Guayanilla. El café boricua está sufriendo a causa de la sequía.

Los granos verdes se caen al suelo. Los otros que quedan en el arbusto maduran antes de tiempo, entonces quedan a merced de que queden vanos a causa de la deshidratación o los dañe la broca del café.

En resumen, este es el efecto que la sequía extrema ha tenido en una gran plantación de café en el barrio Jagua Pasto, de Guayanilla, conocida como la Finca Roig.

“Esta sequía es devastadora”, afirmó José Luis Roig Franceschini, agricultor propietario de la marca Café Roig, al mostrar a Primera Hora el daño que ha hecho el clima extremo a su plantación en Guayanilla.

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El impacto real se percibe cuando el grano se echa al agua. La mayoría queda flotando, señal de que es café “de segunda” o está dañado.

Para ejemplificar, el agricultor tomó una cubeta llena de agua y echó unos 100 granos de café. La inmensa mayoría flotó. Solo cuatro granos quedaron en el fondo.

Según los análisis que ha realizado el agricultor del café, cuyos granos están listo para recogerse, “nos está flotando el 69%”. Flota, porque no tiene el peso a causa de la deshidratación o del daño que le ha hecho la broca, la plaga principal que afecta a este grano.

¿Qué sucede? Que en otros años, la incidencia del café vano puede ser un 4%, un 5% por ‘default’, por naturaleza. Yo veo esto y me dan ganas de irme para casa”, añadió frustrado.

José Luis Roig Franceschini, agricultor propietario de la marca Café Roig, muestra el daño de la sequía a su finca en Guayanilla.
José Luis Roig Franceschini, agricultor propietario de la marca Café Roig, muestra el daño de la sequía a su finca en Guayanilla. (Frances Rosario)

La finca y su siembra

La finca guayanillense fue fundada en el 1876. Roig Franceschini es la cuarta generación de su familia a cargo de las 540 cuerdas, de las cuales 45 están sembradas de café. Allí hay unos 100,000 arbustos. Otras 103 cuerdas tienen pasto sembrado y el resto se mantiene bajo conservación, ya que de allí nacen unos siete manantiales.

La finca viene de recuperarse de los estragos dejados por el huracán María, en los que se perdieron 150 cuerdas de café.

Roig Franceschini comentó que se requirió iniciar nuevamente la siembra de café y esperar tres años para ver la cosecha. De hecho, estaba en planes de ocupar más terreno con nuevos arbustos de café cuando llegó la sequía.

Primera Hora observó cómo los pequeños arbustos tienen las hojas superiores secas.

Los arbustos más grandes muestran hojas amarillentas. Otros las han perdido a causa del clima.

En la finca Roig, el café se siembra bajo la sombra de árboles nativos, como el Guaba, Moca, Guamá y Capá Prieto. “Todos leguminosos, que cuando esa hoja cae al suelo se descompone, fija nitrógeno y crea nutrientes”, explicó el agricultor.

Para la cosecha de este año, los arbustos de café dieron cinco florecidas, “cosa que no es usual”, destacó el agricultor, al mostrar orgullo de su plantación a la que dice haber abonado con gran empeño.

Con toda la dedicación que puso en los primeros meses del año, esperaba alcanzar una cosecha de 400 quintales de café.

La primera florecida ocurrió en enero. Siete meses pasaron y se supone que esta primera florecida esté lista para recogerse en este mes de agosto.

Pero, a pesar de que el café está bajo sombra, hace dos meses que en la finca no llueve. Además, ha estado expuesta a temperaturas tan altas como 96 grados Fahrenheit e índices de calor de 126 grados, según mediciones que se han tomado en el terreno.

El impacto

“Debido a esas temperaturas y a que no llueve, el café se nos ha dañado en el sentido de que está vano. ¿Y qué es eso de que está vano? Pues, que no, que no llega a su peso”, sostuvo, al mostrar tres libretas de datos que guarda de todo el proceso que se lleva en la finca.

