Atlanta. Algunos de los millones de trabajadores estadounidenses despedidos a causa del coronavirus empiezan a enfrentar una difícil decisión: regresar a laborar y arriesgarse al contagio, o quedarse en casa y arriesgarse a perder los pagos por desempleo.

La decisión es más acuciante en los estados donde los gobernadores han comenzado a permitir la reapertura de algunos negocios, como los restaurantes, con medidas de sana distancia.

A Tyler Price, de 26 años, le llamaron de Del Frisco’s Grille, en Brentwood, un suburbio de Nashville, para indicarle que regresara a trabajar. Tennessee autorizó a los restaurantes que reanudaran el consumo interior a condición de que su cupo esté al 50% y que los camareros utilicen mascarillas y les tomen la temperatura para comprobar que no tengan fiebre.

Pero Price, que no ha recibido ninguna asistencia por desempleo, no sabe qué hacer. Dice que es “altamente susceptible” a las enfermedades respiratorias y que de niño fue hospitalizado por neumonía.

“Sé lo que se siente estar en un hospital, ahogarse con tus propios pulmones”, dijo Price, quien se mudó con su madre a una zona cercana a San Luis después de que lo despidieran. “Es horrible, terrible. No quiero verme en esas”.

Tyler señaló que atender mesas “es imposible bajo las normativas del distanciamiento social” y que preferiría recibir pagos por desempleo.

El jueves, el Departamento de Trabajo informó que debido a las órdenes de cerrar negocios y permanecer en casa por la pandemia, 30 millones de estadounidenses han solicitado subsidio por desempleo, o aproximadamente 1 de cada 6 trabajadores.

La configuración del sistema de desempleo intensifica el apremio. Si un empleador llama a sus trabajadores despedidos para que regresen, deben presentarse a laborar o podrían perder sus prestaciones.

Ello porque el seguro de desempleo está diseñado para asistir a la gente hasta que pueda reintegrarse en un trabajo, dijo Michele Evermore, analista sénior de políticas de la organización National Employment Law Project (Proyecto Nacional de Ley de Empleo) en Nueva York.

“Un trabajador desempleado no puede rechazar un trabajo adecuado y continuar cobrando seguro de desempleo”, afirmó Evermore. “Posiblemente el trabajo que tenías era adecuado”.

El temor a enfermarse o la preocupación de que un empleador no provea protección apropiada contra una infección por lo general no son razones por las que alguien pueda solicitar la asistencia por desempleo. La situación se complica más porque algunos negocios están cabildeando para impedir que empleados y clientes los demanden en caso de transmisión del coronavirus.

La estilista Lacey Ward, en Omaha, Nebraska, solicitó la asistencia por desempleo a mediados de marzo y continúa esperando su primer pago. Se ha visto obligada a utilizar los ahorros de su familia y le apremia volver a trabajar. Sin embargo, le preocupa que la decisión del gobernador Pete Rickets de permitir la reapertura de salones de belleza desde el lunes pueda ponerla en peligro no sólo a ella, sino a su esposo y dos hijos chicos.

Ward, de 38 años, dijo que preferiría cobrar la asistencia por desempleo hasta que el peligro del virus se haya disipado y esté más claro si puede ofrecer otros servicios, como aplicar champú. Es copropietaria del salón de belleza, pero sólo gana lo que le pagan los clientes que ella misma atiende.

“Prefiero estar segura que lamentarme”, dijo Ward. “No hacemos una actividad esencial. No me he arreglado el cabello en tres o cuatro meses. ¿Pero qué importa? ¿Quién ve?”

Ward dijo que como le preocupa demasiado la propagación del virus, tiene previsto cambiarse de ropa y lavarse el pelo antes de regresar a casa.

"Estamos jugando con fuego, tocando físicamente a otra persona”, apuntó.