“¡Mi bebé no quiere comer!”,  es la queja que muchas madres traen a sus pediatras. En ocasiones, se encontrará con la respuesta “es una etapa, ya se le pasará” o “déjalo sin comer y cuando tenga hambre comerá”.

El Instituto Nacional de la Salud (NIH) reporta que un 25% de los niños “típicos” presenta dificultades en su alimentación. Este número aumenta a 80% en la población de niños con discapacidades en su desarrollo.

Los médicos, por lo general, se refieren a disfagia como la incapacidad del niño de tragar alimentos sólidos. Se llega a la conclusión de que, si físicamente el niño está apto para manejar los alimentos desde la boca hasta el estómago, el problema de que no quiera comer de debe a la  conducta del niño o de los padres que les alimentan. Nada más lejos de la realidad.

El proceso de comer envuelve lo social, sensorial y motor.

En primer lugar, el comer es un acto social.  Envuelve reglas sociales, la capacidad de sentarse junto a otros y tener unas destrezas que van desde el no sacarse el alimento de la boca frente a los demás hasta el poder manejar los utensilios y mantener una conversación coherente mientras comen en compañía de otros.

Muchos niños no tienen la experiencia de sentarse junto a su familia a comer.  Cada cual come “por su la’o” como decían las abuelas. Y si se sientan a comer, es frente al televisor o cada uno en su celular. El comer juntos también expone al niño a una variedad de alimentos, de olores y texturas variadas que estimulan sus sentidos del tacto, olfato y gusto.

Hay niños que presentan hipersensibilidad sensorial y los olores de las comidas les desagradan. También pueden presentar hipersensibilidad táctil y  el ver alimentos de ciertas texturas les puede ocasionar náuseas. Estos niños necesitan madurar sus sentidos antes de aceptar alimentos variados. ¡Y si sus sentidos le dicen: “vas a morir si pruebas esa comida”, no hay quien le haga probar nada nuevo que le ofrezcan, por más rico que sea!

Por último, el comer también es un acto motor. Envuelve la presencia de reflejos orales, que van cambiando e indican la madures del mecanismo para manejar alimentos de texturas variadas. El acto de masticar depende que estos reflejos estén activos. Por lo tanto, no se le puede enseñar a un niño a masticar.  Es algo que se lleva a cabo “automáticamente”.

Este proceso de maduración va desde el nacimiento hasta los tres años. Así como cada niño gatea y comienza a caminar a edades diferentes, no todos los niños comienzan a comer alimentos sólidos a la misma edad.  Por eso vemos niños que pueden comer un muslo de pollo a los siete u ocho meses y otros que lo hacen hasta los tres años. Y ambos son “normales”.

El mecanismo oral también necesita que labios, lengua, mejillas y paladar blando tengan el tono y fuerza muscular adecuado para el manejo de los alimentos. Hay niños con problemas metabólicos y de otra índole que hacen que sus músculos no se desarrollen como se espera y esto afecta el manejo del bolo de comida.

Cuando esto ocurre, es necesario una evaluación formal en disfagia pediátrica para ver la razón de su problema de alimentación.

A continuación una guía de indicadores de la presencia de un problema de alimentación o disfagia pediátrica:

1. Tardar más de 20 minutos en comer una comida completa.

2. Babeo excesivo después de los nueve meses (moja la camisa).

3. Chupar débil (se tarda mucho en tomar poca cantidad).

4. No aceptar alimento en cuchara a los nueve meses.

5. El alimento se sale de la boca mientras come.

6. Tose, sentir náuseas, ahogarse con el alimento.

7. Dificultad para ganar peso o estar bajo peso.

8. Llorar, ponerse irritable, no querer sentarse a comer en la mesa con la familia.

9. Masticar el alimento y luego sacarlo de la boca.

10. Ser selectivo con los alimentos; preferir alimentos enlatados o “fastfoods” de establecimientos específicos.

11. Tener un cambio en los hábitos de comer (antes comía bien y ahora no).

12. Inhabilidad para manejar alimentos de texturas variadas después de los 3 años.

Para más información puede escribir al Colegio de Profesionales de Terapia Ocupacional al siguiente correo electrónico: [email protected].

(La autora es OTR/L, NBCOT Certified Pediatric OT)