Rosario, Argentina. La primera vez de Lionel Messi en una cancha de fútbol jugó por la derecha, la misma posición en la que luego descollaría. Pero aquel bautismo no fue por una decisión táctica. Con apenas cinco años, el entrenador lo veía tan pequeño e indefenso que decidió ponerlo a jugar cerca de su abuela Celia por si se ponía a llorar.

La anécdota forma parte de la historia oficial del club Abanderado Grandoli de Rosario, 300 kilómetros al norte de Buenos Aires. Es un centro formativo de fútbol infantil como tantos otros cientos que hay en Argentina. Pero una particularidad lo distingue del resto: ahí fue donde Messi jugó por primera vez un partido en 1992.

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Mucho antes de su debut profesional en Barcelona, los ocho Balones de Oro y de levantar la Copa del Mundo con Argentina en Qatar 2022, Messi llegó de la mano de su abuela materna al club del barrio para ver jugar a su hermano mayor y por esas casualidades del destino, terminó adentro de la cancha para nunca más salir.

Un mural de Lionel Messi cubre el muro de un edificio mientras un grupo de niños disputan un partido de fútbol en el club Grandoli, donde Messi jugó de niño en Rosario, Argentina, el sábado 2 de mayo de 2026. (AP Foto/Rodrigo Abd)
Un mural de Lionel Messi cubre el muro de un edificio mientras un grupo de niños disputan un partido de fútbol en el club Grandoli, donde Messi jugó de niño en Rosario, Argentina, el sábado 2 de mayo de 2026. (AP Foto/Rodrigo Abd) (Rodrigo Abd)

“La abuela habló con el entrenador (Salvador Aparicio) para hacerlo jugar porque justo había faltado un jugador. Aparicio no quería porque era muy chico para la categoría. La abuela insistió. Lo pusieron y todos dijeron: ‘qué jugador’. De ahí arrancó”, contó a The Associated Press Ezequiel Assales, compañero de Messi entre los cinco y siete años en el equipo de Grandoli que disputaba la liga local de “baby fútbol”.

Assales, de 39 años y padre de dos varones que juegan en el mismo club, es uno de los pocos testigos que quedan de los comienzos del capitán de la Albiceleste. Una vitrina con trofeos y varias fotografías de la formación de la categoría 1987 exhibidos en el pequeño vestuario de Grandoli dan cuenta del paso del zurdo y a la vez sirven de inspiración para el centenar de niños que se entrenan allí.

“Era el jugador distinto, era darle la pelota y acompañar nada más. Ya se veía que tenía futuro”, recuerda Assales, quien llamativamente nunca ha podido ver a Messi ya consagrado en un estadio. “Dejaba tres o cuatro jugadores (en el camino). Nosotros esperábamos el rebote o él terminaba el gol”.

Niños del club de fútbol Grandoli, donde Messi jugó de niño, escuchan a su técnico previo a un partido en Rosario, Argentina, el sábado 2 de mayo de 2026. (AP Foto/Rodrigo Abd)
Niños del club de fútbol Grandoli, donde Messi jugó de niño, escuchan a su técnico previo a un partido en Rosario, Argentina, el sábado 2 de mayo de 2026. (AP Foto/Rodrigo Abd) (Rodrigo Abd)

De Grandoli a campeón del mundo

Nacido un año después que Diego Maradona levantó la Copa del Mundo en México 1986, Messi adoptó la pelota como su juguete preferido desde que aprendió a caminar.

Una tarde de 1992 acompañó a su familia a Grandoli, situado en un suburbio de clase media baja el sur de Rosario, a ver jugar a su hermano mayor, Matías. En la categoría 1986, justo faltaba un jugador para completar el equipo de siete. “Ponelo a él”, le insistió la abuela Celia al entrenador Aparicio. El hombre dudó porque temía por el físico del pequeño, al que entonces sus amigos apodaban “Piqui” y quien ya evidenciaba problemas de crecimiento.

“Yo te lo pongo acá (por la derecha). Si vos ves que llora o se asusta, lo sacás. Abrís la puerta y lo sacás”, le dijo Aparicio a la mujer, según el relato que reconstruyó el periodista español Guillem Balagué, autor de la única biografía autorizada de Messi.

