que yo me quedo con el nene’, porque ella trabajaba ahí mismo. La cuestión es que cuando yo voy para atrás, ya el niño no estaba en la cuna. Entonces yo me fui y busqué la enfermera y yo le dije ‘¿dónde está Ricardo Rolón? Vine a buscarlo y no lo encuentro’. ‘¿No está? ‘. ‘No, no está. El bobito está en una cuna, la almohadita la tienen en otra cuna y él no está en la cuna’”, recordó la mujer, quien tuvo otros cuatro hijos, adoptó dos y crió a otro más.

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Recordó que la cuna donde se suponía estuviera el pequeño Ricardo, el cuarto de sus cinco hijos biológicos, estaba rotulada en ambos extremos con el nombre del niño y la frase “dado de alta”, algo que dijo, no debía ser así.

“Ahí empezamos a llamar a la Policía. Se llenó aquello de Policías, detectives. Hasta el sol de hoy”, detalló la mujer quien explicó que 53 años después es poco lo que se sabe sobre quien se llevó a su hijo y quién o quiénes fueron los responsables de entregárselo una mujer que no era su madre.

“Aparentemente, me dijeron de alguien que se llevó a ese nene. Una persona trigueña que bajó por la escalera corriendo”, mencionó.

La posible secuestradora visitaba durante horas al niño

Un viejo informe preliminar en papel que con el transcurso de los años se ha teñido de marrón, redactado a mano por el policía Jesús Ramírez, que para esa época trabajaba en el cuartel de Puerto Nuevo, recoge el relato de un niño de 12 años, vecino del barrio Pájaros en Toa Baja, que al parecer podía identificar a la secuestradora.

“Informó el niño (Primera Hora decidió no hacer pública su identidad aun cuando ya tendría unos 65 años) que durante el tiempo que él llevaba recluido en el Hospital, todos los días veía a una señora que iba allí y se acercaba por las cunas de los niños allí recluidos. Que el día que raptaron al niño Ricardo Rolón, él vio a la señora con el niño por bastante tiempo”.

Una de varias hojas de informes policíacos que dan cuenta del suceso ocurrido el 30 de octubre del 1972, en el Hospital Pediátrico Universitario.
Una de varias hojas de informes policíacos que dan cuenta del suceso ocurrido el 30 de octubre del 1972, en el Hospital Pediátrico Universitario. (Francisco Quiñones)

De ese mismo informe se desprende que ni la enfermera que supervisaba el ala pediátrica, ni la enfermera a cargo de la sala, ni ninguna otra de las enfermeras o el médico de turno vieron, ni sabían nada.

Según Rosario, la presunta secuestradora se acercó a la enfermera y preguntó si el niño estaba de alta, a lo que la enfermera que lo contestó que sí, “sin darle la cara”.

“La persona que fue, la enfermera estaba en otra habitación. Entonces le dijo ‘¿Ricardo Rolón está de alta?’. Y la enfermera le dijo, sin darle la cara, ‘si, Ricardo Rolón está de alta’. ‘Ah, pues si es la madre, lléveselo’, sin darle el frente. Pues ahí mismo ella cogió, se llevó a el nene. Personas que estaban allí vieron a esa persona que se llevó a el nene y salió por la escalera corriendo con el nene. Hubo negligencia ahí, porque ellos no estaban supuestos a hacer eso. Se supone que si yo voy a buscar al nene, yo tengo que firmar. Ahí no hubo ninguna firma porque la enfermera se quedó en la habitación donde estaba y la otra persona se llevó al nene", sostuvo.

Bocetos creados con inteligencia artificial, a partir de las descripciones de la presunta secuestradora, que brindaron dos testigos a la Policía en aquel entonces.
Bocetos creados con inteligencia artificial, a partir de las descripciones de la presunta secuestradora, que brindaron dos testigos a la Policía en aquel entonces. (Inteligencia Artificial)

Recordó que aunque demandaron a la institución y se les adjudicó una compensación, nunca recibieron respuestas claras o se estableció algún responsable por parte del hospital sobre lo ocurrido.

