En una finca en Aibonito crece una fruta de color amarillo, cubierta de espinas gruesas y que, al partirse a la mitad, revela un interior gelatinoso de un verde esmeralda.

Parece un objeto traído de otro planeta. Hay quien le llama “la fruta alien”. Sin embargo, se trata de un kiwano africano.

Pero esas tierras montañosas del centro del archipiélago esconden muchos más secretos. Allí, el agrónomo Ramón Alvarado Rivera cultiva más de 40 variedades de frutas y vegetales poco comunes.

“Hay pepinillos marrones con piel áspera, blancos de piel lisa, amarillos y con espinas. Hay remolachas que por dentro son fucsia, doradas o blancas y rojas. Y hay 17 variedades de tomates”, detalla.

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El aiboniteño creció entre las pascuas navideñas que cultiva su padre, familiarizándose con la tierra. Así que sintió que debía seguir ese camino y estudió Agronomía en Mayagüez.

Diversos agricultores han apostados a la cosecha de alimentos "raros", los que llegan a los clientes a través del supermercado PRoduce.

Aunque formalizó su negocio en 2021, lleva cerca de diez años experimentando en el campo con lo que muchos considerarían imposible.

Y es que él apuesta por los frutos heirloom, que nacen de semillas ancestrales conservadas por generaciones sin modificaciones genéticas.

La idea es ofrecer variedades que sean poco comunes de encontrar en un supermercado, de igual o mejor valor nutricional, pero de diferentes colores, formas y sabores”, indica.

Lo bueno, asegura Alvarado Rivera, es que Puerto Rico tiene “la bendición de que podemos cultivar casi todo lo que uno pueda imaginarse”; lo malo, los huracanes, las sequías y la falta de mano de obra que hacen el camino un poco más complicado.

Sin embargo, se mantiene firme, en parte, por los gestos de sorpresa que hacen los boricuas tras ver y probar estos frutos.

“Es bien satisfactorio”, resalta. “Me da mucho orgullo poder darle cariño a algo para que, al final, otras personas se deleiten, lo aprecien y lo disfruten. Es lo lindo de la agricultura: sembrar algo de calidad y que a las personas les guste”.

“Es bonito probar”

Mientras, en el oeste, en las tierras del histórico valle de Coloso, en Aguada, se cosecha jaca, garcinia, bacupari, mameyito, mangostán, grumichama, ciruela del gobernador, ketembilla, pitanga, bilimbi, rambután.

Allí, Julitza Nieves Labiosa lidera Productos Montemar y, en asociación con cuatro agricultores fijos, se enfoca en rescatar frutos que evocan tanto la nostalgia de antaño como la curiosidad del presente.

Es como una forma de transmitir el amor de la creación”, apunta la agroempresaria, quien cuenta con una maestría en Salud Ambiental. ”Me encanta porque es poder valorar la biodiversidad. Es un gran honor”.

A ella le ha gustado sembrar desde pequeña. En casa de sus padres hay plantas que sembró cuando tenía ocho años, pero hace 22 fue que decidió dedicarle su vida a la tierra.

Afiliada al movimiento internacional Slow Food, que promueve una alimentación limpia y pausada, Nieves Labiosa aboga por educar en busca de ampliar el paladar de los puertorriqueños.

Mucha gente dice: ‘¡Ay, yo no sabía que eso existía!’. Es bien bonito ver cómo se sorprenden”, cuenta. “La vida es corta y es bonito probar para poder hablar desde la experiencia”.

Un supermercado bien local

Pero cosechar estas maravillas es solo la mitad del esfuerzo. Para un pequeño agricultor, la comercialización suele ser cuesta arriba.

Alvarado Rivera, por ejemplo, debe “correr todas las bases” en su negocio: siembra, cosecha, empaca, distribuye. Por su parte, Nieves Labiosa enfrenta el reto de disponer de la fruta fresca postcosecha.

Ante esto, nació PRoduce que, tras ocho años operando de manera digital, recientemente abrió un espacio físico en el corazón de Santurce.

Crystal Díaz, cofundadora de PRoduce
Crystal Díaz, cofundadora de PRoduce (Xavier Araújo)

Su misión es conectar el campo con el consumidor, servir de megáfono y de punto de encuentro para el trabajo de más de 300 agricultores y productores locales.

“Nos encantan esos productos que se producen en Puerto Rico, que están chéveres, pero que no les dan oportunidad en los supermercados tradicionales”, explica la cofundadora Crystal Díaz. “Mientras más raro, mejor”.

En este mercado, contrario a lo que estiman las estadísticas de consumo del país, cerca del 90 % de lo que ofrecen es producido localmente y solo el 10 % –como aceite de oliva o vinos– es importado.

Además, cada producto cuenta con una etiqueta que identifica la finca donde se cultivó o las manos que lo produjeron. Esta transparencia también busca educar al consumidor sobre las temporadas agrícolas en el país.

El supermercado está localizado en Miramar.
El supermercado está localizado en Miramar. (Xavier Araújo)

Detrás de este esfuerzo hay un impacto que va mucho más allá del plato. Reducir la dependencia de lo importado y elegir lo local permite que el dinero se quede trabajando en la economía puertorriqueña, apoyando directamente a quienes sudan la tierra.

“Semillita a semillita, fruta rara a fruta rara, en cada queso cool que no sabías que existía, vamos sembrando esa curiosidad, ese cambio”, puntualiza Díaz.