La sequía que afecta a Puerto Rico “representa un reto adicional para nuestros agricultores”, aceptó el secretario de Agricultura, el agrónomo Irving Rodríguez Torres.

Pero, por lo pronto, la agencia sólo puede extender una promesa de que se trabajará en “forma coordinada” y “planificada”, en momentos en que se prevé que se ejecuten planes de interrupciones programadas del servicio de agua potable.

“De agravarse las condiciones, el gobierno puede evaluar la activación de programas de emergencia, tal y como ha ocurrido en eventos anteriores”, precisó el titular.

El secretario no ha tipificado cuán crítica está la situación de la agricultura por la sequía. Pero, expresó en una conferencia de prensa en La Fortaleza que “las sequías en las costas van a depender de la montaña, porque como les dije, por canales de riego, esos canales de riego se alimentan de la montaña. Así que no hemos visto todavía un estado de emergencia en la montaña, que es lo que va a afectar a toda la Isla, prácticamente”.

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Dijo que, por lo pronto, “nuestro llamado al sector es a mantenerse atentos a los avisos oficiales del gobierno central, prepararse con anticipación y adoptar medidas cautelares ante las condiciones meteorológicas que se han venido informando. En aquellos casos en que corresponda, exhortamos a seguir las disposiciones y planes de interrupción programada, según vayan siendo implementados por las autoridades competentes”.

Irving Rodríguez Torres, secretario de Agricultura.
Irving Rodríguez Torres, secretario de Agricultura. (Suministrada)

El agrónomo detalló que las zonas agrícolas más afectadas por esta sequía que se experimenta es el sur y sureste. Esto deja un impacto principal en “cultivos de vegetales, frutales, como el mangó, y farináceos, como plátanos y guineos”, los cuales predominan en la zona.

“Estas industrias dependen en gran medida de los sistemas de riego, ya sea mediante canales o pozos profundos. Mientras continúen las lluvias en la zona montañosa que alimenta los embalses y canales de riego, estos sistemas podrán seguir supliendo agua a la mayoría de las fincas. No obstante, aquellas operaciones que no cuentan con infraestructura de riego podrían comenzar a experimentar afectaciones”, indicó el funcionario a Primera Hora.

Añadió que “en el noroeste predominan los pastos para heno y pastoreo, además de plátanos, raíces y tubérculos. Muchos productores cuentan con canales de riego o pozos profundos que ayudan a mitigar los efectos de la falta de lluvia. En la zona norte, donde existe una importante concentración de ganadería de leche, ornamentales y plátanos, las fincas que no disponen de pozos profundos, charcas de retención u otras fuentes alternas de agua son las más vulnerables”.

Por el momento, Agricultura no cuenta con informes de pérdidas de plantaciones o muerte de animales atribuibles a la sequía. Tampoco se ha reportado abandono de trabajadores de las fincas, debido a que no pueden trabajar bajo estas condiciones secas y calurosas.

En términos generales, el agrónomo explicó que los cultivos de la Isla son principalmente “tropicales”, por lo que toleran las altas temperaturas que se registran.

“Sin embargo, eventos prolongados de calor extremo pueden afectar particularmente algunos cultivos, especialmente los vegetales de hojas, aunque actualmente no nos encontramos en la temporada alta de producción de estos cultivos”, dejó claro.

Sequías pasadas, como la registrada en el 2015, impactaron principalmente la industria de la grama, forraje y plátanos. Estas tres industrias acapararon el 87% de las pérdidas. Le siguió el sector del ganado con un 4% en su impacto, según estadísticas suministradas por Agricultura.

Las pérdidas en esa sequía, que llegó a nivel extremo, generaron pérdidas en el sector agrícola de $12 millones.

Para afrontar las condiciones secas en la actualidad, el secretario insistió en que la mejor alternativa que tienen los agricultores es contar con su propio sistema de agua, ya sea mediante charcas, tanques de reserva, pozos profundos o franquicias de agua debidamente autorizadas. No recomendó el uso del agua del mar.

Aseguró que “los productores que cuentan con infraestructura de riego, pozos profundos, charcas de reserva y tanques de almacenamiento tienen una mayor capacidad para enfrentar periodos de baja precipitación. Durante los pasados años muchos agricultores han fortalecido esa infraestructura mediante programas de incentivos del Departamento de Agricultura y del Servicio de Conservación de Recursos Naturales (NRCS). A quienes aún no cuentan con estas alternativas, les recomendamos considerarlas como una inversión prioritaria para fortalecer la resiliencia de sus operaciones”.

Ahora, con la entrada en vigor del nuevo presupuesto, el secretario informó que hay disponibles $63.1 millones para incentivos para agricultores. Entre los incentivos que destacó está uno que los agricultores pueden solicitar en las regiones agrícolas de $12,000 para infraestructura. Señaló que este dinero se puede utilizar para la compra de cisternas, otros equipos o construcciones para almacenaje del agua. Si el agricultor necesita una mayor cantidad de dinero, puede solicitar un incentivo estatal de hasta $250,000, informó.

Mientras, para la industria lechera, también afectada por la sequía, se separó un incentivo de $12.2 millones.

“La exhortación siempre es, al que no tenga la infraestructura, ahora que estamos enfrentando el año fiscal nuevo y tenemos el dinero disponible, es bueno que vayan pensando en una infraestructura de agua. No pueden depender del sol y las estrellas”, sostuvo.

Por otro lado, de iniciarse el plan de interrupciones programadas de agua potable, la prioridad para el suministro sería para la ciudadanía en general, reconoció Rodríguez Torres.

“En el caso de los agricultores, las situaciones deberán evaluarse individualmente para determinar la viabilidad de alternativas como franquicias de agua provenientes de pozos o fuentes fluviales, según corresponda y conforme a la reglamentación vigente”, explicó.

Por último, el secretario de Agricultura informó que aquellos agricultores afectados pueden conseguir ayudas mediante programas federales, como el Noninsured Crop Disaster Assistance Program (NAP).

Entre los requisitos del programa está que el agricultor genere menos de $900,000 anuales en cultivos para consumo humano o animal, como frutas, vegetales y forraje.

“El NAP es lo que cubre a los agricultores a través de toda la nación para desastres, que no están cubiertos por los seguros agrícolas. Así que estaremos vigilantes a la situación”, concluyó el secretario.