El verano pasado, Carlos Correa, el reconocido campocorto de los Astros de Houston, estuvo a punto de perder la vida en un accidente que marcó un antes y un después en su vida.

Durante un tranquilo día en el lago Minnetonka de Minnesota, mientras disfrutaba de un paseo familiar con su hijo Kylo, de tres años, el boricua sufrió un incidente que lo dejó al borde de la tragedia.

El entonces jugador de los Twins experimentó calambres en sus piernas mientras nadaba con su hijo en brazos, quien llevaba un salvavidas. Correa, sin embargo, no llevaba ningún tipo de flotador, lo que complicó aún más la situación.

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A pesar de sus esfuerzos por llegar a una boya cercana, resbaló y cayó nuevamente al agua, golpeándose la mano izquierda al intentar agarrar la cadena de la boya.

Con su hijo aún en sus hombros, Correa luchó por mantenerse a flote, gritando por ayuda y rezando con todas sus fuerzas. “Señor, sálvame. Te prometo que si me salvas de este, te serviré y te serviré para siempre”, clamó, mientras su vida pendía de un hilo.

En ese momento de angustia, el suegro de Correa, quien estaba cerca, escuchó sus gritos y no dudó en lanzarse al agua para socorrerlo. Nadó hasta él con un salvavidas, permitiéndole finalmente recuperar el aliento después de varios minutos de agonía. Aunque el susto fue inmenso, Correa logró sobrevivir, pero esa experiencia lo transformó para siempre.

Dos semanas después de este incidente, Correa fue transferido de regreso a los Astros de Houston, pero su perspectiva sobre la vida había cambiado radicalmente.

En una entrevista con MLB.com, el jugador de 31 años relató cómo esa experiencia lo acercó a la fe: “Pensé: ‘A partir de ese momento, te serviré’. Voy a cumplir mi promesa. Y desde ese momento, me he dedicado por completo a ti”, compartió con el periodista Brian McTaggart.

Desde entonces, Correa ha fortalecido su vínculo con la fe, organizando reuniones semanales con amigos, familiares y compañeros de equipo para estudiar la Biblia en su hogar de Houston durante la temporada baja.

“Hacíamos cosas muy divertidas, y la gente se sentía tan atraída que todos esperábamos con ansias cada sábado para reunirnos. Se convirtió en una tradición”, dijo.

A pesar de estar de vuelta en los entrenamientos de primavera, Correa ha expresado su deseo de seguir creciendo espiritualmente y de llevar su fe más allá. Está trabajando en formas de continuar sus reuniones durante la temporada, incluso antes de algunos partidos diurnos o después de los juegos del domingo.

Además de sus reuniones en casa, Correa ha encontrado una nueva pasión: predicar. La familia del campocorto, que asiste a la Iglesia Champions Forest Baptist en Houston, apoya su deseo de difundir su fe.

Correa fue invitado por el pastor Jarrett Stephens a predicar su primer sermón en un hogar de retiro en Houston, donde la respuesta fue abrumadora. “Lo hizo de maravilla. Se quedó todo el tiempo que la gente quiso hablar con él, y habló con cada uno de ellos. Estaban muy contentos. Todavía me preguntan: ‘¿Cuándo regresa Carlos?’“, comentó el pastor.

A pesar de ser uno de los jugadores más exitosos de su generación, con tres selecciones al Juego de las Estrellas, un campeonato de Serie Mundial y un Guante de Oro, Correa no ha perdido de vista lo que realmente importa.

Reflexionando sobre su fe, el jugador puertorriqueño destacó la importancia de cómo se reacciona ante las pruebas.

“Es más fácil tener fe cuando las cosas te salen bien, cuando todo es hermoso, cuando todo es genial y cuando eres querido. Pero cuando te enfrentas a algunas pruebas en tu vida, ¿cómo vas a reaccionar? Algunas tormentas no vienen a tu vida para ahogarte", predicó Correa.

El accidente en el lago Minnetonka fue solo el comienzo de una nueva etapa en su vida, marcada por una profunda conexión espiritual.

Correa, quien no pudo participar en el Clásico Mundial de Béisbol este mes debido a un desacuerdo sobre la póliza de seguro de su contrato, se prepara para su duodécima temporada en las Grandes Ligas.

Sin embargo, lo que realmente lo motiva ahora no son solo sus logros deportivos, sino también su dedicación a servir y predicar, siguiendo la promesa que hizo aquella tarde en el agua.