Nuevo Maradona

Aparicio, quien falleció en 2008, detalló en varias entrevistas que Messi no pudo controlar la primera pelota que le llegó. Pero a la jugada siguiente recibió con la izquierda y gambeteó a todos los rivales que se le cruzaron en el camino. Suficiente demostración para el ojo experto del entrenador.

Con el correr de los partidos y los goles, la fama de Messi traspasó los límites del club y cada vez más vecinos se acercaron los fines de semana para ver al “nuevo Maradona” desde la única tribuna de tres escalones de cemento, aún en pie.

“Lo que todo el mundo pudo ver de grande, nosotros tuvimos la suerte de verlo desde que arrancó. Era fantástico”, lo describió David Treves, uno de los técnicos de Grandoli y presidente durante 17 años hasta 2023.

“Tenía una velocidad y control de la pelota terrible. En ese entonces la cancha no tenía nada, era tierra batida. Sus características técnicas hacían que la cuestión física no se notara”, destacó el exdirectivo.

A los siete años, Messi mudó su talento a las categorías menores de Newell’s Old Boys, uno de los equipos más populares de su ciudad natal. Pero la negativa de este club a financiarle el tratamiento de crecimiento llevó a la familia Messi a radicarse en Barcelona a principios de 2000.

El hoy capitán del Inter Miami nunca volvió a Grandoli. Pero varios de sus gestos remiten a sus comienzos allí.

El astro de 38 años señala al cielo con su dedo índice en los festejos de gol como dedicatoria a su abuela Celia, fallecida en 1998 y que le dio el primer empujón a una cancha, según él mismo reconoció.

Y tras la conquista del Mundial, Messi publicó un emotivo mensaje en sus redes sociales: “De Grandoli hasta el Mundial de Qatar pasaron casi 30 años. Fueron cerca de tres décadas en las que la pelota me dio muchas alegrías y también algunas tristezas. Siempre tuve el sueño de ser Campeón del Mundo y no quería dejar de intentarlo”.

Messi, inspiración para los más pequeños

La brisa del río Paraná vuelve helada la tarde otoñal en Rosario. El repiqueteo de los pequeños botines se intensifica en la entrada en calor hasta que el árbitro da la orden para que los equipos ingresen al campo de juego un sábado reciente.

Desde el frente de un edificio de viviendas sociales, un mural de un Messi niño, vestido con la casaca naranja con líneas blancas de Grandoli, custodia a los pequeños correr detrás de la pelota.

El dorsal de las camisetas no lleva nombre de los jugadores. Sólo el número y la leyenda “De Grandoli hasta el Mundial de Qatar”, acompañado por una imagen de Messi besando la Copa del Mundo.

“Fue una inspiración para jugar al fútbol. Lo veía de chiquito y me dio ganas de jugar como él”, contó Julián Silvera, jugador de la categoría 2013 de Grandoli. Los tiro libres son su debilidad.

En Argentina, los clubes de “baby fútbol” funcionan como incubadoras de futuros jugadores profesionales. Entre los cuatro y los 13 años toman contacto con la pelota, aprenden pase y recepción y empiezan a adquirir el espíritu competitivo.

Estas instituciones no perciben porcentajes de transferencias por derechos de formación. Subsisten gracias a la cuota mensual que abonan las familias y las entradas los días de partido. En el caso de Grandoli, recaudó ingresos por publicidades de marcas de bebidas energizantes y de cerveza por la fama que le dio Messi.

El árbitro pita el final. Los pequeños salen raudamente de la cancha rumbo al kiosco del club, atraídos por el aroma a papas fritas y sándwiches de milanesa de pollo.

Faltan pocas semanas para el inicio del Mundial de Estados Unidos, México y Canadá. Aunque todavía no lo ha confirmado, Messi probablemente juegue el sexto y último de su carrera.

“Como él no va a haber nadie”, sentenció Valentín Enríquez, jugador de 11 años. “Siento tristeza porque se va el mejor jugador de la selección”.

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Cobertura de AP sobre el Mundial: https://apnews.com/hub/mundial-de-futbol-fifa