Con el mal manejo de artefactos indígenas estamos “arrancando páginas a un libro que no hemos leído”
La doctora y arqueóloga Isabel Rivera Collazo ilustró el panorama actual que enfrenta Puerto Rico.
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El remover el arma de una escena de crimen es de las transgresiones más serias. Altera la investigación, deja interrogantes sin respuesta de qué sucedió y destruye evidencia científica.
Esta fue la analogía a la que aludió la arqueóloga Isabel Rivera Collazo al describir el mal manejo de artefactos indígenas que se supone cuenten nuestro pasado.
Y es que, por cuanto hay millones de restos arqueológicos por toda la isla, es responsabilidad nuestra conservarlas y asegurar que generaciones venideras puedan, también, aprender de las culturas y comunidades que los dejaron atrás.
“Los objetos, por objetos nada más, no es lo que vale. No son valiosos solamente por ser objetos. Tú tener un objeto que lo sacaste de su sitio y lo pusiste en una tablilla es lo mismo a que tú te metas en una escena de crimen, encuentras el arma del crimen, te la lleves, la limpias y la pongas en una tablilla sin haber hecho los pasos necesarios para recuperar la información para entender el crimen. Lo que es importante no son los objetos, lo que es importante es el contexto: de dónde salió, qué había asociado a él, qué otras cosas además del objeto, la tierra, dónde estaba, qué otras cosas, un montón de otra información y evidencia que podemos recuperar del objeto”, especificó en entrevista con Primera Hora.
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El desconocimiento en el manejo de artefactos indígenas en la isla amenaza la conservación, sumado a los retos que enfrenta el Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP), agencia encargada de la protección de estos bienes públicos, aseguró la profesora quien instruye adaptación humana, ecológica y biológica al cambio climático en Scripps Institution of Oceanography y la Universidad de California en San Diego.
“Imagínate un libro, un libro que nunca has leído. Si tú abres el libro y ‘randomly’, aleatoriamente, le empiezas a arrancar páginas cuando lo vayas a leer no lo vas a entender, porque le faltan páginas y no vas a saber cuántas páginas le faltan, ni qué te estás perdiendo, el sentido completo de la historia va a cambiar, porque no tiene las páginas. Eso es lo que pasa cuando la gente va a los sitios arqueológicos a hacer rotos, se lleva cosas; estás arrancando páginas a un libro que no hemos leído”, reiteró la doctora en arqueología ambiental, grado que recibió en el Instituto de Arqueología del University College London.
“Sí, los objetos son importantes, pero más importante es la información, el contexto, lo que le da significado y lo que nos deja entender la importancia de ese objeto. En la arqueología yo no puedo buscar a la persona que hizo o usó (ese objeto) y (preguntarle) ‘¿por qué (este objeto) es importante para ti? ¿Qué significa esta piedra? ¿Cómo usaste esta herramienta?’ La información está. Lo que tengo que hacer es mirar otras evidencias, como una escena del crimen”, recalcó.
Los retos, según Rivera Collazo
Puerto Rico no está exenta de intervenciones arqueológicas. Pero, los escollos que se enfrentan en el campo van más allá de la voluntad de los profesionales.
Rivera Collazo estima que uno de los mayores problemas en la isla es que las excavaciones que sí se han llevado a cabo se han hecho “muy deficientemente”, pues suelen ser laxos en la recopilación de información, “se hacen a prisa” y, en ocasiones, se utilizan los instrumentos inadecuados, entendió.
“Muchas de esas intervenciones arqueológicas dejan mucho que desear”, opinó.
“No hay una estrategia sistemática de sacarle fecha a las cosas. O sea, hay muchas cosas que están deficientes por falta de que la gente se ponga al día con la teoría. Simplemente siguen los métodos que aprendieron en los 80, 90 y 2000 y, pues, la disciplina continúa creciendo y la gente no se está poniendo al día. Eso es negativo para los sitios arqueológicos”, adujo al agregar que el hecho de que las universidades en Puerto Rico no ofrecen doctorados en arqueología es un escollo mayor.
