CENTENNIAL, Colorado — Fue una decisión angustiosa. 

¿Debería permitir a los fiscales mostrar a una madre paralítica una foto de su hija de seis años asesinada cuando la mujer declarase en el juicio por la masacre en un cine en Colorado? ¿O la imagen la haría romper en llanto y con ello crear prejuicio en el jurado contra el pistolero, James Holmes?

El juez Carlos A. Samour Jr. ponderó el asunto durante la noche y luego trató de conseguir un equilibrio.

"Voy a permitir a la fiscalía que la muestre", dijo Samour al día siguiente, "pero, literalmente, por tres segundos".

La decisión resalta las dificultades diarias que enfrenta el juez para tratar de equilibrar las intensas emociones del juicio con la necesidad de ser imparcial. Es un caso monumental para el inmigrante salvadoreño de 48 años, que aún habla con un fuerte acento que suaviza su actitud a veces estricta y severa.

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Observadores legales dicen que Samour ha conducido el importante caso de pena de muerte con cuidado y previsión, todo ello al tiempo que se mantiene atento a jurados y víctimas.

"Existe un estrés y una tensión tremenda sobre todo el mundo en ese tribunal, y eso definitivamente incluye al juez", dijo el abogado defensor Craig Silverman, un exfiscal radicado en Denver. "Este juez ha actuado magistralmente bajo las circunstancias más difíciles. Ha mantenido control del tribunal".

Este inusual juicio por una masacre ha tenido grandes retos. 

Una amplia cobertura de prensa del ataque del 20 de julio del 2012 y su extendido impacto hicieron que el juez convocase a 9,000 potenciales jurados en uno de los procesos de selección más amplios y más complicados en la historia de Estados Unidos.

Samour redujo el grupo a 24, una cifra inusualmente alta, porque sabía que necesitaría más jurados alternos. Cuando decidió descartar a cinco jurados por exponerse a reportes noticiosos o por emergencias familiares, se negó a permitir que eso descarrilase el caso.

Y luego hay dilemas como la foto de graduación de jardín de niños de Veronica Moser-Sullivan, la menor de las 12 personas muertas en la masacre en la sala de cine en la ciudad de Aurora. La decisión de permitir que se mostrase la foto fue apenas una de decenas de decisiones delicadas que Samour ha tenido que tomar durante el juicio, el cual ha sido un forcejeo entre fiscales y abogados defensores sobre cuánto dolor y sangre es demasiado.

Lo que está en juego es considerable. Cualquier error significativo de Samour pudiera arriesgar que el caso sea revocado en una apelación, lo que obligaría a todo el mundo a vivir de nuevo el mismo proceso.

"El acusado tiene un derecho constitucional a un juicio imparcial. El acusado no tiene un derecho constitucional a un juicio desinfectado", dijo Samour después de que los abogados de Holmes le pidieron que prohibiera la presentación de fotos que mostraban sangre en los asientos y pasillos del cine. Sin embargo, no permitió que los fiscales presentaran un video que mostraba vehículos de la policía que transportaban a las víctimas moribundas al área de urgencias de un hospital ni sus cuerpos ensangrentados en camillas. Eso, dijo, iba demasiado lejos.

"Los jueces son seres humanos, y uno realmente tiene que estar en un caso como éste para apreciar plenamente lo difícil que es el trabajo del juez", dijo Terry Maroney, profesor de la facultad de derecho de la Universidad Vanderbilt que ha estudiado el impacto de las emociones de los jueces en casos penales. "A fin de cuentas, uno quiere a un ser humano a cargo de estos procesos, alguien que sepa cómo manejar las múltiples emociones".

Si tiene poderosos sentimientos una vez que deja el banquillo, Samour no los muestra. Pero pasa las noches y los fines de semana investigando jurisprudencia y escribiendo fallos, un indicio de lo mucho que le preocupa el caso.

A través de un portavoz de la corte, Samour se negó a comentar al respecto. Una orden vigente prohíbe que los involucrados en el caso hablen sobre el mismo.

La familia de Samour partió de El Salvador hacia Estados Unidos en 1979, cuando él tenía apenas 13 años y su país estaba inmerso en una guerra civil. En Colorado se graduó de la secundaria Columbine, 16 años antes de una masacre allí en la que murieron 12 estudiantes y un maestro. Se graduó de derecho en la Universidad de Denver y trabajó en bufetes privados, y posteriormente comenzó a laborar en la fiscalía del distrito de Denver.

En el 2007 se convirtió en juez del distrito.