Héctor Rodríguez estuvo en el World Trade Center durante el atentado de 1993 y regresó ocho años después, cuando las Torres Gemelas fueron destruidas. Un cuarto de siglo más tarde, continúa activo en el NYPD y recuerda el olor, los escombros y la solidaridad que marcaron aquellos días.

Era el 26 de febrero de 1993 cuando una bomba de aproximadamente 1,200 libras explotó en el estacionamiento subterráneo de la Torre Norte del World Trade Center.

Héctor Rodríguez, un joven oficial antinarcóticos del Departamento de Policía de Nueva York (NYPD), acababa de llegar como refuerzo a la escena. Frente a él había un enorme cráter, humo y escombros. Las torres, sin embargo, seguían en pie.

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Rodríguez levantó la mirada hacia los edificios y pensó: “Dios mío, no entiendo cómo no tumbaron este edificio”, recordó en entrevista con el Diario New York.

Ocho años, seis meses y 16 días después, tendría la respuesta.

De Ponce a las calles de Nueva York

Rodríguez nació en Ponce, Puerto Rico, y llegó a formar parte del NYPD después de ingresar a la academia policial en 1990.

Tras establecerse en Brooklyn, comenzó su carrera combatiendo el narcotráfico en el sur del condado. En 1993 era uno de los cientos de agentes que respondieron al primer atentado contra el World Trade Center.

Aquel ataque dejó seis personas muertas y más de 1,000 heridas, además de provocar la evacuación de decenas de miles de personas.

Rodríguez no podía saberlo entonces, pero aquella primera visita al complejo marcaría el resto de su vida.

“Inmediatamente crucé el puente”

El 11 de septiembre de 2001, el recuerdo de las Torres Gemelas regresó de una manera mucho más devastadora.

Hace 24 años de la tragedia que dejó a todos en "shock".

A las 8:46 de la mañana, el vuelo 11 de American Airlines impactó contra la Torre Norte. Diecisiete minutos después, el vuelo 175 de United Airlines se estrelló contra la Torre Sur.

Rodríguez recuerda que inicialmente las informaciones hablaban de un posible accidente. Pero mientras se dirigía hacia Manhattan comprendió que se trataba de algo mucho más grave.

“En la televisión se hablaba de un accidente. Inmediatamente crucé el puente y, mientras me acercaba a la zona del desastre, empecé a sentir un olor terrible que hoy, 25 años después, todavía no puedo olvidar”, recuerda.

A las 9:59 a.m. cayó la Torre Sur. A las 10:28 a.m., la Torre Norte.

Esta vez, Rodríguez regresaba al mismo lugar donde ocho años antes se había preguntado cómo era posible que las torres hubieran resistido. Ya no estaban.

“Aquello era muerte y desesperación”

Durante los seis meses siguientes, el oficial trabajó en la Zona Cero.

Primero participó en las labores de respuesta y emergencia. Después, su trabajo se concentró en una de las tareas más difíciles: ayudar en la identificación de las víctimas y recopilar información entre los escombros.

“Una cosa es lo que pueden reflejar las cámaras de televisión y otra es el caos de una escena donde todo era muerte y desesperación”, relata.

Entre los restos aparecían objetos que, aislados, podían parecer insignificantes, pero que representaban la vida de alguien.

“Cada uno significaba una vida perdida: un dedo, un llavero, una identificación personal…”, remomóró.

El balance de los ataques fue devastador: 2,977 personas murieron como consecuencia directa del 11 de septiembre, sin contar a los 19 secuestradores.

Entre ellos había 23 miembros del NYPD, 37 agentes de la Policía de la Autoridad Portuaria y 343 integrantes del Departamento de Bomberos de Nueva York (FDNY).

Pero la tragedia no terminó cuando se retiraron los escombros.

Una tragedia que continuó durante décadas

La exposición al polvo y a las sustancias tóxicas presentes en la Zona Cero tuvo consecuencias de largo plazo para miles de trabajadores y personas que estuvieron expuestas.

Enfermedades respiratorias y distintos tipos de cáncer han continuado cobrándose vidas entre quienes participaron en las labores de rescate, recuperación y limpieza.

En 2026, el NYPD incorporó a un nuevo muro conmemorativo en One Police Plaza los nombres de cientos de miembros de la institución que murieron posteriormente por enfermedades relacionadas con el 11-S.

El homenaje refleja una realidad que se hizo evidente con el paso del tiempo: para muchos de quienes estuvieron allí, el 11 de septiembre no terminó aquel día.

“Salió a relucir lo mejor del neoyorquino”

Pero entre la destrucción, Rodríguez también guarda otro recuerdo.

Personas de distintas razas, nacionalidades y condiciones económicas acudieron a la zona para llevar comida, agua, ropa y suministros a quienes trabajaban entre los escombros.

“Cuando se metieron con nosotros, salió a relucir lo mejor del neoyorquino. Nueva York mostró lo unidos que podemos estar en una ciudad tan diversa”, afirma.

Para Rodríguez, aquella solidaridad forma parte inseparable de la memoria del 11-S. Frente a un ataque concebido para sembrar miedo y división, miles de desconocidos respondieron ayudándose unos a otros.

“Todos los días paso por esa área”

Un cuarto de siglo después, Rodríguez todavía pasa con frecuencia por el nuevo World Trade Center.

En el lugar donde alguna vez encontró destrucción y muerte ahora observa edificios, espacios públicos y las enormes piscinas construidas en las huellas de las Torres Gemelas.

“Todos los días paso por esa área y cuando veo lo que se ha logrado construir allí, me emociono. Nueva York le dijo al mundo que, a pesar de todo el dolor causado, con nosotros no se puede”, sostiene.

Los recuerdos, sin embargo, siguen presentes.

“Cada año, cuando se acerca esta fecha, me siento mal. El olor, los objetos encontrados y las imágenes de la destrucción regresan a mi memoria, incluso un cuarto de siglo después”, confiesa.

25 años después, todavía lleva el uniforme

Mientras muchos de los compañeros con los que trabajó después de los atentados se retiraron y otros fallecieron, Rodríguez continúa activo.

Desde 2016 forma parte de una fuerza conjunta contra el narcotráfico vinculada a la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA).

Para él, retirarse todavía no está en los planes.

Y su historia tampoco parece terminar con él.

Su hijo también es policía. Varios de sus sobrinos y primos siguieron el mismo camino y eligieron trabajar en las fuerzas del orden.

Así, una historia que comenzó en Ponce y continuó en las calles de Nueva York ha terminado convirtiéndose también en una historia familiar: la de varias generaciones dedicadas al servicio público.

Rodríguez estuvo frente a las Torres Gemelas en 1993. Volvió cuando desaparecieron en 2001. Y 25 años después, sigue llevando el uniforme.

Las torres ya no están, pero su memoria permanece.