Noruega explora el fondo del mar y descubre submarino ruso nuclear que aún emite radiación
Su hundimiento es uno de los más vigilados por expertos en cuidado ambiental.

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En las profundidades del mar de Noruega, a 1,680 metros bajo la superficie, yace una de las reliquias más peligrosas de la Guerra Fría. El submarino soviético K-278 Komsomolets, una joya tecnológica de la extinta URSS construida con un doble casco de titanio para alcanzar profundidades extremas, sigue siendo hoy un foco de atención científica. Un reciente estudio publicado en la revista PNAS confirma que, más de tres décadas después de su hundimiento, el pecio continúa liberando radionúclidos desde su reactor hacia el océano.
El destino de esta nave quedó sellado el 7 de abril de 1989. Un incendio iniciado en la parte posterior del sumergible fue incontrolable, alimentado por el aire comprimido de una tubería dañada. De los 69 tripulantes a bordo, solo 27 lograron sobrevivir a la tragedia. Desde entonces, el submarino permanece erguido en el lecho marino, albergando en su interior un reactor averiado y dos armas nucleares, lo que lo convierte en uno de los restos militares más vigilados del fondo oceánico europeo.
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Una fuga bajo la lupa de la ciencia
La vigilancia del Komsomolets ha pasado por diversas etapas. Entre 1989 y 2007, expediciones rusas utilizaron sumergibles tripulados para intentar contener los daños. Sin embargo, en años recientes, la responsabilidad ha recaído en organismos como el Instituto de Investigación Marina y la Autoridad de Seguridad Radiológica y Nuclear de Noruega.
A través de vehículos operados a distancia, los investigadores detectaron emisiones activas provenientes de una tubería de ventilación. Justin Gwynn, científico sénior especializado en radiactividad marina, relató a Gizmodo que el equipo observó con sorpresa cómo salía material de dicha estructura: “niveles elevados de radionúclidos liberados”, un hallazgo que coincide con zonas donde misiones rusas previas ya habían reportado escapes del reactor.
Hallazgos y seguridad ambiental
Para determinar la procedencia de la radiación, los expertos analizaron las proporciones de isótopos de plutonio y uranio. Los resultados arrojaron “pruebas claras” de que el combustible nuclear se está corroyendo y degradando con el paso del tiempo. Pese a la espectacularidad de la fuga, el informe académico ofrece un parte de tranquilidad para el ecosistema marino.
Los puntos clave del estado actual del submarino son:
No se hallaron rastros de plutonio proveniente de las ojivas nucleares en los compartimentos de torpedos.
La fauna marina local no presenta señales de afectación gracias a la rápida dilución del material en el agua.
Los refuerzos y tapones de titanio instalados por Rusia en la década de los noventa parecen seguir cumpliendo su función de sellado.
Las emisiones de radionúclidos detectadas provienen exclusivamente de la degradación del reactor.
El casco de titanio mantiene la estructura del sumergible en una posición vertical sobre el fondo marino.
La gestión del incidente también ha sido objeto de análisis histórico. Svetlana Savranskaya, directora de programas sobre Rusia en el National Security Archive de la George Washington University, destacó que las autoridades de la época realizaron un esfuerzo importante por asegurar la nave y compartir datos con la comunidad internacional.
Aun así, el misterio del Komsomolets no está completamente resuelto. Los científicos noruegos planean nuevas expediciones con sumergibles de última tecnología para entender por qué la intensidad de la fuga varía con el tiempo. El objetivo es descifrar los mecanismos exactos que alimentan este escape radiactivo en lo que hoy es un silencioso y vigilado mausoleo nuclear en las profundidades del Atlántico Norte.

