Vega Baja. Ante un clima tan caluroso como el de Puerto Rico, hacer que las vacas sean felices es la mejor opción que tienen los ganaderos para producir más leche.

En Martínez Dairy, una vaquería pequeña y agroturística, hacen todo lo posible porque esa felicidad no tan solo se les transmita a las vacas, sino que los humanos se contagien.

Fue uno de esos días en que el récord de calor, ante el inicio de este verano, se rompió. Los turistas, la gran mayoría de pueblos tan distantes como Juana Díaz, llegaron con sombrilla en mano para tratar de cubrirse de la inclemencia del sol durante su recorrido por la vaquería, ubicada en el barrio Pugnado Adentro de Vega Baja.

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Las vacas, sin embargo, pastaban sin ningún remedio bajo los inclementes rayos. Son estas altas temperaturas una de las principales razones por las que la producción de leche en la Isla es casi menos de la mitad que la que se da en países más fríos, como los Estados Unidos, explicó Pablo Martínez Loarte, quien representa la tercera generación en hacerse cargo de la ganadería.

Algunos niños fueron llevados con botas de granjeros y hasta vestiditos de tela blanca con manchas negras, como las de las vacas. Iban preparados para saltar en los charcos, darles comida a las vacas y disfrutar su experiencia en una vaquería.

Jeilany Ortiz Adorno disfruta de tocar el piano para que  las vacas se sientan más relajadas.
Jeilany Ortiz Adorno disfruta de tocar el piano para que las vacas se sientan más relajadas. (WANDA LIZ VEGA)

Pero, Martínez Dairy, es una vaquería singular. Todo estaba tan limpio y preparado para que los turistas pudieran disfrutar con las vacas, sin nada de fango ni sucio alrededor. El único problema parecía ser el calor.

El grupo esperó impaciente para recibir su VacaTour. Los niños eran los más emocionados. Querían correr a ver las vacas antes de pasar por el proceso de la charla.

Es que Martínez Loarte ha convertido la experiencia de visitar una ganadería en una educativa. Por ello, inició con dar a conocer los inicios de sus abuelos en la industria agrícola hace 58 años con campos de caña, que luego fueron transformándose hasta convertirse en la vaquería que es hoy en día.

“Cuando las personas nos visitan van a aprender todo nuestro trabajo. Desde que nace la vaquita hasta que ese vaso de leche llega a la mesa del consumidor. Vamos paso por paso, guiándolos a ellos y explicándole las razas que tenemos (Holstein y Jersey), la alimentación, cómo se alimenta en pastoreo, cómo funciona la industria lechera de Puerto Rico, que es una industria sumamente importante, el proceso de ordeño, o sea, lo cubrimos absolutamente todo”, alertó el joven, que desde que heredó la vaquería ha comenzado a transformarla en un lugar turístico.

La vaquería es catalogada como pequeña, pese a que cuenta con 300 cuerdas de terreno y más de 200 vacas. Es que solo 102 de ellas producen leche.

“En Puerto Rico hay vaquerías con hasta 1,000 vacas en producción”, señaló.

Dejó claro que en esta industria no hay vacaciones. Las vacas deben ser ordeñadas cada 12 horas. Allí, el proceso se realiza a las 3:00 a.m. y a las 3:00 p.m., “los 365 días”.

“Es un trabajo bien sacrificado”, comentó Martínez Loarte.

En todas las 206 vaquerías que hay en la Isla es igual. Los 16,000 empleados que tiene esta industria hacen el doble turno para extraer la leche, la cual logra suplir toda la necesidad local.

¿Cómo se produce la leche?

Todo el proceso para lograr llevar esa leche a las mesas de los hogares boricuas es explicado en el VacaTour. Comienza “con el nacimiento de esa vaca”, indicó el ganadero.

Una vez nazca la vaquita, se le permite tomar el calostro (líquido secretado por las glándulas mamarias) de la mamá vaca para que adquiera anticuerpos. Sin embargo, de inmediato son separadas para llevarlas a un “nursery” por 40 días. Allí se le alimenta dos veces al día con leche y se le introduce al alimento seco.

“Hay que alimentarlas, desarrollarlas, preñarlas y producirán leche a los tres años o tres años y medio”, explicó.

Al cumplirse la cuarentena, las vacas son trasladadas a las “colonias”. Allí, aprenden a comer heno y a sobrevivir por un periodo de seis meses.

“Aquí ya no hay más leche”, dejó claro. “Es como una escuelita dividida por edades y tamaño, porque las grandes no dejan comer a las más pequeñas”.

Tras alcanzar los seis meses en las “colonias”, las vacas pasan a pastar.

Martínez Loarte expuso que todos los días a las vacas se les cambia de sección de terrenos donde comen pasto y no vuelven a pastar en esa misma zona hasta que no hayan pasado 21 días.

A eso del año y medio, las vacas están preparadas para reproducirse.

En Martínez Dairy, no hay toros para preñar a las vacas. El proceso se hace mediante inseminación artificial, donde un veterinario introduce una jeringuilla al útero de la vaca con el semen de un toro que es seleccionado en un catálogo. Este contiene toda la información genética, lo que permite evaluar cómo serían las vaquitas y proyectar cuánta leche producirían, según la descripción que dio Martínez Loarte.

En esta inseminación artificial, “mejoramos la genética de las vaquitas para ser más eficientes”, dijo.

Al igual de las mujeres, las vacas tienen nueve meses de gestación. Una vez paren, se comienza el ordeño. El proceso es el siguiente: 12 horas pastando y unos cuatro minutos para extraer alrededor de 18 litros o lo que es equivalente a 4.8 galones de leche, informó el ganadero.

