Como protagonista de “Dawson’s Creek”, James Van Der Beek dominó las portadas de finales de los noventa y su nombre quedó asociado al auge del drama adolescente en la televisión estadounidense. Sin embargo, décadas después de aquel éxito, el actor enfrentó una realidad muy distinta: una enfermedad devastadora, facturas médicas crecientes y la necesidad de recurrir a donaciones públicas para sostener a su familia.

El actor, quien fue diagnosticado de cáncer colorrectal hace tres años, falleció el 11 de febrero a los 48 años. Ese mismo día, se publicó la campaña de donaciones en GoFundMe para ayudar a la viuda, Kimberley, y a los seis hijos de la pareja, con edades entre los 4 y los 15 años.

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El caso del actor, que incluyó la subasta de objetos personales de su carrera, no solo conmovió a sus seguidores. También reavivó un debate: ¿por qué una figura que fue considerada una “superestrella” puede quedar financieramente expuesta ante una enfermedad grave en Estados Unidos?

Aunque la cultura popular asocia la fama televisiva con riqueza duradera, la estructura contractual de la industria cuenta otra historia. En 2012, Van Der Beek declaró al programa “Today”, de NBC News, que su contrato en “Dawson’s Creek” no incluía regalías por retransmisiones. “No había regalías. Tenía 20 años. Era un mal contrato”, reconoció.

La diferencia con otras producciones de la época es significativa. El elenco de “Friends”, por ejemplo, continúa recibiendo ingresos millonarios anuales por reposiciones y acuerdos de distribución, según ha reportado “The New York Times”. Para actores cuyos contratos no contemplaron esos pagos, la estabilidad financiera depende de seguir trabajando de manera constante, como lo fue el caso de James Van Der Beek.

En un mercado transformado por el streaming y sacudido por las huelgas de 2023, el sindicato SAG-AFTRA advirtió que la reducción de regalías ha afectado tanto los ingresos como el acceso al seguro médico sindical, que exige umbrales mínimos de días trabajados o ingresos anuales.

El peso de un diagnóstico

El diagnóstico de cáncer colorrectal marcó un punto de inflexión. En entrevistas con “People”, el actor describió la gestión del tratamiento y del seguro como “un trabajo de tiempo completo”. Más allá de la atención médica directa, los costos indirectos, medicamentos, estudios, traslados, pérdida de ingresos, se acumularon con rapidez.

El problema trasciende el caso individual. La Kaiser Family Foundation ha documentado que millones de estadounidenses, incluso con seguro, enfrentan deudas médicas significativas. A escala nacional, los Centers for Medicare & Medicaid Services proyectan que el gasto en salud alcanzará los $5.9 billones en 2026, reflejo de un sistema que combina alta innovación con precios elevados.

Investigaciones citadas por “The Washington Post” han estimado que cerca de 100 millones de personas en el país cargan con algún tipo de deuda médica. En ese contexto, las campañas de financiación colectiva se han convertido en una vía frecuente y polémica para cubrir tratamientos oncológicos. En el debate público, su historia se suma a la evidencia académica y periodística que apunta en la misma dirección: en Estados Unidos, una enfermedad grave puede convertirse no solo en una crisis de salud, sino también en una crisis económica.