Confidencias y pistas ‘falsas’

Fueron varias las pistas y confidencias que durante el transcurso de los años, tanto la Policía como Alciria y su familia siguieron.

Una de estas pistas incluso llevó a la mujer a asumir la custodia de un niño de 12 años que Servicios Sociales (hoy el Departamento de la Familia) le entregó, y que ella crío como propio, aún cuando pruebas de sangre de la época y posteriormente de ADN, demostraron que no era su hijo.

Y es que, poco tiempo después del secuestro de su hijo, una mujer llegó hasta la residencia de Alciria, tarde una noche, afirmando que ella sabía dónde estaba el niño.

“Vino una señora donde mi cuando yo vivía en (el condominio) Los Laureles. Una tal Elizabeth. ¿Qué me dijo? Fue a mi casa a decirme ‘yo se dónde está tu hijo’. y yo le dije ‘señora, ¿cómo usted sabe dónde está mi hijo?’. ‘Si. Se donde está’. Y yo le dije ‘¿Sí? Más o menos dígame donde está’. Me dijo ‘está en la calle Cerra’. Lo tiene una señora que vive en unos apartamentos en la calle Cerra’. Yo le dije ‘Dios mío’. Y esa señora llegó tarde a mi casa. Y yo le digo a mi hermana, ‘Elba. Vino una señora aquí diciéndome que sabe dónde está mi hijo. Ayúdame, ven aquí. Por qué ahora mismo yo voy a ir buscar a la Policía para que la Policía venga y la entreviste aquí’. Llamé a la Policía, vinieron y la entrevistaron. Y ella dijo que si, que ella sabía dónde estaba el nene. Que sabía quién lo tenía, que era una señora trigueña en la calle Cerra, en unos apartamentos. La cuestión fue que me dijo ‘¿Yo me puedo quedar aquí durmiendo?’. Yo le dije ‘si, señora, Quédese’.

Bocetos creados con inteligencia artificial, a partir de las descripciones de la presunta secuestradora, que brindaron dos testigos a la Policía en aquel entonces.
Bocetos creados con inteligencia artificial, a partir de las descripciones de la presunta secuestradora, que brindaron dos testigos a la Policía en aquel entonces. (Inteligencia Artificial)

La informante fue entrevistada por la Policía, que descartó su testimonio por tratarse de una “vidente”. Sin embargo, esto no fue impedimento para que la familia intentara que los condujera hasta el lugar donde supuestamente se hallaba Ricardito. Pero llegando a la calle Loíza en Santurce, al parecer la mujer se retractó y los dejó solos sin revelarles nunca donde se hallaba el menor.

Doce años más tarde, Alciria llegaría hasta el lugar donde se encontraba el niño que algunos insistían era su hijo, guiada por un aviso publicado en un periódico, en el que un niño que tendría la edad de su hijo, buscaba a su madre. Al parecer las historias coincidían y a los ojos de muchas personas, el niño guardaba gran parecido con Alcira y sus hijos y a pedidos del Departamento de la Familia, la mujer accedió a hacerse cargo de la custodia del niño, al que crió como a otro más, aún cuando se comprobó que no era Ricardo.

Un aviso en un periódico 12 años después de la desaparición de su hijo, la llevó a criar a otro niño que le fue entregado por el Departamento de la Familia.
Un aviso en un periódico 12 años después de la desaparición de su hijo, la llevó a criar a otro niño que le fue entregado por el Departamento de la Familia. (Francisco Quiñones)

Ese menor, alegadamente fue abandonado por su madre con una mujer que vivía en la calle Cerra y que tenía una guardería de niños en Río Piedras, más o menos para los mismos meses en que el hijo de Alciria fue secuestrado.

Hace varios años, ese niño, hoy un adulto, logró mediante un servicio privado de pruebas de ADN, identificar a miembros de su familia biológica y averiguar quien era su madre, aunque encontró que esta había fallecido. Sin embargo, cómo llegó hasta la mujer que años después lo entregó al Departamento de la Familia, es una pregunta que no ha sido contestada pues aunque fueron notificados de la coincidencia de ADN, su familia biológica nunca estableció contacto con él.

