Un gran estruendo irrumpió la tranquilidad de la soleada mañana. Tal si fueran tambores sincronizados, 11 fuertes estallidos retumbaron los cimientos de lo que una vez fue la escuela Padre Manuel Rufo Fernández, que ubica en la calle Laredo esquina Quintana, en la sexta sección de Santa Juanita, de Bayamón.

Prosiguió un breve silencio de seis segundos, hasta que resonó un estruendo mayor con el desplome de la mitad del edificio, que desapareció detrás de una gigantesca nube blanca y desató una cacofonía de gritos de personas pidiendo auxilio y socorro, con sus rostros y camisas ensangrentadas.

Pero esto no fue una emergencia real, afortunadamente.

Relacionadas

Los “sobrevivientes” eran actores. La sangre y las heridas hechas de maquillaje.

Y es que el municipio de Bayamón aprovechó esta mañana que la vieja escuela -de tres pisos y que tenía graves daños en su estructura con 18 columnas cortas- estaba en un estado tan deteriorado que no se podía rescatar. Por eso, se planificó su demolición que se utilizó como base para llevar a cabo un ejercicio de rescate a gran escala en preparación por la posibilidad de que tengamos que vivir un potente seísmo.

“Esto es un ejercicio que hacemos cada dos años para mantener entrenado al equipo de en caso de la eventualidad de un terremoto. Dios nos proteja, pero tenemos que prepararnos para este tipo de situación”, explicó el alcalde bayamonés, Ramón Luis Rivera Cruz.

“Finalizamos los ejercicios con un (simulacro) lo más real posible; se crean distintos escenarios”, agregó el funcionario a Primera Hora.

Para derribar el plantel, se utilizaron cerca de 35 libras de dinamita, colocadas estratégicamente dentro de los salones vacíos. De esta manera, se provocó un desplomo parcial, para imitar lo que ocurrió con la escuela Agripina Seda, en Guánica, en la madrugada del 7 de enero de 2020 cuando el terremoto de magnitud 6.4 la destruyó.

El simulacro, realizado bajo las guías de Homeland Security, conllevó la implosión de un plantel escolar.

“Esto no fue una implosión total. Esto es una implosión como para simular un terremoto, como pasó en el 2020. Aquí comprobamos lo que pasaría en un terremoto de gran intensidad en nuestras escuelas; por eso es que se están haciendo los procesos de mitigar estos tipos de eventos”, detalló Benjamín Nieves, presidente de ISP, consultora especializada en manejar emergencias que trabajó en el simulacro junto al ayuntamiento.

“(Este simulacro) es una universidad de información para que nuestros rescatistas aprendan a manejar un colapso de este tipo”, agregó.

Con el fin de poner a prueba a los primeros respondedores y el personal de rescate, un grupo de cerca de 100 actores, que incluyeron a empleados municipales, de ISP y estudiantes, asumieron el rol de víctimas y sobrevivientes, cada uno con historias distintas para retar la respuesta del equipo a cómo manejarían una situación en la vida real.

Algunos gritaban de dolor, otros de pánico. Otros fingían discutir con los policías, quienes establecían el perímetro de seguridad para rescatar a supuestos niños atrapados bajo los escombros. Algunos hasta fingieron fallecer.

Para mantener la experiencia del ejercicio lo más real posible, los bomberos y la Unidad Canina, así como policías, enfermeros y trabajadores sociales, entre otro personal de emergencia -que sumó a cerca de 50 personas-, se encaminó hacia el lugar después de que se derribó el edificio. Así, se midió el tiempo de reacción y llegada del personal para atender la emergencia. El ejercicio en su totalidad tiene una duración de entre 10 a 12 horas en completar.

“No solamente es el entrenamiento a todo el personal, es también medir el tiempo que nos toma cada uno de las etapas del ejercicio”, agregó Rivera Cruz, quien indicó a este diario que se invirtieron menos de $100,000 para derribar el edificio y que aseguró que todo se llevó a cabo exitosamente.

Llegaron los expertos internacionales

El hecho de que era una emergencia simulada no hizo que el municipio escatimara en su preparación para reaccionar. Debido a la probabilidad de que un fenómeno natural ocurra en un área más aislada, o imposibilite el tramo para llegar a ciertas zonas, se probó un dron que tiene la capacidad de transportar medicamentos o comida por vía aérea.

