La amenaza de un racionamiento de agua potable a causa de la sequía y los problemas que ha enfrentado la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA) en los pasados meses para suplir el servicio mantienen agobiados a los comerciantes que requieren de este preciado líquido para operar, como son las lavanderías, “car wash” y restaurantes.

La situación los coloca en igual disyuntiva que cuando ocurren apagones del sistema eléctrico. Se trata de operar en pérdida, cerrar sus negocios de manera temporal o aumentar los precios para subsistir.

Pero, lo que más resonó fue que los pequeños y medianos comerciantes no ven un respiro para sobrevivir en Puerto Rico. Hablaron de múltiples requisitos y gastos que limitan las probabilidades de crecer, expandirse y mejorar sus negocios.

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Resaltaron ejemplos de negocios que generan diariamente entre $600 a $700 diarios, pero tiene que gastar una cantidad similar para contratar a una empresa que les llene la cisterna para que esa agua comprada no les dure para la operación de todo un día.

La realidad la plantearon varios comerciantes entrevistados por Primera Hora en zonas afectadas o amenazadas por planes de interrupciones programadas a causa de la sequía o por averías de la AAA.

“Estamos operando en pérdida”

Las vicisitudes de Luis Alicea Caldas, dueño de Ciudad LaundroMax, en Ciudad Universitaria, Trujillo Alto, se iniciaron en la pandemia del COVID-19. Abrió su lavandería en enero y ya en marzo fue obligado a cesar operaciones.

En la actualidad, la alerta de que los abonados que se suplen del embalse Carraízo y los mantenimientos que se le han dado a la Planta Sergio Cuevas para tratar de mejorar su servicio en la zona metropolitana lo mantienen en vilo.

Las “múltiples” cisternas que tiene le dan para operar tres días sin servicio.

“Operamos a dos días sin agua y un día de reserva. Por ende, ahí tenemos que tomar la decisión de, si compramos agua, la cual automáticamente se convierte en pérdida”, resaltó.

Explicó que, por 4,000 galones de agua, paga entre $800 a $1,000. “Eso da para operar, posiblemente, un día o una fracción de un día, porque no es agua suficiente”.

Alicea Caldas puntualizó que, bajo este panorama, “servimos al público, a sabiendas de que estamos operando en pérdida. Entendemos que ese gasto que se está tomando se hace para beneficio del público que nos visita. La idea es evitar la interrupción del negocio, porque es una necesidad que la gente tenga su ropa limpia. Nuestro público no viene con gusto, por ende tenemos una responsabilidad y se trabaja con pérdida. Pero, si sobrepasa una semana, tenemos que cerrar operaciones. El negocio no genera suficiente para decir: ‘voy a regalar mi servicio’”.

Comentó que, en este verano, cuando se han registrado múltiples días sin agua para los abonados de Carraízo, decidió cerrar por un solo día de las operaciones de la lavandería.

“Nosotros sabemos que tenemos que prepararnos para periodos prolongados sin agua. Pero, el impacto económico es mucho más allá de lo que se puede pretender entender… Nosotros damos servicio a propiedades que son alquiler a corto plazo. ¿Cómo ellos operan si no tienen agua? Ellos son negocios pequeños también. Ellos no pueden operar. Así que la pérdida económica no solo es de nosotros”, resumió el comerciante, al destacar el efecto en cadena que tiene la escasez de agua potable.

Los lugares de lavado de ropa se ven sumamente afectados, entre otros negocios.
Los lugares de lavado de ropa se ven sumamente afectados, entre otros negocios. (Suministrada)

El problema de detener operaciones de un comercio es que las personas que acuden a las lavanderías comienzan a dejar malos comentarios en Google y en las redes sociales, denunció Adiris Castro Lugo, propietaria de JC Service Machine Laundromat.

La comerciante señaló, sin embargo, que la principal razón por la que cierran es la falta de energía eléctrica. Esto se debe a que están ubicados en edificaciones en Santurce, Río Piedras y Reparto Metropolitano en las que no les permiten tener generadores eléctricos.

Cuando llegue el racionamiento, la mujer también pondera cerrar cuando se les acabe el agua de las cisternas.

“Para (2017, durante el huracán) María tuvimos que pedir el agua para rellenar (las cisternas) y eso salía demasiado costoso. Si se fuese a acabar el agua, sería simplemente cesar operaciones por ese día”, sostuvo.

Para evitar que el consumidor se vaya molesto, Castro Lugo informó que lo que hacen es ofrecer la opción de que le dejen la ropa. “Se le lava y se le avisa cuando pueden recoger la misma”, explicó.

Tras hablar de la situación, la comerciante manifestó que “a mí, como ciudadana, me preocupa que aquí en Puerto Rico no tengamos nuestros servicios esenciales al 100%. Uno paga un servicio y lo único que uno requiere es que le den el mismo”.