La falta de un depósito a grande escala del ICP también atrasa la protección de artefactos, consideró Rivera Collazo.
Señaló que, a su entender, la agencia gubernamental tiene una base de datos incompleta y que tiene una falta de fondos.
“Eso es un problema bien serio en Puerto Rico. Hay una crisis curatorial. El gobierno ha estrangulado al Instituto de Cultura y hay muchas cosas que simplemente no pueden hacer, no tienen personal, hay bastantes problemas ahí”, indicó.
“Hay un montón de problemas que son de urgencia y no se están atendiendo con urgencia”, puntualizó.
El saqueo
El pillaje y la venta ilegal de artefactos es un mal social que ocurre en Puerto Rico también. Rivera Collazo sostuvo que es, precisamente, la falta de “responsabilidad legal” de parte de la ICP que lo ha facilitado.
“Obviamente que no haya un depósito (adecuado) es un problema, pero el saqueo en realidad es porque no hay manera de educar, no hay los recursos, ni la inversión gubernamental en estos momentos para contribuir en la educación de por qué esto es importante”, sostuvo.
¿Y la subacuática?
Pese a la existencia de la Ley de Protección, Conservación y Estudio de los Sitios y Recursos Arqueológicos Subacuáticos, esta rama de la arqueología está “aún más atrasada” que la terrestre, consideró la experta, quien está especializada en esta rama.
“El (Consejo para la Conservación y Estudio de Sitios y Recursos Arqueológicos Subacuáticos) está abandonado. Desde los 90, no se ha hecho nada, no tenemos un inventario, no hay reuniones del Consejo…no hay un programa de educación, no hay un sistema de protección”, expuso.
¿Qué hago si encuentro un artefacto?
Los suelos de Puerto Rico aún guardan miles y miles de artefactos que dejaron las culturas indígenas que pasaron por nuestro archipiélago.
Al ser rastros de nuestros ancestros, son patrimonio cultural, dicta la Ley del Consejo para la Protección del Patrimonio Arqueológico Terrestre de Puerto Rico. Un ciudadano no tiene el derecho de adueñarse de ellos.
“Se declara de utilidad pública y patrimonio del Pueblo de Puerto Rico todo sitio, objeto, yacimiento, artefacto, documento o material arqueológico que sea reliquia del pasado del hombre, ya sea material de la naturaleza, o ya sea construido por el hombre, que exista o se encuentre en o bajo la superficie de la tierra, en la jurisdicción del Estado Libre Asociado de Puerto Rico”, lee la primera sección de la Ley.
Si bien es cierto que algunas personas retiran objetos que encuentran con la intención de “conservarlos”, hay quienes lo hacen con la intención de generar valor económico, exponerlos exclusivamente en sus hogares o venderlos en el mercado negro, una crasa violación de la Sección 9 de la Ley y la Sección §470ee de la Ley de Protección de Recursos Arqueológicos (Título 16, Capítulo 1B del Código de Estados Unidos).
“Es sumamente triste ver cómo cosas tan increíblemente especiales y únicas las encuentran los saqueadores, destruyen toda la información asociada que da una colección y nadie las va a poder nunca jamás”, lamentó la experta.
“Eso la gente no lo va a poder ver, no lo va a poder estudiar. Estos objetos y sitios arqueológicos son patrimonio de nuestra gente, son la información que nos robó la historia y cuando estas cosas caen en manos de coleccionistas no se vuelven a ver. Se está moviendo algo a propiedad privada restricta, algo que es de todo nosotros, que es nuestra historia, que es nuestra identidad, es nuestro pasado y…es información de un pasado que nosotros sabemos muy poco porque los procesos históricos y la violencia histórica nos las robó. Entonces, eso es un doble robo”, sostuvo.
Aquellos que encuentren artefactos deberían, por Ley, notificarle al ICP de su hallazgo. Es la agencia gubernamental quien tiene el deber de hacerse cargo de su custodia.
