Estas historias están en todos lados; las escuchas en la fila del banco, la sala de espera del médico, el restaurante, la boutique o la barrita de moda. 

Sylvia (nombre ficticio) llevaba unos días saliendo con un muchacho. Todo parecía ir de maravilla, y ella sentía que entre ellos había química. Pero de un momento a otro, él se desconectó sin mayores explicaciones y Sylvia se quedó sin entender qué fue eso tan “grave” que hizo para que él perdiera el interés. 

La respuesta en este caso en específico es incierta, pero, en un intento por conocer los factores que contribuyen a que un hombre deje de sentirse atraído hacia una mujer, preguntamos a cuatro chicos cuáles son aquellas acciones que los hacen huir. 

Para Omar Cadena, de 38 años, lo peor que puede hacer una muchacha con la que esté saliendo es que esta pretenda hacerlo sentir como un niño cuando apenas le lleva unos años, que quiera cambiar su forma de ser y que no respete sus creencias ateístas. 

“Siempre sale el tema de la religión y yo tengo que respetar que ella sea cristiana, pero no puede respetar que yo sea ateo. Yo no lo hago vociferando, pero siempre me lo sacan en cara. Yo tengo que soportar que tú me digas hasta ‘Dios te bendiga’, pero yo no puedo hacer ningún tipo de comentario de lo que yo piense”, expresó. 

En una primera cita, un comportamiento imperdonable para el entrevistado es que la fémina actúe de forma interesada. 

“Que se le vea el interés más por el dinero o el lujo cuando vaya a pedir adonde vayamos que el interés que pueda tener en conocerme, que no hable, que a lo que esté pendiente en un restaurante sea a la comida más cara, al vino más caro; me ha pasado… Después de ahí desaparecen”, añadió. 

De hecho, ese fue un punto en el que coincidieron los otros tres entrevistados.

“Para yo perder el interés basta con que sea una creída, que lleguen con la actitud de que se lo merecen todo, de ‘tú pagas’, de ‘tú lo haces todo’”, indicó por su parte Raúl Martin.

Para Joel Rivera, de 36 años y Ángel Otero, de 31, dos actitudes injustificables es el que les quieran controlar las agendas y que les hagan demasiadas preguntas. 

“No puedo bregar con alguien que sea muy intensa, que por ejemplo yo le diga: ‘a mí me gusta kayakear’, y ella rápido me diga: ‘ay, sí, dale vamos, a mí me gusta también; que se muestre demasiado ofrecida. A mí, me saca la mujer que me hace planes, pero ahí depende mucho del hombre porque hay una línea bien finita entre demostrar el interés y querer controlar”, sostuvo Rivera. 

 “Si hacen demasiadas preguntas de una, quieren averiguar mucho, eso no funciona para mí, que te quieran controlar, que pregunten mucho y muchas preguntas indiscretas, y si es una combinación de ambas sería fatal. Algo que me molesta también es que me quieran controlar mi tiempo. Mire, yo también quiero hacer mis cosas; yo soy un individuo aparte”, comentó por su parte Otero, quien aclaró que un tema inapropiado para él es profundizar en los temas relacionados con los sentimientos.

 Para Otero, otro imperdonable son los celos descontrolados. 

“Algo que yo no soporto es que empiecen con el: ‘¿y quién es esta?’, y ‘¿pa’ dónde tú vas?’, ‘¿una pana?’ Eso conmigo no va”, afirmó.

 Al cuestionarles, por el contrario sobre aquellos factores que podrían propiciar mayor interés de su parte y las ganas de querer seguir conociendo a una mujer, todos subrayaron aspectos como el que la fémina sea abierta a hablar de diferentes temas, que se muestre simpática, pero sobre todo, que luzca interesada en lo que ellos comentan y en conocer detalles sobre ellos también. 

 Cadena, por ejemplo compartió que ha salido con mujeres que acaparan la conversación y la dirigen solo a ellas, mientras, cuando les toca a ellos responder, estas no les prestan atención o se distraen mirando sus teléfonos.

“Aunque suene estúpido, cuando yo empiezo a salir con alguien, lo que quiero es conocer a la persona, saber lo que le gusta, detalles de su vida, si tiene hijos, si no tiene hijos, si hace mucho dejó una relación porque todo eso influye en cómo hace uno hace el acercamiento a una persona. Yo lo que espero de una primera cita, por ejemplo, es que los dos terminemos riéndonos y con ganas de más, que el tiempo se vaya rápido. Así es como uno dice: ‘quiero volver a salir con esta mujer’, al menos en mi caso”, sentenció el entrevistado.