Keren Encarnación Rodríguez no recuerda haber visto a su madre con un traje de baño en la playa.

En sus memorias aparece, más bien, con “una camisa y un pantalón de nene”.

No era por estilo ni por preferencia. Le era “bien cuesta arriba” conseguir un traje de baño de talla grande que le quedara bien y que, además, fuera bonito.

Así que, tras graduarse de diseño textil, comenzó a pensar en ella, y también en sus tías.

Porque si, siendo “joven y relativamente flaca”, a ella misma se le hacía complicado encontrar un bañador que le quedara bien, ¿cómo sería para esas mujeres que, tradicionalmente, han quedado relegadas por la industria de la moda?

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Entonces, se dijo: “Quiero que mi mamá se pueda poner un traje baño”.

Esa frase terminó convirtiéndose en su “mayor motor” y una de las razones para crear Khenalu, una marca puertorriqueña que busca hacer espacio para cuerpos, edades y estilos de vida diversos.

Una puerta llena de sueños

Aunque la idea comenzó a gestarse inconscientemente mientras estudiaba en Savannah College of Art and Design, en Georgia, la chispa se encendió, “literalmente, 365 días” después de haberse graduado en 2022.

Se encerró en su habitación y comenzó a desarrollarlo todo “from scratch, completamente sola”.

Investigó, desarrolló conceptos, pensó cómo funcionaría el negocio, creó los estampados, buscó suplidores, seleccionó telas, diseñó y organizó cada parte del proyecto.

“Hubo un tiempo que me puse bien loca y llené mi puerta completa de post-its, de techo a piso, con todas las ideas para poder mapearlo bien”, contó.

Finalmente, Khenalu llegó al público en 2025.

Las losas criollas donde fue feliz

Su primera colección, Tropicana Criolla, lleva a las telas otra memoria familiar: la casa de su abuela.

De pequeña, pasaba mucho tiempo allí. Pero, al ser “la más chiquita, no tenía muchos primitos con quienes jugar”.

Así que utilizaba los coloridos diseños de las losas criollas como pistas de sus imaginarias carreras de carritos.

“Tengo recuerdos de mirar mucho las losas, usarlas como mi playground y comparar los dos tipos que predominaban”, rememoró.

Años después, descubrió que muchas de ellas se elaboraban artesanalmente y de manera personalizada en Ponce, por lo que reflejaban los gustos y las historias de sus dueños.

Así que tomó de inspiración esa arquitectura del siglo 20 y la transformó en textiles contemporáneos que adornan trajes de baño que van desde la talla XS hasta la 3XL.

“Quería contrastar la casa de abuela con la playa. Los dos son espacios de reunión entre familiares y amistades que guardan gratos recuerdos”, explicó.

La línea incluye trajes de baño de una o dos piezas, camisetas de manga larga y pantalones cortos, pensados para la playa, el río, ir de road trip o usarlos en el día a día.

Una batalla diaria

Sin embargo, producir una marca de moda desde el archipiélago es resistir a un embate. Keren ya lo sabe.

Los fletes, los permisos, los procesos, los requerimientos del “gobierno, que siempre tienen algo especial”. Y eso es solo la mitad de la lucha. La otra parte se libra en la mente.

“El mayor reto ha sido no quitarme”, confesó. “Psicológicamente, es un poco fuerte ir contra la corriente. Es esa perseverancia que uno tiene que tener para hacer un sueño realidad”.

Pero ella decidió “apostar al país”, volver a casa y emprender desde aquí. Aunque a veces se pregunta “si todo esto vale la pena”.

“Es una batalla constante, día a día”, admitió la empresaria de 26 años.

Por las olvidadas

Cuando el cansancio pesa, Keren vuelve a esas miradas que se iluminan al encontrar en los racks esa pieza “que les queda bien, que les sirve, que es linda”.

A esas mujeres que la miran a los ojos y le dicen: “Muchas gracias, porque nadie piensa en nosotras”.

Ahí es cuando reafirma que Khenalu nació para que cualquiera “se sienta contento, cómodo e invitado” a disfrutar de la naturaleza.

“La playa es para todo el mundo. La vida en el trópico es para todo el mundo”, puntualizó.

Colores, Hawái y sustentabilidad

  • Desde pequeña, Keren sintió atracción por la moda, especialmente por los diseños coloridos.
  • Entre sus referentes siempre ha estado la diseñadora española Ágatha Ruiz de la Prada, cuyas piezas llamativas alimentaron desde temprano su gusto por vestir de una manera poco convencional.
  • Durante su cuarto año universitario fue que decidió que quería construir algo propio: “Trabajar creando mi mundo”.
  • En su tesis universitaria, exploró la historia del surf y la cultura hawaiana.
  • Aprendió que, para los hawaianos, el surf “es parte de su esencia como pueblo. Lo practicaban los reyes, los niños, los adultos, los ancianos, los hombres y las mujeres”.
  • Encontrar un nombre fue lo más complicado. Quería algo que resonara. Hasta que mezcló “Khe”, de Keren, y “Nalu”, que en hawaiano significa ola.
  • Consciente de la contaminación que genera la industria, Khenalu produce tiradas limitadas para evitar excedentes y desechos.
  • Sus empaques son reciclables, biodegradables o compostables, con tinta de soya y bolsas reutilizables.
  • Las piezas se pueden adquirir a través de khenalu.com, con envío gratis a Puerto Rico y Estados Unidos, así como en pop-ups que realiza a través del país y que anuncia en sus redes sociales.