Guánica. Tras el impacto de la actividad sísmica en Puerto Rico, el futuro y la reapertura del cayo Aurora, también conocido como isla Guilligan, son inciertos.

La isla se encuentra a siete kilómetros de lo que fue el epicentro del terremoto de magnitud 6.4, el más fuerte de la cadena de movimientos terrestres ocurridos a inicios de enero de 2020. Como resultado de los sismos, hubo una subducción (hundimiento) del suelo marino de unas cuatro a seis pulgadas, según estima la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés).

“Al sufrir la subducción del suelo marino, hay más instrucción de agua salada dentro del cayo, lo que ha minimizado el espacio abierto para que las personas puedan venir a recrearse como lo hacían en el pasado”, explicó la bióloga Darien López Ocasio, directora del Bosque Seco de Guánica.

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La científica detalló que el cayo contaba con una capacidad para la interacción de unas 350 personas, espacio que se ha reducido a menos de la mitad. Por otra parte, agregó que las estructuras como los gazebos y las barbacoas sufrieron daños, por lo que fueron demolidas por seguridad.

“Lamentablemente, el impacto es irreversible. También, a esto añadimos que el cayo llevaba ya años mostrando síntomas de una erosión acelerada debido al aumento en el nivel del mar y el cambio climático. Así que ya llevábamos años viendo cómo íbamos perdiendo un poco más de isla. Y luego, ahora con la subducción que crean los terremotos, es menos el espacio abierto que queda aquí en la isla”, agregó la bióloga.

El acceso a cayo Aurora se encuentra totalmente cerrado, incluso a los tres concesionarios certificados por el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) que acostumbraban transportar visitantes en el pasado. Sin embargo, embarcaciones privadas, kayaks y motoras acuáticas pueden llegar a la zona, pero tienen que mantenerse de las boyas hacia afuera. Dentro de los canales solo se permite que el público pueda nadar y recrearse.

El público no visita cayo Aurora desde los terremotos de 2020, por los daños que sufrió; solo se puede llegar en lanchas privadas, pero no pueden entrar a la isla.

“Se mantiene cerrado y no sabemos hasta cuándo o cuál va a ser el uso futuro del cayo. Estamos en el proceso de someter a FEMA toda la documentación pertinente y luego estamos coordinando para realizar un estudio de cambio de límite aceptable”, advirtió López Ocasio.

El estudio de carga investigará el uso, desde la perspectiva de cantidad de visitantes, qué se permitirá hacer en el recurso natural de manera que se afecte lo menos posible debido a la presencia humana. Una vez se logren obtener los resultados del estudio, se determinarán las estrategias futuras para la posible apertura del cayo.

Hace unas semanas, este diario acompañó a un grupo de investigadores que visitaron la isla para colocar instrumentos que medirán los cambios en la subducción del cayo a largo plazo.

En el otro lado de la moneda, los sismos han beneficiado la regeneración de la vegetación de forma natural en el cayo Aurora. La isla se está llenando más de emajagüilla y mangle rojo, negro y blanco.

“Al tener más intrusión de agua salina, las plántulas de mangle rojo están creciendo más. La vegetación se está restaurando, hemos visto más biodiversidad en términos de la bifauna que estamos viendo aquí en el cayo”, concluyó la bióloga.