Roig Franceschini cortó con una navaja varios granos para mostrar cómo es el café vano o deshidratado. Su apariencia es similar a las capas de una cebolla. No se ve compacto, como debería ser. Además, no tiene el mucílago o “la baba” que juega un papel crucial en definir el sabor a la hora de preparar una buena taza para el consumo.

Otros que cortó estaban negros o empezando a ponerse negros. Son señal de que la broca les ha llegado.

La broca es un pequeño escarabajo que crea una plaga. Su misión es dañar el café.

“El gourmet, el filete para la broca es el tiempo seco. Es cuando más ataca. O sea, se acompaña a la sequía a deformar el grano, porque no hay suficiente agua. Y, entonces, el poquito bueno que hay o mucho de ese que puede estar bueno, ya está brocado”, lamentó.

Se le preguntó si existe un plaguicida para atacar esta broca, pero lo primero que soltó es que no aparecen empleados para recoger el café. Comentó que la mejor manera de matar la plaga es recoger el café.

Roig Franceschini seca su café al sol. En este proceso, también ha notado la diferencia que causa la sequía con este café que flota en el agua.

“En vez de cogernos cuatro días de secado, nos coge casi 12 días”, expuso.

“¿Por qué lo estamos secando (el grano que flota)? Porque hay algún grano de ese café, que puede estar bueno. El café son dos cotiledones. Son dos granitos. Esos dos cotiledones, a veces hay unos dañados y hay unos buenos, pero el malo se lleva el bueno. Se va para arriba (a flotar). Y nosotros estamos buscando de ese café, que es el 69% que flota, pues sacarle algo que sea para café segunda”, precisó.

El agricultor comentó que ese grano que logren separar lo venderá al mercado abierto.

En cambio, los granos que no flotaron y son detectados en buen estado, que representan el 31%, los usará para realizar su Café Roig.

“Los sabores sensoriales de nuestro café en la catación son a chocolate, son nueces, caramelo. Eso es por la situación geográfica”, comentó el agricultor para destacar la calidad que requiere para su marca.

La pérdida

El café se mide por “almud”, que es una medida española que representa unas 28 libras. De cada almud que se ha recogido y echado al agua, el promedio es que el 69% flota, según los cálculos recogidos en los análisis que hace Roig Franceschini en su finca.

Para demarcar la pérdida, comentó que recoger un almud de café tiene un costo promedio de $20, ya que paga a sus empleados $11.62 la hora. Pero, en el mercado de venta, el precio fijo y que los agricultores han reclamado que se aumente el precio es de $18.

“Y tienes el 69% del café dañado. Yo se lo voy a decir, usted lo pone como usted quiera, pero me llevará el demonio si sigo recogiendo café así. No es costo-eficiente recogerlo. Porque, pues, nos sale mucho más caro que lo que lo vamos a vender. Pero, aquí hay una cosa que se llama amor a lo que hacemos. No me gusta ver 700, 800 almudos (sic) de café en la finca perderse, aunque no sea costo-efectivo recolectarlos”, sentenció.

Promedió que de 400 almudes de café que proyectaba recoger, unos 276 serían de café dañado. Dijo que representaría un promedio de unos 15 quintales de café arruinados, para una pérdida aproximada de $18,000.

La esperanza que tiene el agricultor es que todavía le quedan cuatro meses para recoger café. Dijo que necesita unos cuatro buenos aguaceros para cambiar el rumbo y que el café se forme como es debido. Sin embargo, las proyecciones meteorológicas indican que la sequía pudiese extenderse hasta finales de año, cuando culmina la cosecha de café.

Mientras la lluvia no llega, el agricultor reclamó que se apruebe el alza en el precio del café. Demarcó la necesidad, al exponer que ahora mismo recoger café sale en unos $20 el almud y el pago aprobado por el Departamento de Asuntos del Consumidor es de apenas $18 el almud.