“Es increíble. Si hubiera estado allá afuera no hubiera tenido la oportunidad de conocerme a mi mismo como lo estoy haciendo ahora, desde que comencé estos talleres con usted Missy.” Compartió uno de los confinados que, por respeto y confidencialidad no compartiré su nombre, de los grupos a quienes les llevo los talleres. Él era uno de los que menos hablaba al principio y los que más resistencia presentó. Lo que él quizás no sabe, es lo increíble que ha sido su presencia y participación en la evolución del proceso de los demás, incluyéndome.

Enfatizo en que no estamos separados, de algún modo, hasta lo más insólito o difícil de aceptar como similitud entre humanos, las acciones y sentir de otros nos recuerdan que nos parecemos. El odio o coraje que alguien sintió antes de cometer un crimen, es el mismo que alguien siente antes de denigrar a una persona a través de un chisme o severo juicio. Pero quién, hoy, podría decir que no juzga, si es parte de la programación aprendida. Y así, todas las demás expresiones. Nos parecemos en el amor que somos capaces de vivir y expresar, nos parecemos en la luz que somos y que podemos compartir, nos parecemos en nuestra humanidad, que incluye esos mismos errores, y nos parecemos en el libre albedrío que en un constante presente nos invita a escoger; Quiénes queremos ser y con qué acciones lograrlo.

Además, nos parecemos en el arrepentimiento. Él y más de uno demostraron su profundo arrepentimiento por su error, o sus errores. Aquel momento en que en segundos les cambió la vida y ahora su libertad es diferente, tanto así que todavía expresan verbalmente, o con un gesto en su semblante, el cargo de conciencia, que no es otra cosa que arrepentirse. Ver en sus ojos esa verdad, me ha llevado a mi a profundizar en mis pesares, escrupulosamente, porque el camino evolutivo no termina y mientras estemos aquí hay que seguir revisándonos con misericordia.

Él me ayudó, sin yo saberlo en el momento, a verme hoy recordando reacciones que hubiera preferido no tener, y que al atenderlas me siento mejor cada día.

Al final, estuvimos de acuerdo en que, si él estuviera en la libre comunidad, no hubiese tenido la oportunidad de atenderse, conocer sus fortalezas, crear una estructura interna, entender sus emociones, nombrarlas adecuadamente y aprender a gestionarlas, conocer la respiración como gran herramienta, aprender a desapegarse de lo que no le sirve para su bienestar, madurar en actitudes, abrir la mente a nuevas perspectivas, encender su potencial y aprender a amar a otros como a sí mismo. Lo que nos toca a todos aprender, un día a la vez.

Dice él que estaría ensimismado, quizás con una familia, casado, o quizás no, pero de seguro sumergido en responsabilidades y distracciones, sin la atención y el tiempo para crecer, desde adentro. Que, por lo tanto, eso es lo positivo del encierro.

Para mi, es increíble y gran regalo de Dios haber sido testigo de ese momento. Escuché sus palabras y las recogí, con ganas de no olvidarlas. Si tenía alguna duda, ha sido disipada. No importa el tipo de error que hayamos cometido, qué mucho nos parecemos todos y qué mucho nos podemos enseñar unos a otros con sólo abrir el corazón. El arrepentimiento es el mismo en todos, y su gracia también.

Sugerencias:

  1. Antes de juzgar recuerda que no conocemos nunca a una persona en profundidad. Que somos humanos y como humanos erramos.
  2. Saca tiempo diario al final del día para hacer un ejercicio de arrepentimiento, con amor y respeto a ti mismo. Al otro día es muy posible que algunas reacciones o actitudes que no te ayudan, ya no se repitan.
  3. Abraza la verdad de que nadie es perfecto y nadie lo será, por eso aceptar errores nos hace más íntegros y valientes que aparentar que no los cometemos o justificarlos.
  4. Antes de mirar al lado y señalar, mírate a ti y atiéndete, con amor y respeto.
  5. Usa el arrepentimiento como impulso para seguir siendo tu mejor versión. El arrepentimiento trae bondades y libertad en el alma.
  6. Respira profundamente, saca tiempo para ti, escribe, cuídate, quiérete.
  7. Aprende de otros, comparte tu luz y viceversa.