La menopausia es una etapa natural en la vida de toda mujer que marca el final de los ciclos menstruales y de la etapa reproductiva. Generalmente ocurre entre los 45 y los 55 años, aunque puede presentarse antes o después, según los factores genéticos, hormonales y de estilo de vida.

El doctor José Álvarez- Romagosa es ginecólogo obstetra, miembro de los  Latin Doctors y colaborador de MCS.
El doctor José Álvarez- Romagosa es ginecólogo obstetra, miembro de los Latin Doctors y colaborador de MCS. (Suministrada)

Durante este período, se producen cambios importantes en el organismo, principalmente debido a la disminución de los niveles de estrógeno. Estos cambios pueden manifestarse en forma de sofocos, alteraciones del sueño, cambios en el estado de ánimo, aumento de peso, pérdida de masa ósea y disminución de la masa muscular. Uno de los factores más importantes y, a la vez, más accesibles para preservar la salud son el movimiento y la actividad física regulares.

El cuerpo humano está diseñado para moverse. Sin embargo, con el paso de los años, muchas personas adoptan un estilo de vida más sedentario, ya sea por las demandas laborales, las responsabilidades familiares o simplemente por falta de tiempo. Durante la menopausia, mantenerse activa resulta especialmente importante, ya que el movimiento ayuda a contrarrestar muchos de los cambios metabólicos y hormonales que ocurren en esta etapa.

Algunos de estos pueden ser:

  1. Control de peso: La disminución de los niveles de estrógeno favorece la acumulación de grasa, particularmente en la zona abdominal. Este cambio en la distribución de la grasa corporal no es solo un asunto estético; también está relacionado con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y síndrome metabólico. El ejercicio regular ayuda a mantener el metabolismo activo, facilita el gasto de calorías y contribuye a preservar la masa muscular, lo que, a su vez, mejora la capacidad del cuerpo para quemar calorías incluso en reposo.
  2. Salud cardiovascular:  Las enfermedades del corazón son la principal causa de mortalidad en mujeres después de la menopausia. Antes de esta etapa, los estrógenos ejercen cierto efecto protector sobre el sistema cardiovascular. Cuando estos niveles disminuyen, aumenta el riesgo de hipertensión, de colesterol elevado y de problemas circulatorios, hasta 6 veces el de eventos cardiovasculares, como infartos. Las actividades físicas aeróbicas, tales como caminar a paso rápido, nadar, montar en bicicleta o bailar, mejoran la circulación, fortalecen el corazón y contribuyen a mantener niveles saludables de la presión arterial y del colesterol. Se recomiendan 150 minutos a la semana.
  3. Salud ósea: Durante la menopausia, la pérdida de densidad mineral ósea se acelera, lo que aumenta el riesgo de osteopenia y osteoporosis. Los huesos, al igual que los músculos, responden positivamente al estímulo del movimiento. Los ejercicios que incluyen levantar peso, caminar, subir escaleras o realizar entrenamiento de fuerza estimulan la formación de tejido óseo y ayudan a mantener los huesos más fuertes. Esto es fundamental para reducir el riesgo de fracturas en etapas posteriores de la vida. Las mujeres que sufren fracturas de cadera por osteoporosis tienen una mortalidad del 30 % o más en el primer año tras la fractura.
  4. Masa muscular: Con el envejecimiento ocurre un proceso natural llamado sarcopenia, que consiste en la pérdida progresiva de masa muscular. Este se acelera durante la menopausia si no se realizan ejercicios de resistencia o de fuerza. Mantener una buena masa muscular es esencial para la movilidad, el equilibrio y la independencia funcional. Además, el músculo es metabólicamente activo, lo que significa que contribuye a regular el metabolismo de la glucosa y de la energía.
  5. Salud mental y emocional:  Muchas mujeres experimentan cambios de humor, ansiedad o incluso síntomas depresivos durante la menopausia. El ejercicio estimula la liberación de endorfinas, conocidas como las “hormonas del bienestar”, que ayudan a mejorar el estado de ánimo y reducir el estrés. También favorece la producción de serotonina y dopamina, neurotransmisores asociados con la sensación de bienestar y la motivación.
  6. Calidad del sueño:  Las alteraciones del sueño son uno de los síntomas más comunes durante la menopausia. Los sofocos nocturnos, la ansiedad o los cambios hormonales pueden provocar insomnio o un sueño fragmentado y de baja calidad. La actividad física regular ayuda a regular el ritmo circadiano y favorece un descanso más profundo y reparador.
  7. Equilibrio y coordinación: Con el paso del tiempo, el riesgo de caídas aumenta debido a la disminución de la fuerza muscular y de la estabilidad. Actividades como el yoga, el pilates o el taichí no solo fortalecen el cuerpo, sino que también mejoran el control corporal y la flexibilidad. Esto puede ayudar a prevenir caídas, lesiones o fracturas.

Los expertos en salud recomiendan que los adultos realicen al menos 150 minutos de actividad física moderada por semana, lo que equivale a aproximadamente 30 minutos al día, cinco días a la semana. Además, es aconsejable incluir ejercicios de fortalecimiento muscular al menos dos veces por semana, así como actividades que mejoren la flexibilidad y el equilibrio.

Con los hábitos adecuados, muchas mujeres descubren que pueden mantener una vida activa, saludable y plena durante décadas después de la menopausia. Mantenerse en movimiento durante la menopausia no solo ayuda a controlar los cambios físicos propios de esta etapa, sino que también fortalece la salud mental, mejora la energía diaria y contribuye a un envejecimiento saludable.