Quizás más importante fue contar con el insumo de expertos en el manejo de emergencias. Uno de estos recursos fue Héctor Méndez, fundador de la Brigada de Rescate Topos Tlaltelolco, A.C., organización sin fines de lucro de voluntarios que rescatan, apoyan y asisten a personas durante desastres.

“Creo que aquí, este tipo de trabajo que están haciendo aquí en Puerto Rico creo que es importantísimo que lo vean en toda Latinoamérica. Al hacer este tipo de trabajo, mantiene a la gente muy activa, muy preparada, muy capacitada y… van a saber qué hacer, porque si no se hacen prácticas, la gente no sabe qué hacer”, señaló el rescatista, quien ha prestado sus servicios voluntarios durante 40 años en emergencias en su país natal México, así como en “todo el mundo”, como en otras tierras en Europa, Norte y Suramérica, el Caribe, Medio Oriente y Oceanía.

De izquierda a derecha: Edwin Olivares (sub-director de Operaciones de Emergencia de la República Dominicana), el capitán Jaime Calle Cañizares (director de la Fundación Hermandad de Fuego Gestión de Riesgo y Desastres de Suramérica) y Héctor Méndez (fundador de la Brigada Internacional de Rescate Los Topos de México).
De izquierda a derecha: Edwin Olivares (sub-director de Operaciones de Emergencia de la República Dominicana), el capitán Jaime Calle Cañizares (director de la Fundación Hermandad de Fuego Gestión de Riesgo y Desastres de Suramérica) y Héctor Méndez (fundador de la Brigada Internacional de Rescate Los Topos de México). (Ramon "Tonito" Zayas)

Méndez mencionó, además, que falta más voluntad política para “velar y salvaguardar la integridad de los ciudadanos” en una emergencia.

“No es una ocurrencia. Es un mandato legal”, puntualizó.

Jaime Calle Cañizares, bombero de Guayaquil, en Ecuador, y director de la Fundación Hermandad de Fuego Gestión de Riesgo y Desastres de Suramérica, concordó con Méndez al señalar que, aunque es importante “la sinergia en el equipo de rescate”, es “muy importante también la educación a la población”.

“La experiencia nos ha dicho que cuando tú educas al niño, educas al colegio y educas al ciudadano, este tipo de evento se puede llevar mejor. El equipo de respuesta siempre tiene que estar practicando, que exista sinergia entre los equipos y que haya voluntad política, pero la ciudadanía, los jóvenes, los niños, los ciudadanos en sí (tienen que estar) también preparados, porque ellos son los primeros que responden en una emergencia. Mientras llegamos nosotros y armamos el equipo hay un tiempo determinado, pero ellos están ahí”, manifestó al adelantar que, al finalizar el simulacro, analizaría cómo reaccionaron durante la operación.

“Yo creo que el municipio de Bayamón se fortalece con este tipo de ejercicio”, consideró, por su parte, Edwin Olivares, subdirector de Operaciones de Emergencia de la República Dominicana.

“Estamos simulando un terremoto, pero yo siempre he dicho que no tiene que haber un terremoto para que exista un colapso. Ustedes que vivieron el huracán María (2017) saben lo que es un desastre. (Por eso) no esperar ese tipo de evento (para estar preparados)”, agregó Olivares, quien ha manejado varias emergencias en su país y en el vecino Haití.

“Estudiamos en esa escuela”

El terreno donde hasta hoy erigía la escuela, es propiedad municipal. Hasta el momento, el alcalde no tiene algún plan concreto para su uso. Eso lo analizará con tiempo, anticipó.

Sin embargo, los vecinos de la comunidad que conversaron con este diario, que lamentaron el cierre hace casi una década del plantel y ahora su destrucción, consideraron que otra escuela en esa área sería ideal para beneficio de los muchos niños que residen en la zona.

“Todos los que están aquí estudiamos en esa escuela”, recordó Leyshka Fernández quien desde una loma y con celular en mano listo para grabar esperaba por observar la demolición. “Qué raro que la tumben y con explosiones, para colmo”, añadió.

Fernández, así como otros vecinos a su lado, no pudo ocultar su sonrisa al rememorar sus días como estudiante en el plantel.

“Toda la comunidad estudiamos ahí. Nunca esperábamos que la fueran a derrumbar. Creíamos que la iban a arreglar”, comentó otro vecino, quien optó hablar bajo anonimato.

Rivera Cruz resaltó, sin embargo, que los daños de la estructura eran tan graves que su rehabilitación era imposible.