Phoenix. En medio de la pandemia del coronavirus y ante la llegada del verano los residentes de estados del suroeste como California, Arizona o Nevada ven con temor otra posible amenaza: la fiebre del valle, enfermedad respiratoria con síntomas parecidos a los del COVID-19 y que se intensifica en la época de los monzones.

Fiebre, tos y dificultad para respirar, esos también son los síntomas que tienen los contagiados con la espora del hongo Coccidioides, que entra por el tracto respiratorio y que también enferma a rsidentes de Nuevo México, Utah y Texas.

Aunque la fiebre del valle produce síntomas que pueden confundir con el coronavirus, el especialista Thomas Ardiles, del Banner-University Medical Center, en Phoenix (Arizona), dijo a Efe que se trata de afecciones distintas y con consecuencias desiguales.

"La fiebre del valle es una infección ocasionada por un hongo que se da en el desierto y al que estamos expuestos por los vientos; mientras el coronavirus es un virus muy agresivo y sumamente contagioso", aseguró el neumólogo.

Si bien para quienes poseen un sistema inmunológico saludable los padecimientos de los enfermos con la fiebre del valle no irán más allá de un resfriado, "las personas con diabetes o enfermedades crónicas son más vulnerables a complicaciones", aclaró.

La fiebre del valle se transmite al inhalar las esporas de Coccidioides que se encuentran en la tierra al ser removida por construcciones, no de persona a persona como el caso del COVID-19.

De acuerdo a datos del Departamento de Servicios de Salud de Arizona, en el año 2018 se reportaron 7,478 casos de fiebre del valle, en 45 de los cuales derivó en la muerte del paciente. En las zonas metropolitanas de Tucson y Phoenix se estima que al año una de cada 100 personas padece esta enfermedad.

Esas cifras contrastan con las casi 12,000 personas que han resultado contagiadas de coronavirus en Arizona, donde se han registrado más de 500 muertes por la pandemia, según cifras oficiales del Gobierno estatal.

"Si tiene síntomas debe de buscar un médico, para que no haya confusión en el diagnóstico. Desde que empezó el coronavirus no hemos atendido gente con fiebre del valle, pero les hacemos la prueba por seguridad", expresó Ardiles.

Según John Galgiani, especialista en enfermedades infecciosas, es posible contraer el COVID-19 y la fiebre del valle de manera simultánea, si bien la probabilidad de que ello ocurra es muy baja.

"Para quienes han tenido la fiebre del valle en el pasado, no tienen por qué creer que están en mayor riesgo de contraer coronavirus, ya que la fiebre del valle no interfiere con el sistema inmunológico de la persona, ni lo debilita", aclaró el también especialista del Banner University Medical Center.

Indicó que no se puede diferenciar entre las dos enfermedades, pero los cierto es que "sus patrones generales no son iguales y existen algunas pistas".

"El riesgo de contraer la fiebre del valle siempre está presente, con fluctuaciones estacionales durante el año. De manera que, mientras que esperamos que los casos de coronavirus disminuyan durante los próximos meses, se pronostica que el número de casos de fiebre del valle se incrementarán durante el verano", explicó Galgiani.

Aclaró que el control y la disminución de ambas afecciones podrían resultar de las vacunas correspondientes. "Hay una vacuna experimental para la fiebre del Valle que se encuentra en las etapas de desarrollo y pruebas en perros", aseguró.

Mencionó que el COVID-19 es una epidemia emergente donde el número de casos confirmados va en aumento y, según las proyecciones actuales, se espera que en el caso de Arizona llegue a su pico en estas semanas.

"El coronavirus se va a quedar por largo tiempo lamentablemente, porque no hay cura y es sumamente contagioso. Viviremos con él por unos meses, hasta que aparezca una vacuna", expuso por su parte Ardiles, originario de Perú y con más de una década en neumología.

El hispano asegura que nunca había enfrentado un virus tan poderoso como el COVID-19, que le ha llevado a hacer jornadas de hasta 15 horas en una lucha diaria "para mantener vivos a los pacientes".

“Todos estamos exhaustos”, dijo. “Es el reto más grande que he tenido, al igual que mi equipo, ya que se trata de un enemigo invisible que hace cosas difíciles de explicar. Recientemente estamos viendo la predisposición de personas a tener coágulos, es inexplicable”.