“Escuchamos las mismas quejas”

Por su parte, Francisco Méndez, dueño de Dr. Shine Surgical Detailing, en Rivera Valley, Canóvanas, así como en el área de Caparra, en Guaynabo, ya tiene delineado su plan si lo incluyen en el plan de racionamiento. No obstante, aceptó que tendrá que aumentar el precio por el lavado del auto.

Como ya la sequía afecta a la zona de Canóvanas, han tomado medidas para restringir el uso de agua. Pero, dijo que, si le imponen la restricción del uso del agua, comenzarían con la técnica de lavado en seco, en la que se utiliza menos de un cubo de agua para realizar la limpieza exterior del auto, o a la de limpieza a vapor. El problema es que estas técnicas requieren químicos especiales y una mayor cantidad de tiempo dedicado a un solo auto.

“Es un poco más costoso”, aceptó el comerciante.

Aceptó que, por un lavado sencillo de auto, que esté entre $45 a $55, tendrían que “subirlo de $30 a $40 más”.

Suba o no los precios, Méndez señaló que todo el problema de restricción de agua y la sequía afectan a su negocio.

“La realidad es que el cliente deja de ir por miedo. El hecho de que haya problemas en el agua, actualmente, afecta el negocio”, reiteró.

El comerciante se expresó, de paso, resignado por todos los percances que tienen que atravesar.

No importa el gobierno que haya pasado, este problema de agua no lo han resuelto y no lo resuelven porque no hay mantenimiento. Nos entrevistas, nos quejamos. Escuchamos las mismas quejas cuatrienio por cuatrienio… Es que no tiene sentido. No sé si es falta de voluntad. No entiendo por qué otros países tienen logros y nosotros tenemos fracasos. No ha habido un ‘win’, todo es fracaso… ¿A dónde vamos a parar? Terminamos yéndonos a Estados Unidos”, dijo resentido.

“Todo aumenta el costo”

A diferencia del negocio de Méndez, en el que lavan el auto a mano, en los “car wash” de la empresa Autocare, que son Charlie Boy y HiTech Auto Care, los autos son introducidos a una máquina que hace el trabajo. Esto permite recuperar y reciclar el 75% del agua que se utiliza para continuar el ciclo de lavado de autos.

Pese a que tienen cisternas para operar y esta economía del agua, con todos los problemas registrados en las pasadas semanas, se ha quedado corto de este preciado líquido. Pero, para el presidente de Autocare, Enrique Irizarry Armendariz, cesar operaciones no es una opción.

Señaló que en los pasados meses comenzaron a pagar para que les rellenaran las cisternas. Dijo que el costo fluctuaba entre $700 a $1,000 por camión.

Lo que hizo el comerciante es que, como una de sus instalaciones tiene un pozo autorizado por el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) para la extracción de agua, pues compró un camión cisterna por $79,000 para comenzar a suplir a las otras instalaciones afectadas por la falta de agua.

“Todo esto aumenta el costo de nosotros poder operar. Aquí era hacer una inversión de $79,000 o si no seguir comprando agua casi a diario. Es como el problema eléctrico, es gigante. Tenemos que tener generadores en cada una de las tiendas. El costo del diésel está igualmente de caro. Los costos operativos suben dramáticamente. Puede haber comerciantes a los que no les sea factible operar en estas circunstancias. En nuestro negocio estamos tratando de mitigar”, afirmó Irizarry Armendariz, al emplazar al gobierno a tomar acción para estar mejor preparados para los tiempos de sequía.

Los establecimientos de comida también ven escollos.
Los establecimientos de comida también ven escollos. (Xavier Garcia)

“Tengo empleados que viven del día a día”

Otro sector que no puede trabajar sin agua son los restaurantes.

Víctor José Oyola, conocido como Cheo Cidra y propietario de Cidra’s Restaurant, explicó que, si empieza el racionamiento en la zona a causa de la sequía que atraviesa el lago del mencionado municipio, su opción se limita a comprar galones de agua destilada para cocinar. Contó que le sale a un promedio de $1 el galón.

Cuentan con una cisterna de 250 galones, que “lo más que dura es un día”. Su uso se concentra en bajar los baños. Pero, cerrar operaciones o pagar para que le llenen la cisterna de agua no es una opción.

Esto es un restaurante que se cocina todos los días. Yo no puedo cerrar. Yo tengo empleados que viven del día a día”, comentó sobre el primer percance.

Añadió que pagar para que le llenen la cisterna es “demasiado caro”.

“Me resolveré. Será traer de la casa, por lo menos para cocinar y mantener la clientela. ¿Cómo vas a pagar si no vendes?”, expuso.

Esperamos en Dios y la Virgen que caiga un par de aguaceros. Nosotros no podemos sobrevivir así”, concluyó el comerciante, que se quejó por la falta de acción del gobierno para resolver antiguos problemas, como lo es la falta de agua en épocas de sequía.