Está muy lejos de ser un simple pedazo de mármol o cemento adornado con hermosas flores y con el texto grabado: “Siempre te recordaremos”.

Es mucho más. Se trata de un sacrificio de amor. Un recordatorio de quién fue en vida, sus huellas y su tránsito interrumpido por este mundo. Es también un reflejo del sufrimiento del que se queda.

En su mayoría, se trata de monumentos erigidos en respeto a víctimas de accidentes de tránsito, pero sirven también como advertencia para los conductores de la zona.

Culturalmente, es una de tantas tradiciones a través de las cuales los puertorriqueños recordamos a nuestros seres amados luego de su partida física, detalló el sociólogo José Luis Méndez. Junto a las cruces a la orilla de las carreteras, están el luto, las misas de aniversario, la visita periódica al panteón y ese ofrenda floral que no puede fallar. Eso sí: cada ritual, cada gesto y cada cruz es única. Cada una tiene su historia.

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Algunas -al igual que ocurre con los panteones- tienen quién las cuide. Otros van personalmente y dejan rosarios, cartas, globos, peluches o hasta un detalle que recuerde cuál fue el deporte o trago preferido del fallecido.

Con el tiempo, la tradición se ha ido perdiendo y hay cruces que yacen abandonadas y prácticamente perdidas entre maleza.

Se dice que la costumbre de ubicar cruces a la orilla de la carretera inició como una forma de adoctrinamiento que usaron los españoles para inculcar el cristianismo. Fue además la respuesta a la necesidad de simbolizar el descanso del alma del infortunado muerto.

“Para el puertorriqueño hacerle honor a sus muertos es muy importante, pero también lo es para otras culturas”, se limitó a decir Méndez.

Es indiscutible que existe una tendencia en diversas culturas a sacralizar el lugar donde muere una persona como alternativa para mantener el recuerdo vivo, “capturando el espacio como lugar simbólico que, de algún modo, retiene la vida”.

“Las capillitas o cruces son espacios simbólicos, escenario de rituales destinados a lograr que el difunto descanse en paz, evitar que vivan en pena e impedir que el alma del difunto ande molestando o espantando a los vivos”, según el portal noticiaspv.com

Como tantos otros ritos nuestros, éste, según expertos que han estudiado el tema, tiene raíces africanas. Estos creían que mientras alguien te recordara, el espíritu permanecía fuerte.

Para el reverendo David Álvarez, esta expresión es parte de nuestra cultura, tanto de fe como cristiana “de recordar a estas personas que han fallecido”. “La cruz es un símbolo cristiano y la mayoría de nuestro pueblo es cristiano”, dijo el obispo de la Iglesia Episcopal.

Felipe Lozada abundó que esta creencia va más en la línea popular y está fuertemente afincada a la religión católica. “Es una costumbre antiquísima, la cual los evangélicos protestantes no la tenemos como parte de nuestra costumbre”, señaló el obispo luterano.