Así se busca proteger la bioluminiscencia de la Bahía Puerto Mosquito
Esta restauración no tendría éxito sin la ayuda de la ciudadanía boricua.
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Vieques. En una tranquila tarde, en la que las nubes lucían como pintadas en un cielo azul brillante, un pájaro carpintero pretendía flotar en el aire sobre las oscuras aguas de la Bahía Puerto Mosquito.
La belleza sin igual de la escena no dejaba ver los signos que, a casi nueve años del huracán María, todavía esta reserva natural presenta. Pero, al llegar a la entrada de la bahía, dos zonas de troncos de mangle seco que quedaron acumulados a la orilla son la muestra más visible de la necesidad de restaurar la bahía para que no se pierda la bioluminiscencia que allí deslumbra en las noches.
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En el proyecto que se ha levantado, con fondos la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, en inglés), solo una de estas áreas será restaurada. Es la zona de la curva, parecida a una S, que es la que controla el flujo de agua del mar hacia la bahía. La otra área, que no queda de frente a las corrientes marinas, quedará a merced de la naturaleza, explicó el investigador de campo y director de relaciones comunitarias del Fideicomiso de Conservación e Historia de Vieques, Mark Martin Bras.
Es, de hecho, el Fideicomiso el que lidera la restauración del mangle en esta zona de entrada a la bahía. También impactarán otra área de mangle al norte del cuerpo de agua.
La misión que tienen “es restaurar la costa, crear mangle, crear una barrera de sacos biodegradables para proteger la restauración hasta que crezca suficientemente alto (el mangle), sembrar hierbas marinas y crear acciones de reparación de hidrología, hidrodinámica”.
Para desarrollar el proyecto, el Fideicomiso creó un vivero de mangle rojo y mangle negro en una antigua escuela del barrio Esperanza, llamado Centro Barbosa de Resiliencia y para el Ambiente. Estas especies son las que, principalmente, necesitan para rehabilitar la zona afectada. En este proceso para hacer crecer los mangles necesarios para la siembra se demora entre un año a año y medio, explicó el biólogo marino, Hatuey Moin Connelly Molina.
Contó que la técnica es colocar las semillas, que son flacas, largas y curvas, en agua salubre y luego cambiarla a aguas un poco más saladas hasta que crezcan como para ser trasplantadas.
Ya algunos mangles rojos se han resembrado a orilla de la zona afectada a la entrada de la bahía. Se observan en tiestos. Estos ya han comenzado a lanzar sus raíces aéreas para asentarse en el área.
Frente a la zona ya plantada están los troncos del mangle devastados por María. Se dejó allí para evitar la erosión, proteger la plantación y que nueva semilla de la mangle logre asentarse.
Los sacos biodegradables también buscan proteger esta área que se desea restaurar con mangle. Están colocados frente a los troncos.
A la par, parchos de hierbas marinas son sembradas frente a la zona del manglar. Por la zona se observó una pequeña mantarraya.
Este proyecto está a cargo de la organización The Ocean Foundation y su asesor, el biólogo Manuel Merello.
“Las hierbas marinas, básicamente, también sufrieron el huracán María. Se perdieron muchas praderas de hierbas marinas, que mantenían la integridad del fondo de la entrada de la bahía”, explicó Martin Bras.
Mientras, el ecólogo marino y científico senior de la Sociedad Ambiente Marino (SAM), el doctor Edwin Hernández, explicó que “la razón de restaurar las hierbas es amortiguar la energía del oleaje que va a llegar hacia la zona del manglar que se está restaurando”.
También servirá de alimento a los manatíes y las tortugas marinas que llegan a la bahía.
Según se observó, sobre los parchos de hierba marina se levantan varios tubos de PVC con un pedazo de madera en el tope. Se busca que allí se posen los pájaros para que defequen en la zona y ese excremento sirva de abono.
Es vital restaurar esta zona de la entrada de la bahía, ya que controla el flujo de agua que permite la residencia y reproducción de los dinoflagelados que hacen de la bahía una bioluminiscente por espacio de 13.5 a 14.5 días.
Un movimiento de agua más frecuente, como ocurre en otras bahías, “no permite esa abundancia, ese florecimiento de este tipo de dinoflagelados al nivel de que se vaya a ver tan fuerte. Si se pierde esto, no es solo que estás perdiendo mangle, aquí va a entrar el agua y el oleaje y vas a perder el resto”, que es que la bahía continúe siendo la más bioluminiscente del planeta, explicó el portavoz del Fideicomiso.
Con esta restauración de mangles, “pretendemos mantener la forma en que el agua entra y sale de este lugar lo más exacto posible”, detalló, por su parte, la bióloga Airamzul Cabral Guadalupe.
Cubrir la zona con mangles se toma unos dos o tres años adicionales. Pero, tardarían otros 10 años para que los arbustos crezcan al nivel que se espera, promedió Martin Bras.
El proyecto también incluye la restauración de los arrecifes de coral, que serían la primera defensa que tendría la bahía de las marejadas y el oleaje.
En conjunto, este proyecto de restauración busca “eliminar los factores que contribuyen o que eventualmente podrían afectar que el lugar continúe siendo lo que hoy en día es”, puntualizó Cabral Guadalupe.
Pero, estos esfuerzos de restaurar la bahía con “infraestructura natural” no rendirán frutos si el humano no valoriza las bellezas naturales, como este cuerpo de agua, el más bioluminiscente del planeta.
Martin Bras dejó claro que “la valorización los ecosistemas existentes, de mangle, corales y hierba marina, tiene que ser de una agresiva protección. No podemos estar desvalorizando los mangles, las hierbas marinas, las áreas costeras y esas zonas donde ellos (los dinoflagelados) habitan, cuando estamos luchando tanto por restaurarlo, tanto por protegerlo y tanto por conservarlo. Tenemos que asegurarnos que nuestra postura como puertorriqueño sea una de proteger los que están existentes y saludables”.


