Cuando José Rodríguez Canals entró el pasado martes a una gasolinera vestido de enfermero, pues se dirigía a realizar su turno de trabajo en el Hospital de Trauma del Centro Médico de Río Piedras, no le costó otro remedio que echarse a reír al percatarse de la reacción que provocó en momentos en que se vive una emergencia en el país a causa del coronavirus.

Una clienta que se encontraba pagando en la caja salió despavorida. “Lo que le faltó fue que se trepara en la góndola”, relató.

“Cuando cogí la bomba, ella me miraba… Le pasó a una compañera en el supermercado. Es cómico. La gente tiene que entender que tomamos nuestras precauciones. Pero, el que nos ve, nos huye. Todavía hay mucha gente desinformada. Me pasó y me impactó. Yo decía: ‘Wow’. En un día que están hablando de un saludo a la clase profesional y esta señora me ve y se espanta. A mí me dio curiosidad, me eché a reír. Lamentablemente, esto va a seguir pasando si la gente no se orienta. Yo sé que es desconocimiento y preocupación, pero entiendan que los profesionales de la salud somos la línea de guerra. Si no lo hacemos nosotros, ¿quién lo va a hacer?”

En el caso de Rodríguez Canals, quien lleva 27 años laborando como enfermero en el Hospital de Trauma, las exposiciones a enfermedades contagiosas, como el COVID-19, son la orden del día. Es que a la institución médica llegan personas baleadas o que han sufrido accidentes graves. En la gran mayoría de las ocasiones, no les pueden preguntar qué condiciones padecen o si creen tener sospechas de estar contagiados con la novel enfermedad. Solo se dedican a salvarle la vida. Es por ello que, para el grupo que trabaja en trauma, es básico utilizar en todo momento el equipo de protección, que incluye batas, guantes, mascarilla y cobertura plástica para la cara.

Hasta el momento, al hospital ha llegado una emergencia que presentó síntomas asociados al COVID-19, como lo son fiebre, tos y dificultad respiratorio. “Pero, gracias a Dios, salió negativo”, expresó.

“Siempre hay la duda y la preocupación. Nosotros sabemos que nos tenemos que proteger, pero sigue la duda de cómo se contagia uno y cómo nos debemos proteger. Tomamos las precauciones, pero no todo el mundo está con sintomatología. Los casos loS manejamos pidiéndole a papito Dios que no salga con la sintomatología”, reveló Rodríguez Canals, quien es líder de la Unión General de Trabajadores (UGT).

En su trabajo, son muchas cosas las que han cambiado desde que surgió la pandemia del coronavirus. Para entrar al hospital, les toman la temperatura para identificar si alguno tiene fiebre. Comentó que, hasta el momento, a ningún personal del Hospital de Trauma los han tenido que enviar a la sala de emergencias del Centro Médico a una revisión mayor.

Mientras, ya nadie se reúne con otros compañeros a las 3:00 p.m. en la plazoleta central del Centro Médico a tomarse un café.

“Todo el mundo va a su trabajo y después a su casa. La gente trata de estar lo menos posible allí”, sostuvo, al comentar que la interacción entre el personal ahora es mínima.

Rodríguez Canals reveló que otro cambio que han experimentado es que los casos de trauma han mermado desde hace semana y media cuando la gobernadora Wanda Vázquez impuso un toque de queda. Dijo que, por lo común, recibían entre cuatro a cinco casos por turno. Ahora, tienen turnos sin recibir una sola emergencia.

Esta disminución en la carga de trabajo, sin embargo, lo que provoca es que los enfermeros se agobien más con la situación que enfrentan del coronavirus.

“Sigue saliendo mucha información por las redes sociales, la gente sigue leyendo y se carga emocionalmente y eso lo llevan al trabajo. Aunque sea una jornada tranquila, ese espacio lo está llenando la preocupación. Se meten en las redes sociales y se están cargando con eso. No ha sido fácil”, manifestó.

La peor parte, según relató el secretario de Salud y Seguridad de la UGT, es el cambio que han comenzado a experimentar en los hospitales ante la escasez de equipos de protección.

“De mi vida laboral lo más drástico ha sido el total control del equipo de protección personal, de las mascarillas. Ha habido un total control administrativo del equipo de protección. Han sido un poco más agresivo en lo que es la parte de educar, pero el equipo es lo que estamos batallando a nivel mundial por la escasez”, sostuvo.

Según Rodríguez Canals, se supone que por cada paciente que atiendan se cambien la mascarilla quirúrugica. Señaló que tienen que mantenerse con la misma por varias horas.

“Eso ha sido la gran problemática, la restricción de equipo de protección. Es lo que más hemos estado denunciando… Ha sido duro, porque todos los días, a toda hora, esa es la llamada del día: ‘No me dan mascarilla’, ‘tengo que esperar que el supervisor me la entregue’. Lo que dan son una o dos mascarillas por turno”, reveló sobre la preocupación que tienen los enfermeros cobijados bajo la UGT.

En lo personal, el cambio más drástico que ha tenido que tomar es en torno al cuidado de sus suegros, que son mayores. Y es que sus familiares también laboran en el Centro Médico, todos expuestos al COVID-19, y no hay quién se encargue ahora de los envejecientes.

Relató que ahora la comunicación se ha limitado a videollamadas y que acude a llevarles la compra en periodos en que sabe que los ancianos están durmiendo y no lo verán.

“Abro el portón y les dejo la compra sobre una mesa y me voy rápido”, explicó sobre la operación que realiza para evitar el contacto.

“Es duro, pero no queremos exponerlos a ellos”, agregó.

Como ciudadano, a Rodríguez Canals le preocupa que ahora las personas andan con guantes y los dejan tirados en donde quiera. Dijo que, en vez de protegerse, lo que se ve es una mayor contaminación.

El enfermero también pidió a las personas ser conscientes y batallar este virus con el distanciamiento social.

“Que no nos vean como unos enemigos, que estamos para servirles, que estamos por vocación y cooperen con nosotros en esta Isla. Que tengan conciencia. Si no es así, no vamos a poder tener control de esto, que es lo que nos preocupa”, concluyó.