Esta notificación se debe hacer dentro de 30 días del hallazgo. El incumplimiento podría constituir en un delito menos grave con pena de multa no menor de $300 ni mayor de $500 o reclusión por un término no menor de 10 días ni mayor de seis meses o ambas penas, a discreción del tribunal.
Por eso, es recomendable dejar el artefacto en la tierra donde se encontró, pues una vez se retira de dónde ha estado enterrado por largos siglos, también comienza su degradación.
“Esto es bien importante, porque pienso que mucha gente va a un sitio arqueológico y ve una cerámica en el piso y dicen ‘ah, esto aquí no lo cuidan. Mira cómo está esto aquí perdiéndose’, pero no. Está donde estuvo. Lleva miles de años en ese punto y si lo sacamos de ese lugar, está bien que esté allí, si lo sacamos de allí sin recuperar toda la información asociada, como si fuera una escena del crimen, destruimos la evidencia. Lo que más importante es el sitio arqueológico, el contexto”, dijo Rivera Collazo.
“Si yo voy caminando por ahí y veo cerámica en el piso…le tomo fotos y la dejo ahí. Le puedes sacar un montón de información solamente con mirarla. Si está enterrada, no la saques. Déjala ahí. La tierra misma es parte del contexto arqueológico”, repitió.
Aquellos que reciban el permiso del Consejo para la Protección del Patrimonio Arqueológico Terrestre de Puerto Rico para trasladar o retirar un objeto de su lugar original deberá hacer una descripción acompañada de ilustraciones o fotografías exactas de los objetos; el destino fuera de Puerto Rico al que serán trasladados y el propósito o razón para el traslado; el medio de transportación y sistema de empaque de los bienes u objetos; las garantías que se ofrecen de su regreso a Puerto Rico y el tiempo que estarán fuera de Puerto Rico. El Consejo suele permitirlo para fines analíticos.
Cabe destacar que artefactos indígenas que se encuentran en el desarrollo de proyectos sufragados con fondos federales o construcciones de edificios federales suelen ser protegidos por las leyes federales y llevados para ser conservados a los Estados Unidos.
Si un arqueólogo se encarga de la conservación de algún artefacto, es su deber “ético” almacenarlo en condiciones adecuadas para asegurar su perpetuidad.
“La marquesina o el cuarto de una casa no tiene las condiciones correctas para la preservación a perpetuidad de estos materiales. Una vez sacamos los materiales de la tierra, eso hay que darle mantenimiento a perpetuidad, por el resto de la vida, literal por generaciones y generaciones. Los arqueólogos de las generaciones anteriores se están muriendo y ¿qué pasa con todas las colecciones que estaban en sus casas?”, cuestionó la también exdirectora del programa de arqueología en el ICP.
“Si los pones (los artefactos) en bolsas que no son las correctas, los pones en cajas con ácido o el papelito donde escriben la información se descompone o se borra la información, todas esas son cosas que son problemas que estamos enfrentando una vez se excavan los sitios arqueológicos. No solamente es sí, vamos a excavar, es qué vas a hacer una vez lo excavas”, continuó.
Luz al final del camino
No todo son malas noticias. Rivera Collazo elogió los esfuerzos de la comunidad arqueóloga, particularmente la caribeña, pues en los pasados 10 años se han hecho grandes avances.
“En Puerto Rico hemos llegado al punto de que hay un montón de información. Que la calidad de la información varía, pues sí, pero…hay mucha información y podemos empezar a cuestionar las cosas que asumíamos que sabíamos”, expresó.
Reconoció que paulatinamente los expertos se han desligado de opiniones sesgadas de las culturas que vivieron en este archipiélago. También, celebró el acceso a tecnología para facilitar investigaciones sin precedentes, como la investigación “Lidar Inspection for Indigenous Architecture at Caguana Ceremonial Complex, Borikén” de Rivera Collazo, su estudiante Eric Rodríguez Delgado y Marisol Rodríguez Miranda que identifica caminos y posibles plazas ceremoniales no antes conocidas.
Mencionó que se está estudiando la localización de bateyes para observar, a nivel isla, su distribución y si existieron caminos que los unían, entre otros análisis novatos.


