La vocación por el servicio público fue un imán para que tres hermanas de Camuy se unieran para formar parte de la Policía de Puerto Rico, destacándose tanto en la fase operacional como en la administrativa, escalando logros en cada paso que avanzan.

“De aquí yo no me quito”

La agente Lizbelle Rivera Padín, adscrita al distrito de Toa Baja, quien dentro de un año se retirará de la agencia cuando se cumplen sus 30 años de servicio, fue la primera a la que se le despertó de niña esa curiosidad por ser policía, una profesión que le ha requerido mucho sacrificio y, a su vez, le ha llenado de grandes satisfacciones.

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“Desde que estaba en la escuela, cuando preguntaban ‘¿qué quieres ser cuando seas grande?, siempre me gustó (la profesión de policía). Ayudar a los demás me encanta y más después que salí de (la Unidad de) Saturación, que era una unidad diferente (por el tipo de intervenciones que realizaban). Cuando empecé a trabajar en (la División de) Relaciones con la Comunidad, ahí fue que me di cuenta de que eso va a ser mi vida siempre”, detalló Lizbelle en entrevista con Primera Hora.

Agente Lizbelle Rivera Padín
Agente Lizbelle Rivera Padín (Pablo Martínez Rodríguez)

Animada por un tío, ya que tenía dudas de cómo armonizar el tiempo en la crianza de sus hijas para cumplir con una profesión que le demandaba mucho esfuerzo, pensó que no podía sola. En el primer intento, en 1996, no fue aceptada y perseveró hasta que dos años después entró como cadete.

La agente no recuerda haber invitado a sus hermanas a unirse a la Policía, ya que sabía que el trabajo le consumía mucho tiempo y la alejaba de su familia, así que admitió que no querían que se sacrificaran tanto.

De novata ganó uno de los Premios Manuel A. Pérez, que son el máximo galardón en Puerto Rico que reconoce la excelencia, innovación y compromiso de los servidores públicos de carrera y confianza. Lizbelle había salvado la vida de un menor de 14 años con problemas de salud mental que pendía de un puente en la carretera PR-2.

“En ese momento yo vi todo el mundo esperando, (detuve) a una guagua de pasajeros e hice que me siguiera con autoridad y sentía que yo soy aquí la que mando, logré poner la guagua debajo de él y pudieron bajarlo, pero eso fue empezando con el teniente Daniel Quiñones”, recordó Lizbelle.

“Yo soy bien disciplinada y en ese momento me olvidé de mí misma, me metí en el medio de la carretera y eso fue bien impactante, ahí fue que yo dije: ‘de aquí yo no me quito’”, confesó.

“Ella fue mi motivación”

Luego, se le unió la hoy sargento Mayra Rivera Padín, quien en la actualidad labora en la Superintendencia Auxiliar de Responsabilidad Profesional (SARP), en la evaluación y adjudicación de querellas administrativas.

La hermana se contagió por la admiración y la disciplina que le demostró Lizbelle. Por ello, decidió a unirse en el 2003 entrando a una academia de unos mil cadetes. Ahora aspira a ostentar el rango de coronel.

Sargento Mayra Rivera Padín
Sargento Mayra Rivera Padín (Pablo Martínez Rodríguez)

El proceso de adaptación fue complicado, “bien fuerte” e impresionante, porque al criarse en Camuy no estaba acostumbrada a estar en situaciones como motines o tiroteos.

“Siempre la veía así, tan servicial. Cuando llegaba (a la casa), para ese tiempo ella estaba en Saturación y llegaba y contaba las cosas que hacía. Yo la admiraba tanto cuando llegaba uniformada y el trabajo que realizaba. Ella fue mi motivación y todavía lo es”, sostuvo la sargento, mientras Lizbelle intervino para comentar “me lo escribe a cada rato”.

“Si no es maestra, quiero ser policía”

Oneyda Rivera Padín, por su parte, estudió para convertirse en maestra, pero escogió ser policía ya que el ejemplo de sus dos hermanas le hizo inclinar la balanza a compartir la misma pasión por su trabajo.

Actualmente, se destaca en la División de Investigaciones de Uso de Fuerza del SARP.

