¿Existe una edad exacta a partir de la cual una persona puede considerarse vieja? La respuesta no es tan sencilla como establecer un número en el calendario. La edad cronológica no necesariamente refleja cómo está envejeciendo el organismo, y factores como la genética, el estilo de vida y las condiciones de salud pueden hacer que el proceso sea diferente para cada persona.

Sin embargo, una investigación liderada por científicos de la Universidad de Stanford encontró tres momentos de la vida en los que se producen cambios particularmente marcados en el conjunto de proteínas que circulan por la sangre.

El estudio, publicado en 2019 en la revista científica Nature Medicine, analizó muestras de plasma de 4,263 personas entre los 18 y los 95 años y examinó 2,925 proteínas. Los investigadores descubrieron que los niveles de muchas de estas proteínas no permanecen estables ni cambian de manera uniforme durante toda la vida.

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Tres edades que llamaron la atención de los investigadores

El análisis identificó tres puntos de inflexión alrededor de los 34, 60 y 78 años.

El primero se presentó aproximadamente a los 34 años. El segundo ocurrió cerca de los 60 y el tercero alrededor de los 78. En esos periodos se observó un aumento en la cantidad de proteínas cuyos niveles mostraban cambios relacionados con la edad.

Los investigadores describieron estos periodos como momentos de cambios importantes en el llamado proteoma plasmático, es decir, el conjunto de proteínas que pueden encontrarse en el plasma sanguíneo.

Esto no significa que una persona experimente un cambio físico repentino exactamente al cumplir 34, 60 o 78 años. Tampoco quiere decir que los 78 años constituyan una definición médica universal de “vejez”.

Lo que encontró el estudio es que el comportamiento de determinadas proteínas cambia de manera más pronunciada alrededor de esas edades, ofreciendo pistas sobre cómo se desarrolla el envejecimiento biológico.

¿Por qué las proteínas son importantes?

Las proteínas participan en prácticamente todas las funciones del organismo. Por eso, analizar cómo cambian sus niveles puede proporcionar información sobre distintos procesos relacionados con el envejecimiento.

El equipo de Stanford señaló que las modificaciones observadas en la sangre podían utilizarse para desarrollar una especie de “reloj” molecular capaz de estimar la edad de una persona a partir de sus proteínas sanguíneas. El estudio encontró además que las modificaciones no ocurrían de forma perfectamente lineal. En lugar de producirse a un ritmo constante, diferentes grupos de proteínas podían permanecer relativamente estables durante determinados periodos y después experimentar cambios más pronunciados.

Los 78 años no son una frontera universal

Aunque el hallazgo de los 78 años puede resultar llamativo, los propios resultados deben interpretarse con cautela.

La investigación no estableció que una persona pase oficialmente a la vejez al cumplir 78 años. Su objetivo fue estudiar el envejecimiento desde una perspectiva molecular mediante el análisis de proteínas en el plasma sanguíneo.

De hecho, los investigadores hablaron de cambios en la trayectoria del envejecimiento fisiológico y no de una clasificación social o médica de las personas.

Esto es importante porque dos personas con la misma edad cronológica pueden presentar diferencias considerables en su estado de salud, condición física y características biológicas.

El envejecimiento no ocurre igual en hombres y mujeres

Otro de los hallazgos destacados fue la existencia de diferencias relacionadas con el sexo. Los investigadores observaron que una proporción importante de las proteínas asociadas con la edad mostraba patrones que podían ser más predictivos para hombres o para mujeres.

Esto refuerza la idea de que el envejecimiento es un proceso complejo y que no puede explicarse únicamente mediante el número de años que ha vivido una persona.

Una mirada distinta al paso de los años

Más que establecer una “edad oficial” para la vejez, la investigación ofrece una mirada molecular a la manera en que cambia el organismo a lo largo del tiempo.

Los 34, 60 y 78 años aparecen como momentos en los que se concentran cambios relevantes en las proteínas sanguíneas, pero no representan fronteras rígidas que determinen cuándo una persona comienza o deja de ser joven.

El envejecimiento continúa siendo un proceso individual, influido por múltiples factores biológicos y ambientales. El estudio de Stanford aporta una pieza más al esfuerzo científico por comprenderlo y medirlo.