Sabían quien era la secuestradora “más o menos”

Otra confidencia condujo a las autoridades a algún punto en los Estados Unidos, luego que alguien notificara a las autoridades que en ese lugar vivía una mujer con una descripción algo similar a la de la mujer que se llevó a Ricardo del hospital, y que tenía un nene “que se lo robaron en Puerto Rico”.

“La Policía, la detective dijo que más o menos sabían quién era la persona que se lo llevó, pero que la persona no estaba en Puerto Rico. La persona estaba allá afuera y yo quería ir con la detective, pero no quisieron. ‘Vamos solos. Vamos a verificar’. Porque una señora llamó ‘mira, tengo una vecina que tiene un nene que está roba’o. Que se lo robaron en Puerto Rico y vive en tal sitio’. Pero cuando la detective fue allá, ya la persona se había ido del sitio”, recordó.

Sin fotos, sin rastros y sin ADN de Ricardo

Hoy, a sus 79 años de edad y 53 de haber sido separada de su retoño, Alciria, quien es una mujer muy creyente en Dios, no pierde la esperanza de reunirse a su hijo y volverle a ver.

De hecho, conmovida hasta las lágrimas, la abnegada madre aseguró que Dios le contestó una de sus peticiones en oración y le permitió ver a su pequeño en un sueño.

“Una vez yo estoy mirando por la ventana y le digo ‘Señor, permíteme aunque sea ver a mi hijo en está noche, en un sueño. Permíteme verlo’. Y Dios me lo permitió. Yo soñé que él estaba debajo de la cama. Y que yo le decía, ‘escóndete, no salgas’. Vi a mi hijo. Dios me concedió la petición que yo le pedí a Él”, narró.

Esa visión en sueños, documentos de la investigación sobre la desaparición del menor y viejos recortes de periódicos y revistas de la época sobre la cobertura de la desaparición del menor, son la única evidencia de la existencia de Ricardo en posesión de su familia. Y es que recordó que tras su nacimiento, el niño estuvo varias veces en el hospital, por lo que ni siquiera pudieron tomarle una foto.

La mujer conserva recortes de periódico de la época sobre el secuestro de su hijo.
La mujer conserva recortes de periódico de la época sobre el secuestro de su hijo. (Francisco Quiñones)

Tampoco existen muestras de ADN de Ricardo ya que para la fecha de su desaparición, aún no existía esa tecnología, aunque de surgir algún rastro genealógico suyo en cualquier parte del mundo, no sería problema identificarlo ya que tiene otros cuatro hermanos de padre y madre, Juan, Reynaldo, Omayra y Javier Rolón, quien no llegó a conocer a su hermano pues nació al año siguiente de su desaparición.

Precisamente, crecer viendo a su madre sufrir en silencio y escuchando los relatos sobre su hermano al que nunca conoció, además de el interés de confirmar si su hermano de crianza era realmente su hermano biológico, llevaron a Javier a adquirir un kit de ADN hace algunos años y a hacerse pruebas, tanto de su ADN como el de su hermano de crianza, con la esperanza de localizar a Ricardo.

“Yo por eso me hice la prueba de ADN, para ver si alguien en otro lado del mundo, o un familiar, si es que tuvo, coincide con nosotros, pero nada”, manifestó Javier, quien añadió que funcionan, ya que tan pronto su ADN y el de su hermano de crianza fueron procesadas, se enteraron que éste último tenía un tío y un primo en Alemania y pudieron averiguar el paradero final de su madre biológica”.

“Y funciona, porque han aparecido parientes, hijos de mis primos, que se lo han hecho, que cualquier cosa que aparezca, rápido yo lo voy a saber. Pero hasta ahora no he tenido suerte”, añadió, el hombre, quien dijo que el siguiente paso en la búsqueda de su hermano será adquirir otro kit de ADN para agregar su perfil genealógico a otra base de datos privada, con la esperanza de encontrar a Ricardo.