Agente Oneyda Rivera Padín
Agente Oneyda Rivera Padín (Pablo Martínez Rodríguez)

“Yo estudiaba Educación en la universidad y me hospedaba. (Lizbelle) siempre me visitaba y me llevaba dinero y una vez surgió un accidente frente del hospedaje y yo vi cómo ella se movía y ayudaba a las personas y dije: ‘wow’ (con admiración). Después Mayra que entró a la DOT y me encantaba escucharlas a ellas y terminé Educación: si no es maestra, quiero ser policía. Las veo como un ejemplo, a la verdad que son excelentes las dos”, exclamó.

Para ingresar en la Policía tuvo que operarse la vista, ya que tenía miopía avanzada, después de eso entró a la clase más adelantada, sin más complicaciones, ya que contaba con un bachillerato.

Todas estuvieron en unidades especializadas de alto impacto y aseguraron que durante su carrera no experimentaron el discrimen o encontraron barreras para desempeñar su trabajo, por el contrario, se sintieron apoyadas por sus compañeros como si fueran sus propios hermanos.

“Saben que somos bravas, pero ellos siempre nos protegían a nosotras”, comentó Oneyda, quien se encuentra preparándose para asumir el rango de sargento. Su hermana Mayra también lo hace para ascender a teniente II.

Emanan fortaleza

Con motivo del Mes de la Mujer, Primera Hora les preguntó cómo son en el año 2026, tras librarse a través del tiempo inmensas batallas por la equidad, la lucha por sus derechos y el reconocimiento de su liderazgo. Las tres apostaron a la fortaleza que las caracteriza.

Recordaron que los valores inculcados por sus padres también fueron de gran influencia en sus vidas y siempre se sintieron apoyadas y protegidas, tanto por ellos como por su familia. De ahí nace su fortaleza, respondió el trío.

Oneyda expuso que “mujer es vida, es pasión, lucha y fortaleza”; Mayra considera que “es vida, es sabiduría, lo es todo” y para Lizbelle representa “lucha, gloria y fuerza interior”.

Nadie más ha seguido sus pasos para ingresar a la Policía. Sin embargo, su progenitora ha sido vista por Lizbelle como una buena candidata para ejercer esa profesión, porque “no se le iba una, tiene mucha astucia todavía”.

“Tiene una malicia y una precaución para evitar que pase algo”, comentó Mayra y “siempre está ayudando”, recordó Oneyda.

Durante su carrera, Lizbelle y Oneyda trabajaron juntas patrullando en el área policíaca de Bayamón y las bautizaron como “Las Amazonas”.

“Fue bueno, pero cuando supe del traslado fue un alivio para mí. Yo estaba loca porque se fuera (de traslado), no porque fuera mala compañera, al contrario, lo que pasa es que como soy la hermana mayor quería protegerla”, comentó Lizbelle.

La sargento Rivera Padín narró que no la amilanan las situaciones extremas que ha enfrentado, como motines, arrestos de fugitivos peligrosos, en las intervenciones del anticrimen y hasta la pérdida de un compañero en el cumplimiento del deber.

“Es como si perdieras un hermano, lo sientes así; lo lloras y siempre que recuerdas, es algo que se te queda en el corazón”, subrayó.

Oneyda, en su carrera, dijo que ha intervenido en puntos de drogas, diligenciado allanamientos en áreas de peligro y participado de arrestos, pero lo más que le impactó fue el caso de un hombre que la amenazó con dos machetes.

A las nuevas generaciones les recordaron que no hay límites que, aunque ser policía es sinónimo de sacrificio les llena de gran satisfacción. Aquel que decida dar el paso, debe tener siempre empatía con el ciudadano, “que tengan integridad, que esto es una profesión bien bonita, que cuando salgan de la academia regresen para tomar los exámenes de ascenso, que siempre aspiren a más”, aconsejó Lizbelle.

“Todo está en la mente. No importa tu tamaño, tu raza, color, sexo, preferencias, todo está en tu mente, en ser positivos y no mirar atrás, no tener miedo nunca, ir de frente”, afirmó Oneyda.

Resaltaron que en estos tiempos han observado un incremento en mujeres ocupando posiciones de jerarquía, lo cual es motivo de orgullo.

De acuerdo con estadísticas oficiales, la Policía cuenta con 2,887 mujeres que se dividen en 187 cadetes, 2,263 agentes, 202 sargentos, 177 tenientes II, 30 tenientes I, 12 capitán; ocho inspectoras; dos comandantes; tres son teniente coronel y tres con rango de coronel, entre ellas la superintendente asociada Diana Crispín.

La matrícula total hasta el mes de febrero alcanzó los 10,915 efectivos.