Modelo de negocio: Cuando le sacan chavos a la frustración económica
Alegados influencers intentan convencerte de que eres pobre porque quieres, no por el costo de vida.

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En estos días, varios jóvenes demandaron a un influencer alegando haber sido estafados por un esquema que vende cursos y supuestas claves para invertir en bienes raíces y alcanzar la “libertad financiera”, incluso endeudándose con tarjetas de crédito.
Su contenido sigue un libreto conocido: relojes caros, lujos, entrevistas con otros podcasteros montadas como documental de Netflix y hasta un perro con un nombre exótico.
Este caso abre otro capítulo de una vieja tradición: la idea de que el pobre es pobre porque quiere. En Puerto Rico hemos visto esta película antes. Productos de belleza, purificadores de agua, ollas, batidas para rebajar, multiniveles. Cambia el producto, no el mensaje: ‘yo descubrí algo que tú no sabes’, ‘yo escapé del montón’, ‘compra lo que vendo’ y ‘tú también puedes’.
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Ahora hasta tiene nombre: la “mentalidad élite”. Una filosofía conveniente que convierte problemas económicos complejos en un fracaso personal. Si no tienes dinero, no es por los salarios ni el costo de vida. Es porque no tienes la mentalidad correcta. Y, casualmente, un influencer, usualmente hombre, sí la tiene y está dispuesto a vendértela.
No es un negocio marginal: el mercadeo con influencers mueve millones. Pero eso no significa que las ‘personalidades’ que aparecen en nuestro “feed” tengan el ‘banco virao’. Muchos a duras penas viven de su contenido. La mansión, los viajes y el carro no prueban riqueza: son props para los likes. Hay que parecer exitoso para vender la ‘receta del éxito’.
El fenómeno impacta sobre todo a hombres jóvenes. Presas fáciles, porque desde chamacos les dimos un celular donde aprendieron que su valor como persona se mide a través de una masculinidad que premia lo que exhiben en su “feed” y confunde pedir ayuda con debilidad. Sin educación financiera, no compran un curso: compran una idea de macharrán exitoso. Lo que los captura no es la dudosa inversión, es la aspiración de por fin ser alguien.
En Puerto Rico el discurso es todavía más terrible. Una generación enfrenta alquileres altos, salarios que no dan para independizarse y una calidad de vida cada vez más difícil de alcanzar. Y aparece un tipo desde un carro de lujo a explicarles que el problema no es el costo de vida: es que “piensan como pobres”, y que estudiar y trabajar poco a poco es para mediocres.
Convertir la frustración económica de una generación en likes no es educación financiera. Es un modelo de negocio.
La movilidad social rara vez llega con un curso de $5,000; llega con disciplina, altas y bajas, ahorro y sacrificio. Pero eso no cabe en un “reel”. Mientras sigamos aplaudiendo al que vende humo, seguiremos regañando al pobre por no comprar el curso correcto.
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El autor de esta columna es periodista, analista y conductor del podcast “Puestos pa’ la mañana” con Luis Herrero.

