Prohibido olvidar el cruel fin de Abimael
El agente de 40 años y padre de dos niños fue asesinado en Año Nuevo durante una intervención.

Nota de archivo: esta historia fue publicada hace más de 13 años.
PUBLICIDAD
Cabo Rojo. Su cruz es azul con rayas blancas, pintada igual que su patrulla. Las flores que la rodean, también azules, recuerdan que allí murió un policía. Un sapo se cuela por entre los ladrillos que enmarcan el altar improvisado para beber del agua acumulada en los cristales de las velas, mientras miles de carros pasan frente a esa cruz, a velocidad, por la PR-100.
A poco más de un año y medio de aquella trágica madrugada del primero de enero del 2012, todavía se desconoce quién mató al sargento Abimael Castro Berrocales. Pero sus amigos se ocuparon de que “nadie olvide que aquí murió una persona que velaba por la seguridad de todos, mientras estábamos celebrando”.
Relacionadas
Con estas palabras, Isidro Santaliz, un amigo de crianza del ultimado director de la División de Patrullas y Carreteras en Mayagüez, perpetuó la memoria del sargento, ascendido a teniente póstumamente. Ese rango elevado ha sido lo más que ha podido obtener después de su muerte, porque la justicia no ha desvelado a su asesino.
Norberto “Cholo” Irizarry, un soldador marino, se ofreció a hacerle la cruz en metal. En diciembre pasado, a poco de cumplirse el primer aniversario de su muerte, un sacerdote y varios familiares, amigos y compañeros de la Uniformada y la División de Tránsito, que el occiso dirigía, celebraron una ceremonia en el lugar donde colocaron la cruz, en el Km 1.0 de la referida vía.
“Con esta cruz, que significa el sufrimiento de nuestro señor Jesucristo, cada vez que pasen las personas dirán que allí falleció un oficial en el cumplimiento de su deber”, acotó Santaliz. Allí se proponen reunirse para el segundo aniversario, y así sucesivamente.
Neftalí Castro Feliciano, hermano del occiso, dijo estar preocupado porque “no se ha hecho justicia en este caso. Nadie nos informa nada sobre la muerte de mi hermano”.
Este hizo un llamado al Departamento de Justicia a “que traten de aclarar este caso para el mejor beneficio de los hijos de él, mis tres sobrinos; así como para el padre y la madre y nosotros los hermanos de él, que hemos sufrido la pérdida”, concluyó.
Por su parte, la capitana Marisol Sanes, ex compañera de trabajo retirada de la Uniformada, explicó que “tenemos cierta frustración porque vemos que ha pasado el tiempo y la investigación no ha avanzado nada. Nada se sabe”.
La capitana, quien fue amiga de Castro Berrocales, expresó además que “nosotros somos vecinos de sus padres (ella y su esposo también retirado de la división de Tránsito, el teniente Jorge Arroyo) y lamentablemente la salud de los padres de Abimael se ha deteriorado grandemente al no saber qué fue lo que pasó ese día y al saber que no ha avanzado la investigación”, concluyó.
A finales de enero de 2012 la fiscal de Distrito, Blanca Teresa Portela, había dicho que el caso estaba “bastante adelantado”. Castro Berrocales fue ultimado a tiros en Año Nuevo, supuestamente durante una intervención de tránsito, en la que el sujeto se fue a la fuga. Portela confirmó para entonces que se había identificado a un sospechoso.
Meses más tarde, el Negociado Federal de Investigaciones (FBI) ofreció $50,000 de recompensa para la persona que pudiera ayudar a esclarecer el asesinato del teniente, pero no ha dado resultado.
Castro Berrocales tenía 40 años y llevaba 20 años trabajando en la Policía. Había entrado a trabajar ese día en el turno de las 4:00 de la madrugada. Este natural de Añasco y dejó huérfanos a tres hijos y a su esposa viuda.

