Una nueva secuencia de temblores despertó la pesadilla de miles de ciudadanos en el suroeste del País que anoche salieron de sus casas atemorizados por los remezones.

Algunas personas expresaron resignación ante las fuertes sacudidas, pues aseguran que se han acostumbrado a una nueva manera de vivir desde el pasado 7 de enero, pero otros no pueden ocultar el miedo que los invade tan pronto escuchan el rugir de la tierra.

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Así ocurrió con los pocos residentes que quedan en la barriada Esperanza de Guánica que esta madrugada revivieron el terror que no les permite dormir en paz.

Para María del Carmen Soto, los nuevos temblores despertaron su agonía ya que vive sola con su abuela de 92 años, quien tiene problemas para caminar.

“Yo me levanté corriendo a buscar a mi abuelita y le digo, ‘levántate, levántate’, y me dice ‘yo estoy rezando, pidiéndole a Dios, vete y acuéstate’, y como no me hizo caso, abrí los portones y me tiré para la calle. Pero después vino el otro y le digo ‘levántate’, entonces se levantó, porque ella casi no camina y se arrastró poco a poco hasta el balcón y ahí estuvo como una hora”, contó la mujer de 48 años.

Era la 1:00 de la tarde del domingo y Soto aún estaba con sus pijamas, pues no pudo dormir ante la posibilidad que surgiera otro remezón. Por eso, se quedó con sus vecinos en la calle hasta que amaneció.

“Vivir en la barriada Esperanza es un episodio porque eso es a cada rato que temblequea. Los vecinos, los poquitos que quedan se salieron de las casas y se fueron con nosotros. Ya casi no queda gente en la barriada, mucha gente se ha ido. Nos sentamos en la acerita y a cada rato se sentía que volvía, daba y paraba, así”, sostuvo.

“(Han) perdido la esperanza. ¿Qué se puede esperar ahí? ¿Qué haya uno más fuerte? ¿Un tsunami? Y cómo uno va a salir con una viejita de 92 años que le está empezando el Alzheimer y no entiende y se queda ahí, porque dice que no va a pasar nada y ella me dice ‘ya yo me encomendé a Dios y entregué mis pecados al Señor, que me perdone por todo lo que he vivido en esta vida y si tengo morir dentro de la casa yo voy a morir y ustedes se van y se salvan’”, reiteró con evidente desesperación.

Por su parte, Carmen Luz Rodríguez Aponte aseguró que los temblores la “tienen mal de los nervios”, ya que vive en un callejón aledaño al Malecón de Guánica.

“Eso fue horrible. Yo me levanté a las 2:00 de la mañana a beberme dos pastillas porque no podía dormir de un dolor que tengo y a las 2:43, fuá, y me levanté llorando, me dolía el estómago, y después llamé a mi hija y no me respondía y después ella me llamó, vente pa’cá, hice café y cuando pum, el otro temblor”, manifestó la fémina de 65 años.

Es que su residencia sufrió daños con los terremotos de enero y tuvo que dormir en el carro durante 14 días junto a su esposo, “en el parque en Lajas a agua, sol y sereno; mamá, que no es fácil, desde el primer terremoto, después me fui al barrio La Luna a casa de mi cuñado y ahí estuve un mes”.

“Yo tengo el corazón todavía que me hace así, y horita sentí dos aquí y me puse histérica, me ataca los nervios rápido, no tengo a dónde ir”, confesó.

Cabe destacar que, a pesar de los temblores que mantienen en vilo a los sureños, muchas familias optaron por visitar las playas de ese pueblo a donde no parecía suceder nada fuera de lo normal.

Mientras que en Yauco el panorama era incierto, pues los temblores del domingo también revolvieron los temores de muchos residentes.

“Lo sentimos bien fuertes, dos (temblores) que sentimos fuertes; la casa se estremeció, las puertas del garaje, nos pusimos nerviosos, pero gracias a Dios estamos bien. Fue un gran susto porque la vibración y el sonido que viene antes del mismo es angustiante porque como vivimos la experiencia del 7, ya sabemos a lo que nos podemos enfrentar”, expresó Yesenia Cedeño, vecina del sector Cuatro Calles del barrio Susúa Baja.

Yesenia Cedeño de Yauco

“Me preocupa que venga uno de mayor intensidad y que no tenemos los recursos para enfrentar una emergencia como esa. Tendríamos que quedarnos en la casa y confiando en Dios que mis padres puedan llegar y que estén a salvo otra vez”, admitió la maestra de 43 años quien tuvo a 15 familiares refugiados en los alrededores de su casa durante dos meses.

Otro yaucano, Wilfredo Rivera, el cual reside en el sector Sierra Alta de Yauco, narró su experiencia con los nuevos remezones.

“Estaba viendo televisión, la televisión por poco se me va encima a mí, estaba solo, y miré, no fue mucho porque pasó rápido. La cosa fue fuerte, lo sentí muy fuerte, pero después de eso dormí bien”, resaltó el hombre de 82 años.

En Guayanilla había poca gente transitando en las calles, asombrados por lo ocurrido.

“Yo estaba durmiendo en el carrito, fue un poquito fuerte. En esos momentos me había despertado y me dio como un poquito de terror porque uno solo, y así. Veremos a ver si Dios nos ayuda a que pase todo eso malo”, lamentó Aníbal Rodríguez.

Aníbal Rodríguez de Guayanilla

El guayanillense de 78 años asegura que duerme en su carro hace unos 15 años, al no encontrar ayuda para tener un techo seguro. Así ha tenido que enfrentar esta serie de terremotos que asechan la zona suroeste desde el 28 de diciembre de 2019.

“Yo duermo en mi carrito porque voy a todos lados pidiendo ayuda, me piden cuanta cosa hay y se las llevo, pero nada. Así que no me queda de otra que tratar de sobrevivir, y ahora con estos terremotos da miedo porque uno está solo y no tiene una familia al lado que lo acompaña”, insistió el hombre, quien pasaba el día en la plaza pública de ese pueblo.

A su lado estaba Adalberto Capó Ortiz, residente en una urbanización aledaña al casco urbano.

“Yo los siento, pero eso es normal para uno, porque cuando era muchacho me ponían a jugar cuando hacían los temblores y ahora me quedo viendo televisión. Solamente clamo al Señor y digo ‘Señor, ten misericordia de nosotros que ese es el que lo puede todo’”, señaló Capó de 78 años.

Adalberto Capó de Guayanilla

“Vivo con mi familia que estaba durmiendo y no notaron los temblores. No estoy pendiente a eso, no me preocupa, hasta ahora la casa está bien. Eso está escrito, el que ha leído sabe que estamos en principios del Apocalipsis. Siempre estoy en mi casa, cuando yo vea que pasa algo más, entonces me muevo”, recalcó.

Otras personas que paseaban por la plaza de recreo en Guayanilla provenían del sector Boquerón en Cabo Rojo a donde aseguran que sintieron la actividad sísmica.

“Fue bien difícil dormir porque sentimos el movimiento que fue bien fuerte y nos levantamos. Aunque acá, los episodios de temblores son más consecuentes, en el área donde estamos nosotros no se dan tan a menudo como antes. Hacía tiempo que no sentíamos uno tan fuerte como el de anoche”, resaltaron Jaime Reteguis y María del Carmen García mientras recorrían Guayanilla con unos amigos, tal como lo habían planificado.

Grupo de amigos de Cabo Rojo visitando Guayanilla