Si el presidente Barack Obama, en un acto de justicia y humanidad devuelve la libertad al prisionero independentista Oscar López Rivera, en Puerto Rico habrá fiesta, alegría y celebración por parte de un pueblo que quiere verlo de regreso a su patria. 

Será triste y decepcionante, por el contrario, si Obama tira las llaves carceleras por la borda, para que se las lleve el mar.

Intriga por qué a pesar de los grandes esfuerzos que se han hecho para solicitar la clemencia, no ha habido un acto afirmativo en esa dirección.

¿Acaso hay un ensañamiento contra el patriota? ¿Qué motivaciones subyacen en las esferas de poder que obstaculizan un acto humanitario y de justicia, para una persona que ha luchado por la independencia de su país?

El presidente ha concedido más de 560 reducciones de penas a personas convictas por todo tipo de delitos y se espera que otorgue otras clemencias antes de que concluya su mandato.

 A López Rivera, de 73 años, se le encontró culpable de conspiración sediciosa para derrocar el Gobierno de los Estados Unidos, un estatuto que se remonta a los tiempos de la Guerra Civil Norteamericana, utilizado para detener el descontento y ejercer el control sobre las colonias.

El prisionero lleva 35 años encarcelado, 12 de estos, en aislamiento. Ningún independentista y ningún prisionero político en América ha cumplido una condena tan larga; ni tan siquiera el líder sudafricano Nelson Mandela.

En Puerto Rico y en el exterior se ha llevado una intensa y extensa campaña para su excarcelación, sin que hasta ahora, estos esfuerzos hayan rendido frutos.

Las cuentas en las redes sociales de @BarackObama han sido objeto de un bombardeo planificado y consecuente de mensajes a favor de la excarcelación de Oscar. También se le ha inundado su escritorio de cartas y correos electrónicos en ese sentido.

Todo está en su escritorio, presumimos, menos la petición de clemencia por la cual abogó Lin Manuel Miranda.

El domingo, miles de puertorriqueños de la Isla y de la diáspora, ocuparon el Parque Lafayette, cercano a la Casa Blanca, para reclamar su libertad. 

“Si este país defiende la libertad, no entiendo por qué razón castiga a un hombre como Oscar López, que también defiende la libertad de su país”, fueron las expresiones de René Pérez, de Calle 13, allí presente.

 “Es mucho más fácil luchar junto a un ejército a tu favor como hizo Washington, que luchar como han luchado la mayoría de los independentistas de Puerto Rico”, dijo con referencia a la Guerra de Independencia que libraron las 13 colonias contra el imperio británico.

Fue una lucha armada mediante la cual se sacudieron del yugo del imperio que los explotaba.

Los revolucionarios George Washington, John Adams, Thomas Jefferson, Benjamín Franklin, James Madison, Alexander Hamilton y John Jay, considerados los fundadores y “Padres de la Patria”, formaron un ejército para enfrentarse a Gran Bretaña. Tras la victoria, consignaron en su Declaración de Independencia el derecho a la libertad, la vida y la felicidad.

Entre 1861 a 1865, durante la Guerra Civil Norteamericana, las autoridades del Norte aplicaron el estatuto de conspiración sediciosa contra los confederados del Sur que querían derrocar al gobierno de los Estados Unidos.

Si Gran Bretaña, hipotéticamente, hubiese ganado la guerra de independencia desatada por sus colonias y aplicaba un estatuto como el de sedición, “los Padres de la Patria”, hubiesen ido todos presos.

“Nuestro mayor deseo es que mi papá, a sus 73 años de edad, pueda compartir fuera de la cárcel con nosotras y su familia, que podamos caminar las calles de Puerto Rico de la mano”, dijo Clarisa López Ramos, oradora principal el domingo en Washington, D.C.

Pablo Neruda menciona la pérdida de una llave en una hermosa prosa poética, que en parte dice: “Pierdo la llave, el sombrero, la cabeza... Así, por arte de mar la mañana me ha devuelto la llave blanca de mi casa, mi sombrero enarenado, mi cabeza de náufrago”.

Así queremos que el presidente Obama devuelva a Oscar la llave blanca de la casa y la cabeza de náufrago. 

Que devuelva las llaves carceleras.