En Estados Unidos, una vaca puede dar hasta 65 litros o 17 galones de leche, ya que se encuentra en la temperatura ideal, de 50 grados Fahrenheit.

Entonces, las vacas están “entre ocho a nueves meses y hasta un año produciendo leche”.

La leche extraída se almacena a una temperatura de entre 35 a 40 grados hasta que un camión la recoge para, en este caso, llevarla a la procesadora Tres Monjita. Luego, ocurre el proceso de pasteurización y homogeneización para poder ponerla a la venta.

Llega la felicidad

En Martínez Dairy, “se le pone música en el ordeño para que (la vaca) se relaje y dan un poquito más de leche”, relató Martínez Loarte.

Es que, según explicó, las vacas felices son capaz de dar más leche.

Hace poco también comenzó a ir la quinceañera Jeilany Ortiz Adorno a tocarle piano a lo que considera es su animal preferido. La joven les da un concierto de música instrumental religiosa.

“Dijeron que eso las relaja. Y, si a ellas les gusta, pues a mí me llena eso. Me encanta que a ellas les guste, porque me imagino que les gusta, porque se sienten tranquilas. Así que me da mucha felicidad que ellas sientan tranquilidad con mi música”, afirmó la pianista.

Los niños van preparados para saltar en los charcos, darles comida al ganado y disfrutar su experiencia en una vaquería.
Los niños van preparados para saltar en los charcos, darles comida al ganado y disfrutar su experiencia en una vaquería. (WANDA LIZ VEGA)

Los más pequeños también estaban emocionados por estar con las vacas. Algunos hasta las abrazaban y reían a carcajadas cuando estas sacaban la lengua para aceptar el pasto que les daban de comer.

Los adultos también disfrutaron de la experiencia.

El bombero Nelson Cordero fue uno de los que llegó desde Arroyo con su esposa y dos hijos a disfrutar del pasadía en la ganadería. Dijo que fue una experiencia “muy especial, bonita”, pues conocieron lo que es la industria lechera en la Isla.

Fabiola Grau, de Arecibo, destacó que “el hecho de que, a ella (su pequeña hija), le haya gustado es lo más que me ha gustado a mí”. Las expresiones las hizo cuando su pequeña casi la arrastraba de la mano para ir a ver las vaquitas.

Mientras tanto, Edgardo Martínez afirmó estar satisfecho con la experiencia, tras haber llegado con un grupo de alrededor de 25 personas desde Juana Díaz a visitar la vaquería.

“Es una buena experiencia para educar a los niños en lo que es la importancia de la agricultura y que ellos tuvieran la experiencia de primera mano, pudieran vivirlo”, contó.

Añadió que lo más que le impresionó fue “la parte de ordenamiento; los horarios, el tiempo de descanso, recuperación, producir nueva leche y demás, y el hecho de que si no se ordeñaban dentro de ese periodo de tiempo, pues también podía causarle infección o enfermedades a los animales y eso... no lo sabía, totalmente nuevo”.

Una de las más atentas que estuvo a todo detalle de ese proceso del ordeño fue Jahaira Reyes, quien hace un mes compró una vaca, llamada Yany, “para obtener leche de ella”.

La vaquita está en su finca del barrio Minillas de Bayamón y ya se ha convertido en parte de la familia.

“La experiencia de la vaquería fue una extraordinaria. Ver cómo este equipo de personas tiene la oportunidad de tener algo tan grandioso como lo son las reses y el cuidado que ellos les brindan y la oportunidad también de ofrecer a nosotros, los espectadores, que pudimos venir aquí, a aprender sobre el cuidado de ellas, cómo ellos trabajan la leche, cómo se ordeña, lo que hacen con la leche. De verdad que me pareció algo súper, supergrande que aquí en Puerto Rico se pueda hacer algo como esto para que los niños aprendan, tengan la oportunidad y le den valor a esto que se ha perdido tanto, el cuidado de las reses, que aquí en Puerto Rico bien poco se sabe”, destacó la mujer.

De hecho, hacer que los visitantes salgan contentos de la vaquería también contagia a los empleados y a las vaquitas. Martínez Loarte lo describió como el nacemiento de una familia extendida, conectada por las redes sociales o la repetición de visitas.

Este VacaTour también le da la oportunidad al ganadero de justificar, por ejemplo, por qué razón se le aumentó recientemente el precio a la leche.

Según dijo, los ganaderos llevaban un año y medio absorbiendo la subida de precios y muchos estaban a punto de cerrar.

“Para muchos es alto, pero es un precio justo, porque con ese precio es que nosotros podemos cubrir los altos costos de producción. Producir leche aquí en Puerto Rico no es lo mismo que producir leche, por ejemplo, en Estados Unidos. Entonces, con el recorrido nosotros le enseñamos al público por qué es ese precio, cuáles son los altos costos de producción, alimentos, empleados, energía eléctrica. Así que, por eso, es muy importante que nos visiten para aclarar todas esas dudas, esas preguntas que las personas tienen sobre el precio de la leche”, sentenció.

El recorrido culmina con uno de los mantecados más cremosos y sabrosos que se pueda comer. Este es hecho por las manos del ganadero con la leche fresca que allí se extrae.

“Es espectacular, tienen que venir aquí a probarlo”, concluyó Reyes, mientras se deleitaba con su mantecado.

Para visitar la ganadería en los tours, que se realizan solo sábado y domingo, debe comunicarse al (787) 598-0274.