En múltiples ocasiones he atendido y escuchado a muchas personas que por haber vivido circunstancias que les han causado dolor, incomodidad extrema, tristeza o coraje, se refieren a la situación lanzándole la culpa a la otra persona o a los elementos externos relacionados al evento. Echar culpas se ha normalizado. Sin duda, un hábito que se aprende y se repite, además de ser la opción más fácil, ya que nos separa del trabajo que nos corresponde hacer. Esta tarea comienza con hacernos responsables. ¿Pero cuánta responsabilidad realmente queremos? Este sería un buen comienzo para el diálogo que debemos tener con nosotros mismos. La pregunta nos puede llevar a inicialmente estar a la defensiva, pues, quién quiere hacerse responsable de lo que le ha causado alguna adversidad en sus emociones o su vida.

Difícil tarea, me comentan algunas personas. Sin embargo, al vivir los resultados de cada acción que hacemos o decisión que tomamos, surge la valiosa oportunidad de abrir los ojos y notar que el creador de lo que nos sucede somos nosotros mismos. Somos responsables de lo que comemos, lo que tomamos, a dónde vamos, con quién pasamos nuestros días, qué queremos aprender, qué escuchamos, qué creemos, cómo hablamos, de qué hacemos y lo que no.

Claro que no quiero ser la responsable de, por ejemplo, estar enferma o vivir una traición. Ahora, si hago el ejercicio y me formulo la pregunta con sinceridad, no se trata de sentirme culpable de lo que me sucede o no, más bien de hacerme responsable de cuánto yo contribuí para que sucediera.

Al cambiar nuestra mentalidad sobre este tema y hacernos responsables, inmediatamente estaremos potenciando nuestra auto estima y fortalezas como la resiliencia y la valentía. ¡Inténtalo!

Sugerencias:

1. Practiquemos con los demás la compasión a sus acciones y decisiones.

2. Pregúntate a menudo cómo quieres responsabilizarte del resultado de tus acciones durante el día.

3. Ten presente que cada acción traerá un resultado de vuelta.

4. Responsabilízate de todo lo que piensas, todo lo que hablas y todas tus acciones, eres el creador de tu vida.

5. Haz un hábito la auto observación.

6. Elimina la culpa hacia ti y hacia los demás para ayudarnos a crecer.